jueves, 14 de enero de 2010

Las diez cosas que me inquietan hoy (mañana, quien sabe)


1- Que la publicidad basada en un careto sonriente influya en el resultado de las elecciones. El día que sea dictador y amo supremo del mundo, lo prohibiré.
Claro que entonces no habrá elecciones, pero bueno.

2- Los yogures de tres cuartos de litro del DIA. ¿Es normal que a mi me parezcan del tamaño adecuado?

3- Que haya vuelto de navidades con un kilo y medio menos. Estáis cansados de oirlo, pero yo sigo preguntándome qué parte de mi cuerpo consume tanta energía.
Aaaaaah.
No he dicho nada.

4- Que la gente siga llamando propaganda a la publicidad. Sí, lo sé. Tú tampoco sabes la diferencia. Te odio.

5- Que sea capaz de entablar conversación con cualquier desconocida, salvo que me guste. ¿Qué gen controla esto? ¿Como demonios ha sobrevivido, evolutivamente hablando? Prueba número 3625 de que en realidad soy una mutación, o directamente, ni siquiera soy humano.

6- Que me haya fundido casi 25 años de mi vida y no sea rico, famoso, me acosen las mujeres, ni haya llegado a presidente del gobierno.
Mamá, como vidente no tienes precio.

7- Que ya hayan hecho chopped cuadrado.
Total, todos sabemos que muy natural no era ¿A qué tantas apariencias?

8- Que el otro día se me soltasen los cascos del móvil-mp3, y todo el vagón se enterase de que iba escuchando "No hay marcha en Nueva York", de Mecano, incluida la chica guapisima que estaba enfrente mío. ¡Bien!¡La canción de los machotes!
Que ahora lo sepan todos los que leen esto. No hay quien me entienda.

9- Al hilo de lo anterior, que además de los niñatos, ahora también haya señoras sudamericanas de 40 años que van escuchándo música con el móvil sin usar cascos. Que alguien me hable de usted y luego cometa semejante falta de educación me deja sin habla.
Y a ella casi la deja sin móvil, pero para mi desgracia y su fortuna, soy un ser civilizado.

10- Que lleve toda la semana preparando un post sobre bidés y papel higiénico, y al final haya salido esto en diez minutos y me guste más. Quien sabe, puede que en un par de días, si Lirinem me da lo suficiente la paliza y no llega el Tekken 6...

Cómo me gusta hacer listitas, ¿eh? ¡Voy a escribir, a ver si lo acabo!

Agur!

jueves, 7 de enero de 2010

La vida es una tómbola

Con esto de que ha caído el gordo en Madrid, mucha gente me ha preguntado si me he vuelto asquerosamente rico. Una por una, me ha tocado ir contestando lo mismo, que es que estoy en contra de la lotería, por estadística y principios. La cosa es que todo el mundo me mira como si fuese un ser extraño e inadaptado socialmente y, aunque lo soy, no considero que mi postura contra la lotería sea algo que debiera asombrar a nadie. Y no, no os voy a soltar el rollo de las probabilidades y la estadística. Porque he comprobado que, aunque la gente no tenga los datos exactos, es bastante consciente de que que toque la lotería es igual de probable que el que yo me beneficie a Natalie Portman*. Para los legos, una probabilidad entre 15 millones. ¿Y por qué jugáis, pensaba yo?

Y es que claro, me tenía despistado. Una mente analítica como la mía había reducido el proceso de lotería a gastarse una pasta en papelitos, comprobar que valen menos que una promesa electoral, y lamentarse en la mala suerte de no haber acertado una combinación entre quince millones. Pero resulta que no, que a la lotería no se juega para ganar: es un acto social en toda regla, a la misma altura de un catering de Ferrero Roché en casa de la Preysler.
Que por cierto, ¿qué ha sido de esta señora?

Total, que todo se basa en la compra de las participaciones. Hay que comprar una a absolutamente cada conocido que tenga acceso a un punto de venta. No vale con las típicas del bar en el que nos tomamos el pincho de tortilla, las de la empresa y las del club de salsa. No. Hay una máxima en este mundillo y es esta: si alguien a quien conoces se ha comprado un boleto de lotería, tú tienes que comprar otro en el mismo sitio. Además, hay que comprar uno en el último garito donde tocó, otro en las administraciones famosas, y otro con todas las combinaciones de los cumpleaños de la gente que te importa. Ya sería rabia que me compre un boleto con el cumple de mi madre, y resulta que el gordo caiga en 751229 en vez de en 291275.
Y sí, qué pasa. Mi madre está hecha una chavala.

El caso es que la verdadera razón, he comprendido por fin, es esa. El por si acaso. Porque en realidad, no estamos dispuestos a apostar por una posibilidad entre quince millones de que nos toque el gordo, eso sería de imbéciles ignorantes. Pero amigo, apostar por la posibilidad de que le toque al vecino es otro cantar. Y es que lo peor que te puede pasar en este mundo, sin contar que una cántabra te dé su teléfono y luego no te conteste los mensajes, es que le toque la lotería a un conocido y a ti no.
Primero, tendrías que aguantar al/los idiotas de turno (cualquier persona a la que le toque se considera, como mínimo, idiota, alcanzando el hijoputismo en un alto porcentaje). Segundo, tendrías que aguantar a toda la humanidad preguntándote, en cuanto se enteren del magno evento, por qué no compraste un décimo. Y por fin, tercero, tendrías que salir por la tele como el único retard de la oficina/familia/gimnasio que no compró lotería y no se ha hecho muchimillonario. Toda España mirándote y pensando: hay que ser gilipollas. Lo cual, hablando de España y su media general de gilipollismo, es mucho insultar.

Total, que de verdad que ahora no os entiendo. Por eso, este año me he alegrado el doble por no comprar lotería. Primero, porque me he ahorrado los seiscientos (¡¡¡SEISCIENTOS!!!) euros de media que se gasta cada español al año. Y segundo, porque puedo respirar tranquilo al pensar que toda la gente con la que me trato y aprecio ha tenido peor suerte que un hijoputa al que no conozco.

Supongo.

¡Hasta la próxima!



* Sé que soy cansino, pero he llegado a la conclusión de que si tengo suficientes menciones, este blog aparecerá tarde o temprano como primer resultado en Google al buscar “Natalie Portman” (¡otra!). De ahí a que ella llegue al blog y quede encandilada de mi agudo personalidad hay un paso.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Ultimo post del año (o no); reflexiones sobre precios y gente de color (negro).

Hola pequeñuelos.
Aprovechándome de que llega la navidad y de mi infinita sapiencia, voy a dar unos pequeños consejos al mundo en general y a vosotros, lectores incautos, en particular. Como para desbarrar sobre la falsedad de la época, el consumo desmedido, lo cínicos que somos en estas fechas y demás sesudas y nada tópicas reflexiones ya está el resto del planeta, yo voy a hablaros de compritas. Sí, ya sabéis que soy un materialista adicto al shopping cual Carrie Bradshaw cualquiera, qué le voy a hacer.

Atentos…
Primero, los precios. Vamos a ver si nos lo aprendemos de una vez todos, consiguiendo que los distribuidores dejen de tocarme mis partes y así, de rebote, pueda pasar las fiestas sin pegar fuego a ningún letrerito en el lafnac. Sé que podemos, venga, repetid conmigo: noventa y nueve céntimos de euro son, salvo que concurses en Pekín Express, un eeeeeuro. Nueve con noventa y nueve son, salvo que seas de los que se agacha a recoger un centimillo del suelo, diez leeeeeeuros. Novecientos noventa y nueve con noventa y nueve son, esto… jodó, que de nueves... sí, mil euros. Tú lo sabes, yo lo sé, el pringao que puso el letrero lo sabe, y seguro que hasta el niño que ha fabricado las zapatillas en Pakistán lo sabe. Si veis que algo vale 99.99€, por favor, acordaos de mi y no lo compréis porque cuesta UN PUTO CENTIMO* más que el artículo de al lado. Comparad, sopesad, lanzadlo por el pasillo cual bola de bolos para saber si está maduro, lo que os de la gana. Pero por dios, que ese céntimo no influya en vuestra decisión.

Por un futuro con precios para gente normal. O por mi, lo que os dé más rabia.

Segundo, los plazos absurdos. Están muy de moda, y empiezan a resultarme ligeramente molestos, donde “ligeramente molesto”es intercambiable por “mataría al listillo que se los ha sacado de la manga a golpes con su propio brazo amputado”. Porque a ver, yo entiendo que se pague una casa a plazos, o un coche a plazos. Comprendo incluso que se pague una lavadora de seis velocidades y con voz de Darth Vader que indica que se ha terminado el lavado** a plazos. Lo que me parece acojonate es que resulta que ahora un portátil ya no vale 500 euros, no. Ahora vale 20 euros al mes. Y la gente, ojiplática ante tamaña estupidez del vendedor, que te está regalando un portátil por “veinte leuros de ná”, se lo compra sin dudar. Porque total, 20 euros al mes son calderilla.



¿En serio hace falta explicarlo? Parece que sí, porque luego va la masa y pica. Que son veinte euros al mes. ¡AL MES!. Que la gente no mira ni cuantos meses va a tener que pagarlo. Deberían hacer un experimento que consistiera en venderlo por 20 euros al mes durante toda la vida. Estoy seguro de que la cantidad de gilipollas que lo compraría me sorprendería incluso a mi, que tengo una fe en la subnormalidad humana (y propia, para qué negarlo) que raya en el infinito. Y es que será la EGB, la LOGSE, la ESO o la posguerra, pero que la gente no sepa que un crédito supone, generalmente, pagar más por el mismo producto que al contado, me resulta alucinante.
Moraleja: si quieres un portátil, o un reloj chulo, o que se yo, un conjunto de máscara, látigo y esposas a juego, no seas idiota y págalo todo de una vez.
Y si te parece muy caro, es que es muy caro. ¡No lo compres! ¡Huye!
Por último, abandono la navidad para hablar… trrrrrrr… ¡de fútbol!
Aaaaaaah, chillaréis todos, arrancándoos mechones de la frente. Cómo es posible, este blog culto y actual, molón donde los haya, hablando del opio del pueblo. Pues mira, nadie os obliga a leer nada, quejicas. A los que queden, les cuento.
Resulta que el Athletic, también conocido por la capital del reino como el Atlético de Bilbao, el Bilbao, o er Birbao, va a hacer debutar a un chavalín (otro más) de 16 años. Digo chavalín por la edad, porque el tío es un pedazo de mulato que, si me pilla con mal día (suyo, que yo tenga mal día sería indiferente), me mete mis excelsos conocimientos de artes marciales a patadas por el esófago. Al parecer es central o lateral, así que encaja en la filosofía del club de “para meter gol tendrás que sufrir mi ira”. Hasta aquí, todo correcto.
Pues nada, que después de estar un año por la capi, como decía, oyendo que er Birbao es un equipo de racistas y nazis por jugar sólo con vascos, hoy bajo al café y flipo. En todos los colorines, hasta en mango, lo juro. Porque hoy he tenido que oír, transcribo literalmente, que “er Birbao” es un equipo de farsantes y mentirosos que dicen que sólo juegan con vascos y ahora van y fichan un negro de mierda***.

Hay que joderse, que duro es no ser sordo algunos días.
Por no hablar de que no existan los lanzallamas de bolsillo.

¡Feliz Navidad!



* Lo sé, hay muchos tacos en este post. Es el espíritu navideño.

** Pedazo de invento esa lavadora, por el MEV. Ni os esforcéis, acabo de volver de la oficina de patentes.
*** Nótese que me repatea la expresión "de color", y que me meto con el "de mierda", no con el "negro". Para mi un negro es un negro, un blanco es un blanco, y un rojo es un rojo. Yo sólo soy racista con los idiotas.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

De la neutralité, equalité y fraternité en la red, o Ley de Economía Sostenible (II)

Releyendo mi post del otro día, me he dado cuenta de que en mi afán por reirme un poco de todo el mundo (como suelo) no he dejado claro lo grave que me parece el tema que se está tratando estos días. Ya que esto pretende ser un blog en clave humorística, que se me da fatal hablar de cosas serias, y que no quiero que cualquiera que entre aquí salga con una opinión confundida o peor, afectada negativamente, copio por todo el morro el último post de David Bravo al respecto. David Bravo, para quienes no sepáis de quién hablo, es un abogado especializado en derecho informático y propiedad intelectual que dice las cosas claras y sabiendo de lo que habla, ya que es su campo.

Secundo todo lo que dice, punto por punto. Escribe bien y es muy ameno, así que os recomiendo encarecidamente que lo leáis con calma :)

Pero también me gustaría saber cuanto revuelo se habría armado si no se amenazase nuestra capacidad de compartir cultura con copyright. No lo puedo evitar, soy un cínico sin remedio.

Pulsa aquí para leer el post original



Justificaciones escalofriantes a la Ley de la Patada en el Router: Es que los jueces aplicaban mal el Código Penal

En el año de 2006, con la redada a páginas de enlaces, se produjo la que, según los medios de comunicación, fue la operación más importante contra la piratería en toda Europa. Poco después de las detenciones fueron muchos los que brindaron con champagne: los medios de comunicación escribían editoriales titulados “Piratas en la Red” y la por entonces Ministra de Cultura, Carmen Calvo, aparecía fotografiada junto a miembros de la policía y algunos artistas con gesto triunfal. La euforia era tan desmedida que la Federación Antipiratería condecoró a la brigada que realizó la operación y ACAM publicó una lista de “páginas desde las que se delinquía”, relegando el papel de los jueces a una cuestión de puro trámite y considerando que su labor se reducía a graduar la mayor o menor intensidad de una pena que se creía ineludible.

Nunca lo hemos contado, pero cuando Javier de la Cueva y yo acudimos al juzgado a la declaración de los imputados en el caso Sharemula, salimos de allí asombrados por la actitud de los que se sentaron en el estrado de enfrente: un abogado y dos abogadas que, literalmente, se reían de las respuestas de nuestro defendido y que se despidieron de nosotros con cara de haber presenciado un patético espectáculo de excusas desesperadas y estrafalarias. Después de aquello no volvimos a verlos porque los dos imputados en ese caso no tuvieron que regresar más al juzgado: el Juez decidió archivar directamente el asunto al considerar que la actividad denunciada no era delictiva. En el mismo sentido se pronunciaron diversos juzgados de diferentes ciudades de todo el país y, ante el fracaso de esta vía penal, se probó suerte en la civil. La última resolución en esta vía puede dar una idea del grado de frustración de la industria y del Ministerio de Cultura: el juzgado ordena reabrir dos páginas de enlaces a redes P2P condenando en costas a SGAE y, como guinda, multándola a ella misma por mala fe en su solicitud de cierre.

Para encontrarle una explicación, es en este contexto en el que debe analizarse la reforma incluida en el Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible y que pretende apartar a los jueces para que ahora sea una comisión del propio Ministerio de Cultura -aquél que aplaudió las detenciones- el que decida sobre la licitud o ilicitud de estas páginas webs.

Aunque el puzle tiene sólo dos piezas y es fácil de encajar para cualquiera que no escriba editoriales en El Munto y El País, los abogados de la industria se están encargando de aclararlo mejor. Marisa Castelo, abogada que no hace mucho dijo que si el modelo en el que se basa el fenómeno de las descargas sigue degenerando ve "a la gente asaltando los concesionarios de coches", dio hace pocos días una entrevista online en ABC donde puso las cartas sobre la mesa. Tras defender a ultranza esta reforma y, ante la pregunta de si se “ganan muchas demandas por violaciones de propiedad intelectual en internet”, la letrada contesta: “has dado en el clavo :-)” (con smiley en el original). Es decir, el quid de la cuestión de esta reforma se encuentra en que la industria no está ganando muchas demandas (de hecho, en casos de páginas de enlaces han ganado un total de cero) y de ahí la necesidad de una ley cuyo objeto no es otro que trasladar el poder de decisión de los jueces al Ministerio de Cultura. En palabras de la abogada “la necesidad de esta reforma surge sencillamente de que no se está aplicando el Código Penal de manera correcta”. O lo que es lo mismo: como los jueces no interpretan las leyes como lo hace la industria y sus representantes del Ministerio, es necesario quitarlos del medio. Tras perder varios partidos seguidos, le dicen al árbitro “mejor deme a mí el silbato, que ya me encargo yo de ésto”.

Sólo un país inmerso en la más absoluta mediocridad moral e intelectual puede no llevarse las manos a la cabeza ante la posibilidad de que un órgano administrativo decida atribuirse la potestad de calificar una conducta como ilícita sólo porque los jueces no la consideran como tal. Hoy el Gobierno ha decidido que los jueces se han equivocado con su calificación de las páginas de enlaces de modo que, en adelante, deben encargarse ellos mismos directamente. Mañana, ¿qué será? ¿Qué puerta se está abriendo con esta propuesta?

Estoy hablando de páginas de enlaces pero, en puridad, la reforma no les atañe sólo a ellos. El tenor literal del texto de la reforma es mucho más amplio y señala directamente a toda aquella página web que obtenga algún rendimiento económico, por pequeño que sea, y que pudiera estar vulnerando algún derecho de propiedad intelectual: un blog con publicidad que suba una foto sin permiso o que haga una cita que no encaja exactamente en el derecho de cita, estaría en el punto de mira.

Mientras esto sucede, algunos "opinadores" profesionales de los medios de comunicación, incapaces de darse cuenta de que ellos son uno más de los muchos afectados, caricaturizan esta protesta dibujándonos como niños llorones que queremos descargas gratis, y ello por desconocer que esta reforma ni siquiera ataca directamente a las descargas. Lo que aquí está en juego es lo suficientemente grave como para que se rechace incluso por los que están contra las descargas y con independencia del signo político de cada cual, y es que se trata de dar el visto bueno a que un gobierno pueda arrancar de las manos a los jueces determinados asuntos sólo porque las decisiones que estaban adoptando no les gustan. Y no sólo eso, si la reforma termina cristalizando en una ley real se abre además otra puerta peligrosa: permitir que un órgano administrativo cierre páginas molestas en función de lo que éste considere que es una infracción de propiedad intelectual. De poco sirve la garantía de que la ley diga que en casos en los que el cierre afecte a la libertad de expresión será un juez el que decida, y para comprender la falta de solvencia de esa garantía basta con recordar las espeluznantes palabras de la Ministra de Cultura a este respecto: "la intervención de un juez puede ser necesaria en ocasiones, pero será la Comisión [del Ministerio de Cultura] quien valore esa opción". O lo que es lo mismo, una vez iniciado el procedimiento será el propio Ministerio de Cultura quien decidirá, caso por caso, sobre su propia competencia y sobre la necesidad de que un juez intervenga o no.

viernes, 4 de diciembre de 2009

De la neutralité, equalité y fraternité en la red, o Ley de Economía Sostenible

A ver a ver, que me acabo de enterar de que si no opinas de la Ley de Economía Sostenible esa no eres un blogger como dios manda, así que aquí estoy, con dos posts en dos días, demostrando que mi ritmo de actualización es mío y me lo follo cuando quiero. He aquí mi visión del desarrollo de los acontecimientos y mi opinión personal, para que no se diga que no me mojo en los asuntos de estado.


1 - Lo que dijo el PSOE, y desencadenó la movida:

Dado que la gente no nos hace caso cuando pedimos de buen rollo que no piratee (malos, que sois malos, joder), hemos pensado hacer una ley para que unos colegas nuestros puedan cerrar páginas web que faciliten el bajarse cosas “de gratins”. Sin tener que pasar por los tribunales, por cierto, que es un rollo. Es decir, que si denuncian a alguien por maltrato, estafa o extorsión, dos o tres meses (o doce) de espera hasta el juicio es aceptable, pero que una página ponga links a películas no puede esperar. Ergo aquí estamos, más chulos que un ocho para la foto. ¡Alehop!



2 - Lo que dijo el PP al enterarse:

¿Qué? ¿Qué el PSOE anda haciendo ALGO? Eh, chicos, ¡CHICOS! Dejad de apuñalaros y de robar un momentito, que tenemos que decir que no estamos de acuerdo. Por cierto, ¿de acuerdo con qué? Um, ¿defensa de la propiedad intelectual y las grandes productoras? Emmmm… ¡Intolerable! Este PSOE siempre igual, defendiendo a los intereses económicos y olvidándose de la gente, sus necesidades y sus derechos. Malditos capitalistas…
¡Abajo el estado opresor! ¡A las barricadas!



3 - Lo que alegan los internautas, con razón:

Zapatero personalmente quiere dar a un grupo oscuro (que seguro que es la SGAE) poderes para saltarse el poder ejecutivo y cerrar páginas sin tener que rendir cuentas a nadie. Esto atenta contra los derechos de las personas, la libertad de expresión, etc. etc. Tengo la obligación moral de denunciarlo y parar este atentado contra las libertades.
¡Abajo el estado opresor! ¡A las barricadas!



4 - Lo que piensan de verdad los internautas, pero haremos como que no:

Otra vez quieren cerrarme el grifo de canciones, películas, y videojuegos por la patilla. Malditos sean, menos mal que esta ley puede ser usada para coartar la libertad de la gente, que por otra parte me importa un carajo siempre que se vulnere de otras maneras que me permitan seguir viendo Lost.
¡Abajo el estado opresor! ¡A las barricadas!


5 - Lo que además piensan los internautas, pero mejor no decir:

¡¡¡MI PORNO GRATIS!!!



6 - Lo que dijo Zapatero después de ver que su invento puede ser usado como SS cultural:

Errrrrrrrrrr, no, a ver, osea, yo lo que quería decir es que crearemos un aaaaalgo de buen rollo para que vigile esas páginas y las denuncie a un juez para que las cierre si lo considera oportuno.
¿Qué? ¿Maltratadores, pederastia, tráfico de drogas, prevaricación, estafas o sobornos, que también se atascan en los tribunales? ¿Pero por qué me sacáis eso otra vez? Seréis cabrones… Bueno, que las víctimas de esos no dan tanto el coñazo, dadme un respiro ¿no?
Hayquejoderse, que difícil es ser Presi, menudo regalo envenenado. La próxima te la quedas tú, Mariano.



7 - Lo que dicen los autores sin renombre:

Pues el que quiera que se baje lo mío de Internet, a mi lo que me importa es que me conozcan y poder llegar a vivir de mi arte sin que las distribuidoras me corrompan. Yo viviré de los conciertos, no soy avaricioso.



8 - Lo que dicen los autores de renombre:

Pero de qué habláis, si yo sigo ganando un pastizal. ¿Seguro que eso de las descargas es tan malo? Anda anda, dejad de molestarme con cosas de pobres.



9 - Lo que dicen los que se creen autores de renombre:

¡Estáis matando el arte! ¿De que voy a vivir? ¡¡¡¿¿¿Pretendéis que vuelva a tener un trabajo NORMAL con un sueldo NORMAL???!!!!



10 - Lo que dicen las distribuidoras:

Sois todos unos delincuentes. Y vais a acabar en la cárcel, o mejor, picando piedra en la mina. Cabrones sin escrúpulos, sólo os interesa ahorraros cuatro perras, y nadie piensa en nuestros beneficios, que son los que mueven la economía del país. Os vais a enterar.
¡Mari, búscame el teléfono de Zapatero!



11 - Lo que digo yo, que para eso el chiringuito es mío:

No me bajo gran cosa de Internet, y la mayoría se puede ver en la tele (pero no niego que sea poco ético). Si se me acaba el chollo, pues qué se le va a hacer. Eso sí, seguiré sin pagar por una peli mala, un disco pésimo y un juego lamentable, y volveré a guiarme por el boca a boca en vez de comprobar por mi mismo si algo merece la pena antes de comprarlo.
Además, me parece que hay cosas más urgentes en que gastar la pasta, así que en las próximas elecciones votaré en blanco para expresar mi opinión al respecto de las leyes absurdas y los políticos marioneta.


Y ahora, os toca. ¡Opinad, opinad!

jueves, 3 de diciembre de 2009

Principios

No sé si lo habéis notado, pero no hay mejor manera para garantizarme un par de semanas sin actualizar que poner la etiqueta (I) a un post. Supongo que se debe a mi habitual pánico ante las obligaciones, que consigue cosas tan bizarras como que coma verdura o tenga sábanas voluntariamente, cuando en su día consideré estas dos actividades como un castigo impuesto por los dioses (o lo que es peor, por mi madre). Total, que ahora hago un montón de cosas que nunca pensé que haría, y me ha dado por pensar en todas las cosas que juro y perjuro que nunca haré. Y es que, como digo, si de pequeño me dije a mí mismo que jamás comería brócoli sin oponer resistencia y hoy me trago mis principios con patatas y un chorrito de aceite de oliva crudo… ¿qué aberrantes actividades puedo llevar a cabo el día de mañana, movido por la lenta pero segura degradación de mis principios morales? Veamos…




Para empezar, hasta el momento me niego a comer cinco piezas de fruta al día, a sabiendas de que ello me provocará irremediablemente cáncer de colon, que acabará con mi existencia de forma dolorosa y agónica. Porque vamos a ver, no sé lo que pensaréis vosotros al respecto, pero a mi cinco piezas de fruta me parecen una barbaridad, se mire por donde se mire. Y si encima eres alérgico al 90%, como yo, apaga y vámonos. Además, ¿qué coño es una pieza de fruta? No sé a que sesudo endocrino se le ocurrió cuantificar la fruta con una unidad de medida tan vaga como esa, porque según mis rudimentarios cálculos de volumetría aplicada a la horticultura, no son lo mismo cinco uvas que cinco sandías. El tío se quedaría como dios, imagino, pero a mi me dejó muy confundido. Le faltó decir que además de eso un puñao de fibra viene de lujo para ir al baño como un reloj.

Pero bueno, discusiones semánticas al margen, tengo un problema con eso de vivir tanto. Analizando mi entorno, si yo voy a irme al otro barrio a los cincuenta por culpa de mi déficit frutícola, no me quiero imaginar la edad a la que van a espichar el 80% de la humanidad (al menos, de la humanidad que yo conozco) sabiendo las porquerías que se tragan. Y la verdad, me iba a aburrir en un mundo así de despoblado, sin nadie con quien jugar a la play en el asilo, ni con quien hacer Tai-Chi en el jardín.

Total, que sea lo que dios quiera mamá. Siempre me gustó vivir peligrosamente.



Dejando un poco aparte la gastronomía y pasando al tema del aspecto personal, llegamos al segundo punto de la lista. Y es que ejerzo mi derecho garantizado por la constitución a no depilarme, no ponerme piercings, no hacerme peinados absurdos (salvo el afro, que me viene de fábrica) y, en general, a no convertirme en una mala copia de Beckham o chulito supercool equivalente para las quinceañeras de ahora.

Vamos a ver si me explico. Si no estoy dispuesto a empapuzarme de fruta cada día para salvar mi vida, ¿qué cabriola cósmica iba a hacer que me someta a la indecente tortura de arrancar pelos de mi cuerpo por amor al arte? Sé que las chicas lo hacéis. También sé que no os resulta especialmente agradable, de verdad, que lo hacéis para estar más atractivas (que no por nosotros, ojo). De hecho, hasta asumo que podríais pensar que estáis en vuestro derecho a exigir lo mismo. Pero, a pesar de que ahora mismo hay un grupo de féminas afilando guadañas y encendiendo antorchas para hacerme pagar mis osadas afirmaciones, me reitero en mis palabras. A mí que me registren oigan, no veo por que nadie podría exigirme según qué sacrificios cuando yo no le he echado personalmente a nadie cera ardiendo por su cuerpo.

Bueno, salvo aquella vez que… ya se sabe, hay que experimentar…errrr… ¡que no pienso depilarme, vamos, dejad de hacer preguntas capciosas!

Respecto a los piercings, puedo llegar a entender un adorno en una zona cuya función tiende a cero (lóbulo, ombligo), pero andar automutilándose la ceja, como más de una vez me han propuesto, pues no. No sé si habéis caído en que por esas zonas hay terminaciones nerviosas con una función muy determinada, pero yo sí, y andar toqueteándolas podría invalidar la mirada a lo Carlos Sobera que tantos éxitos me ha dado y me debe seguir dando. No hablemos ya si la cosa gravita hacia zonas sensibles como pezones o el aparato recreativo situado debajo del ecuador, porque en ese caso es que directamente no quiero ni pensar en las consecuencias.

El Comité de Nenazas Sin Fronteras desestima la propuesta por aplastante mayoría.



Dejado este punto claro, toca pasar a las exhibiciones públicas y donación de fluidos corporales varios, tema que me fascina y horroriza a partes iguales. Me alegra decir, al hilo de esto, que por fin parece que las nuevas generaciones de hombres hemos encontrado formas más elegante de expresarnos que escupir y rascarnos las pelotas*.Yo, en un avance evolutivo sin precedentes y gracias a mi ejemplo, pretendo llevar a la raza humana un paso más allá. Y es que atentos: me niego en redondo, y en cualquier forma geométrica regular o no, a mear en la impúnemente en la calle*. Arriesgado, lo sé, pero siempre fui un rebelde sin causa.

Evidentemente, existen eximentes, como que mi salud se vea gravemente amenazada. Este caso, en el que algunos incluyen en una serie de condiciones muy laxas, para mi comprende dos únicas opciones: que mi vejiga esté a punto de estallar y sea eso o mis pantalones, o que una manada de féminas indignadas me impidan el paso a mi propio lavabo esgrimiendo objetos cortantes, contundentes y/o aplastante(bolsos y uñas). Fin.

Y es que me da igual cómo os pongáis, mear en la calle es asqueroso, y no hay vuelta de hoja. Hemos aprendido a atarnos los zapatos, a comer sin mancharnos, a dibujar sin salirnos de la línea (bueno, yo casi), e incluso a conducir. Controlar nuestros esfínteres llega antes que todo eso y no sé vosotros, pero a mi no me parece tan complicado. Si algún día salís a la calle un domingo por la mañana, supongo que podréis empezar a entender mi punto de vista, pero dado que ese momento queda lejos en el tiempo (vagos), intentaré explicarlo de la forma menos zafia posible: el olor a meados* es vomitivo.

La única ocasión en la que considero lícito evacuar en la calle es cuando el propietario de un bar te impide el acceso al lavabo de malos modos, a pesar de tu evidente mirada de desesperación. En este caso, no sólo permito sino que recomiendo dejar el regalito a la entrada del lugar, para uso y disfrute del sujeto a la mañana siguiente.

Venganza poética, lo llamo yo. Incluso procuro firmar.

*Nota adicional para mis lectores más puristas, a.k.a familia: en la calle ni se orina, ni se hace pis, ni se micciona. En la calle se mea, y el producto resultante son los meados. Así mismo, no existe expresión equivalente a “rascarse las pelotas” en el idioma de Cervantes. Sostener lo contrario es como sostener que hay gente que se va a de putas para hacer el amor.

Irse de putas se incluye en la explicación anterior.

Fin de la nota adicional.



Y ahora, cambiando radicalmente de tema y antes de llegar a mi parte favorita, quisiera tocar un punto que me resulta especialmente gracioso, y es que confieso que en esto el raro soy yo: que sepáis que, hoy por hoy, me niego en redondo a abrigarme sólo porque el resto de la gente tenga frío. Flojos. A ver si ahora voy a tener yo la culpa de que vuestros cuerpos no estén adaptados a temperaturas perfectamente soportables sin necesidad de parecer el muñeco de Michelín.¿De dónde ha salido ese afán de criticar mi costumbre de ir en camiseta hasta el 20 de Diciembre? No, no me pongo malo. No, es físicamente imposible que te dé o deje de dar frío a ti el número de prendas que yo lleve encima. Asumidlo, la física cuántica explica muchas cosas, pero no da para tanto.

Este fenómeno me está resultando especialmente grave en Madrid, por cierto, donde los medios de comunicación han implantado la creencia de que por debajo de diez grados vivimos en una ola de frío, y por encima de quince en una ola de calor. Frío es menos de cero grados, aibalaostia, que soy de Bilbao. El resto, ¡todo psicológico!



Y después de este pequeño desahogo dentro de este gran desahogo, mi parte favorita. El motivo número uno de mi desesperación por la humanidad, y ante el que me resisto como gato panza-arriba. Por mucho que lo intentéis, malditos, por mucho que lo saquéis en el periódico, me bombardeéis en las pausas del café, en las conversaciones en el metro e incluso en mi propia casa, atentos a esto. Ni de coña, ni en un millón de años, y aunque me quede una única neurona borracha y empastillada en el cerebro pidiendo la eutanasia, voy a ver Sin tetas no hay paraíso, Física o química, Los hombres de Paco, Gran Hermano, Fama ni ninguna cutrada por el estilo. Para acabar con mi vida por vías poco expeditivas prefiero meter la cabeza en una prensa hidráulica o un microondas.

De hecho, esta serie de programas, junto con alguno más que me dejo en el tintero, me resultan tan fascinantemente aterradores que es probable que un día de estos haga un comentario más extenso al respecto, pero como sé que si lo prometo no lo voy a hacer, queda en el aire. Aunque tiene pinta de herir muchas susceptibilidades y ganarme muchísimos enemigos…

Tentador.



¡Hasta la semana que viene!

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Compendio de mi vida madrileña (I)

Allá por Enero me dio por mudarme a Madrid. Mucha gente me ha preguntado por qué Madrid, antes y después del magno evento. Nunca he sabido muy bien qué contestar. En resumen, me apetecía una ciudad grande, el extranjero me resultaba un salto un poco brusco recién acabada la carrera, y Barcelona era el destino guay de moda y a mi me repatea ser guay. Desde entonces he vivido en la capi. Tiene cosas buenas, cosas malas, y cosas cojonudas. Empecemos por lo malo, que sé que os gusta regodearos en mis desgracias.

En general, como ya os imaginaréis, las labores domésticas no son precisamente una fiesta. Planchar es tan divertido como dormir en una cama de clavos y, como ya dije, es lo que más me molesta, pero hay que añadir otra serie de actividades. Fregar los platos, por poner un ejemplo, no tiene mucho problema (más que nada, porque lo hace el lavaplatos). Fregar las sartenes, en cambio, ya empieza a ser más chungo, pero se aguanta. Pero si alguien me explica cómo se hace para dejar un tupper 100% libre de cualquier ápice de grasa, por favor que venga aquí y me ilumine. Porque ahora todos estáis sonriendo y pensando que soy un gañán, y que a vosotros nunca os pasa. Pero nooooo, pequeños farsantes. Todos sabemos que, aunque friegues el tupper con estropajo de adamantium y Fairy Ultra-Mega-Master-de-la-muerte, cuando lo enjuagas y pasas el dedo eso está CASI limpio, pero no limpio del todo. De hecho, si de tanto frotar eliminas una capa de plástico, dará igual. Hay manchas que perduran en los tuppers hasta el final de los tiempos, abriéndose paso hacia el fondo a través del plástico, como el ente vivo y fantasma más tonto del mundo. Nunca alcanzaré a comprender este extraño fenómeno, pero bueno, para hablar de pelis de miedo ya tuvimos la semana pasada.

Otra cosa que me quema es cocinar, lo reconozco. Y no os confundáis, ya sabéis que me a mi encanta. Pero cocinar a las once de la noche después de nueve horas de curro, una de gimnasio y dos de entrenamiento, por ejemplo, no mola tanto. En general, diré que cocinar para uno es un asco, y que estoy por irme a Cuba y volver casado, a la más pura costumbre bilbaína. Eso sí, cuando la cubana en cuestión se entere de que no la he traído para matarla a polvos sino para que se coma mis potajes, no sé cómo se lo va a tomar. Pero bueno, ¿qué es un matrimonio sin desavenencias?
Siguiendo con las tareas caseras, limpiar la casa también es algo que reconozco me supera. No porque me disguste (onemoretime, siempre será mejor que planchar), sino porque se me olvidan partes. Como algunos ya sabéis, estoy genéticamente imposibilitado para recordar cosas que:
a) Mi vida no dependa de ellas.
b) No estén relacionadas con una estupenda.
c) No estén relacionadas con un tema extremadamente inútil o poco comprensible.
Total, que no sé cómo lo hará el resto de la gente, pero empieza a ser turbadoramente frecuente que después de pasar el suelo tenga que recuperar fregona y cubo porque me he dejado exactamente una baldosa sucia en mitad del salón. No, no sé cómo lo hago. Sí, soy un poco idiota. Pero, si lo piensas… joder, son treinta baldosas y siempre empiezo por las esquinas. ¡Veintinueve de treinta no está nada mal!
Por cierto, con esta frase acabo de destruir uno de los mitos sobre mi persona que intrigan a mis compis de piso: por qué dejo un día entero la fregona a la entrada del salón después de hacer limpieza. ¡Sorpresa!

Pero todo esto son pequeños inconvenientes, que total, me pasarían en cualquier parte siempre que viviese solo. Realmente, además de a cierta gente, hay una cosa que echo de menos horriblemente en Madrid, que se va acentuando con cada día que pasa. Y no, no es el sirimiri. Y es que la vida es muy chunga sin vehículo propio, y una vez que te has acostumbrado a él, se le echa mucho de menos.
Parece mentira, yo que soy el adalid del transporte público y la bicicleta, pero la gran capital es un poco puñetera para estas cosas. No por el primero, que a pesar de las protestas me parece bastante acertado (una vez que aprendes a convivir con el cercanías). Pero hay que reconocer que cubrir seiscientos mil kilómetros cuadrados a base de metros, trenes y autobuses es bastante complicado. Y oye, a pesar de que por las obras que se ven, Gallardón tenga pensado poner una parada de metro en cada esquina de Madrid, por ahora es sólo un proyecto.
Total, que unido al hecho de que andar en bici por aquí es igual de seguro que la caza de leones con chancleta, el transporte por la capi está chungo.: o tienes suerte y hay una línea de metro en tu destino (y no muchos transbordos de por medio) o la has jodido pero bien. Y tengo la desventaja de que la montaña no está muy bien conectada, así que me encuentro con un grave déficit de paisajes naturales que no sé cómo solucionar. Podría comprar un coche, pero para cuatro viajes que haría al mes sería absurdo, porque entre la pasta del carro en si, la gasolina, el seguro y la plaza de garaje, sospecho que me saldría mejor un taxi. Una moto me disminuiría el descalabro económico y de espacio (además de hacerme un tío molón), pero el peligro de andar en bici es extrapolable a la moto, con el handicap añadido de que, siendo de Bilbao, si me doy una leche con un coche a cierta velocidad iba a quedar hecho un asco. El coche, se entiende.
Además, el que conozca mi pelo entenderá que sea reacio a ir por ahí poniéndome y quitándome un casco.

Y hasta aquí las cosas malas, pequeñuelos. Iba a poner las buenas, pero dado que ocupan el doble y que dos post kilométricos seguidos sería abusar (sobre todo con mis recientes sequías actualizadoras) habrá que dejarlo para la siguiente semana.

¡Si es que no se me olvida, claro!

PD: puede que notéis que en este post hay muchos enlaces a posts anteriores. Yo también lo he notado. Supongo que llevo mucho tiempo hablando de muchas cosas, así que tarde o temprano me cansaré de ponerlos. Pero por ahora me hace ilusión ^^