viernes, 12 de diciembre de 2008

Los cinco polvos obligados.

Hasta que cumplí los 12 años y tuve acceso a Internet de forma más o menos libre, podría decirse que mis únicas ventanas al mundo del sexo venían a ser las pocas revistas del sector que circulaban por ahí (de mal gusto a mi entender), mi mano derecha, y mi fecunda imaginación. Cada vez que aparecía una escena subidita de tono en la tele, mi madre la censora cogía el mando y cambiaba de canal a velocidades dignas de Billy el Niño. El caso es que claro, luego empecé a ver información más que explícita por todos lados, y me pasó como cuando tienes 4 años y ves el árbol lleno de juguetes el 25 de Diciembre: que parece tan maravilloso que te crees que toda la Navidad es de verdad.

Y es que a quien quiero engañar, el sexo mola (mucho), pero el cine ha hecho mucho daño al mundo en este sentido. Tú ves nueve semanas y media, y te dices: uy si, hacerlo en unas escaleras cayendo agua de las tuberías tiene que ser la bomba. Y esperas el momento de que Kim Basinger se te cruce un día lluvioso saliendo del cole, y se te tire encima. Y luego pasa lo que pasa. Ni las cosas son como en las películas, ni por supuesto una rubia me ha echado un polvo de infarto en unas escaleras mientras nos cae agua de los canalones en el cogote, porque lo que iba a ser de infarto es el dolor de espalda, la pulmonía y la mierda que iba a llevar a casa. Si alguno tenéis dudas, por favor, pedid a alguien que os vierta una jarra de agua fría en pleno momento, y me contáis qué tal, que a lo mejor estoy confundido y hay que probarlo. Exijo tres testimonios independientes, por cierto. Y un notario en el momento del éxtasis.


En fin, a lo que iba. Este es el más extremo, pero en general el tema del polvo original y estrambótico está muy documentado y altamente recomendado. De hecho, hay una serie de lugares que han pasado de ser originales a casi de obligado cumplimiento en esta vida, como plantar un árbol y escribir un libro. Echémosles una ojeada.



El polvo en la calle.

También llamado el polvo de la gente vaga, y es que por mucho que lo disfraces de aventura rollo “Al filo de lo imposible”, hacerlo en la calle es más cutre que el juguete del HappyMeal. Por supuesto, tiene la ventaja de que no hay que buscar mucho, porque calle hay en todos lados. Al parecer a la gente le encanta por el tema de que te pillen, pero a mi que un degenerado me interrumpa en pleno momento no me hace mucha gracia. Claro, yo es que soy raro, y no se disfrutar del placer de lo prohibido. Vamos a ver, es la calle. La calle. Si se te cae comida en la calle y vas y la tiras… ¿vas a follar ahí?

Amoshombre…



El polvo del coche.

El polvo del coche es el clásico de los polvos clandestinos. Evolución natural del polvo de la calle, el polvo del coche tiene una serie de ventajas obvias para los homeless que no hace falta que enumere. El problema es que oigo decir a gente que vamos, que el coche es maravilloso, y uno se pregunta si en su vocabulario cuando la gente dice coche quiere decir cama circular de 3 metros. Un poquito de sinceridad, por favor, una cosa es que te guste el sexo seguro, y otra que al acabar tengas que sacarte del culo el cinturón de seguridad.

Que con veintisiete años sigas viviendo en casa y que el único sitio donde puedes echar un caliqueño sea en el Panda heredado de tu hermano mayor no quiere decir que un utilitario sea el summun del erotismo. Sed sinceros, y decidlo claramente, que no pasa nada. Hay crisis y la cosa está malita, nadie os lo va a echar en cara. El coche no mola.



El polvo del ascensor.

El polvo del ascensor es como el capítulo de Sorpresa Sorpresa de Ricky Martin y la chica del perro y la mermelada. Nadie sabe si existe, pero todo el mundo quiere creerlo.

Y no sé que película lo puso de moda, pero a mi el tema me fascina como al que más, lo confieso. Porque vamos a ver, ¿qué tiene un ascensor? Porque dejando aparte el rollo de que te interrumpan, ya tratado, a mí me parece como hacerlo en el cuartillo de las escobas. ¿Es por el espejo? ¿Es por las luces halógenas en plena cara? ¿Es porque con cada orgasmo se ilumina el botón correspondiente del piso? De verdad, si alguien lo ha probado, que me cuente.

Y si alguien tiene el video de “Sorpresa Sorpresa”…



El polvo de la ducha.

Si el polvo del ascensor es como el capítulo de “Sorpresa Sorpresa”, el de la ducha es como la ouija. Todo el mundo sabe que no va a funcionar como se supone que tiene que funcionar, pero aún así todo el mundo planea o ha pasado por la experiencia. Y es que a priori, todo parece muy buena idea. Que si jabón, que si agua caliente, que si tal… y claro, la gente se lanza como loca.

Vamos a ver, ¿existe una forma más segura de matarse que hacer equilibrios en la ducha? El suelo es una de las superficies más resbaladizas conocidas por el hombre, por no hablar de todos los cantos y salientes donde desnucarse. Todo esto sin mencionar el hecho de que resbalarse y morir sería la parte buena, porque no me quiero imaginar la de gente que habrá ido a urgencias con un bote de champú incrustado en el recto.

Ponte tú a explicarle al proctólogo que un resbalón tonto lo tiene cualquiera.



El polvo de la playa.

Por fin, el number one. Favorito de casi todas las mujeres románticas, y de casi todos los tíos que consideran que cuanta menos ropa lleve una chica, más posibilidades hay de que se quite lo que queda. El polvo en la playa es un clásico. En general, parece que lo de ver el mar, las estrellas, y hacerlo al ritmo de las olas triunfa.

Y yo no digo que no ¿eh? Pero… ¿soy el único que piensa que la arena aún debe pulirse mucho para funcionar como lubricante? ¿Que por la playa en verano de noche pulula gente de catadura moral más que discutible? ¿Que cuando estás en ciertos menesteres lo último que te preocupa es la marea, y sin embargo debería? Si, querida lectora romántica empedernida, como seas de las que le gusta tomarse las cosas con calma y una ola te moje el culo por sorpresa y a traición, verás como la cosa pierde encanto.


Y esto es todo, queridos lectores ávidos de sabiduría. Muchos os estaréis preguntando dónde ir ahora que os he desmontado con mi lógica infalible todos vuestros lugares favoritos de perversión. Para ayudaros un poco, os comentaré que los siguientes en mi lista son en el Dragón Khan (que la foto tiene que molar), en lo alto de un faro (para que los de los barcos vean la silueta) y en un globo.

Quejica sí, pero a mi a original no me gana ni dios.

jueves, 4 de diciembre de 2008

¿Por qué os gusta el SPAM?



Mira que uno intenta ser paciente. Mira que, dado mi historial, procuro no enemistarme con más gente de la que lo estoy ya, que no son pocos. Pero es que sois malos. Y me lo ponéis difícil. Y uno es humano, y ante ciertas cosas no puede menos que soltar un perohayquesergilipollas que me sale del alma. No os lo toméis como algo personal, de verdad. Yo entiendo que patinazos mentales los tiene cualquiera, y si os contara los míos, sería el candidato número uno a la silla eléctrica por votación popular. Y eso en un país donde no hay silla eléctrica. Pero ya digo que hay cosas con las que no puedo. De verdad. De verdad que no lo entiendo.

¿Por qué os gusta el SPAM?

Uuuuuy, que susto, pensé que se refería a mí, estaréis pensando. Ahora todo son sonrisas y asentimientos, y creéis que podéis seguir leyendo tranquilos. Yo nunca. Por estas, que yo no soy de esos.
Mentira.
Porque luego veis un correo tal que “Microsoft va a cerrar el msn a no ser que reenvíes esto a veinte desgraciados” y os entra la caquita. ¿Y si Bill Gates me quita el messenger? ¿Cómo mataré las largas noches invernales, y con quien intercambiaré fichas los domingos tras la resaca? Uy uy uy, bueno, total, ya se que es mentira, pero por si acaso…
Pues de por si acaso nada. Como muy bien dijo Verónica Forqué, ese “por si acaso” es como si no sales pero te pones un condón al irte a la cama “por si acaso”. Y me niego. No me niego a reenviarlos, eso ya es viejo. Me niego a tener contactos tan catetos (-15 de carisma por insultar, -30 de carisma por comentario friki). Da igual, atentos, que esto os va a encantar.

1º Microsoft no va a cerrar el Messenger. Aunque el número de cuentas crezca y crezca, hay varios miles de razones técnicas por las que eso no importa, pero vale con saber que que antes había disquets y ahora hay blurrais (¿se pilla?). Pues eso. El espacio no se agota así como así en el interné. Tampoco nadie tiene la mas repajolera idea de a cuanta gente mandáis un email, salvo la CIA, y a ellos no les interesa a no ser que seáis una célula islámica que planea poner una bomba al presidente*. A los que sí les importa, por cierto, es a los pobres insensatos que cuando reciben un mail cuyo asunto es URGENTE!!!!! lo abren. Y no, ese pitido que oís no es que se os haya colado un tren de juguete en el cuarto.

2º Microsoft, o cualquier otra empresa (véase imagen adjunta) tampoco va a regalar dinero a la gente por ninguna razón estrafalaria y absurda. A Bill Gates a veces le da el complejo de Robin Hood, y reparte un poco a los pobres de lo que nos ha robado a todos (que estupendo me parece oye). Pero en serio, si de verdad piensas que por cada doscientos mails que reenvíes te van a llegar a casa 20 dólares, háztelo mirar. ¿A qué casa? ¿A qué cuenta? ¿A nombre de quién? Estás muy mal, en serio…

3º Si ya sabéis (los que sabéis) que nadie te da un duro por mandar 200 mails, ¿por qué sí es posible que esto funcione para subvencionar la operación a un pobre niño afgano con extrañas mutaciones? Curiosamente, aunque más altruista, este llega menos, porque a la gente se la suda un niño afgano, pero coño, que me cierren el msn da más mal rollo.

Podría seguir, pero sé que me entendéis. También sé que cuando os llegue el próximo mail de un perro con el estómago al revés al que Rockefeller donará 1 céntimo por cada vez que reenvíes este fraude, me llegarán quince. Pero ya sabéis lo que pienso, y no podéis quejaros.
Mira que sois catetos.

* Esto lo he escrito a propósito para que la CIA siga mi blog. Que con esto de la crisis, los lectores nunca sobran.

PD: ustedes perdonen por la lamentable calidad de la imagen, pero paso de instalar el photoshop ahora mismo, y el paint pues... es lo que tiene.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Una batalla épica.

A lo largo de los tiempos ha habido grandes duelos. Desde la antigüedad, en que Hector y Aquiles se zurraban ante las puertas de Troya, a la segunda guerra mundial, cuando Vassili Zaitsev y König se pasaron tres días buscándose las cosquillas por Stalingrado, la Historia está plagada de ejemplos. Pero sin duda nunca hubo una lucha más épica como la que se dio hace unos quince años, durante mi más tierna infancia. En ese momento se enfrentaron dos titanes, y la humanidad tuvo que elegir.

¿Tú eras de GameGear, o de GameBoy?


Todos conocemos a la GameBoy, o argeimboi, como la llamaba mi abuela. Y es que la historia la escriben los vencedores. La GameBoy era un ladrillo blanco, más apta para la defensa personal que como herramienta de ocio electrónico. Tenía una pantalla amarilla que parecía recortada de un Telesketch viejo, por la que pasaron las piezas del Tetris, Mario, Megamán, pokemons… y un sinfín de personajillos más que nos alegraron la infancia a los frikichuelos que, como yo, no sabían dar una patada en condiciones a un balón. El resto del invento lo completaban dos botones bien gordos, llamados A y B en un alarde de originalidad, el start, al que todos llamábamos “pause”, y el select, que nadie usaba. Y eso era la GameBoy, ni más ni menos. Decir que era una consola portátil era ser un poco optimista, porque para sacarla de casa hacía falta tener imaginación. Había gente que se la llevaba en una mochila con todos los juegos, la lupa con luz, el maletín, y hasta pilas de recambio, que parecían sherpas iniciando una escalada al Everest. Luego estaban los minimalistas, que se la embutían en un bolsillo completamente dado de si, y que con lo que pesaba acabaron poniendo de moda lo de llevar los pantalones enseñando la raja del culo. Hasta vi una vez a un chaval que la llevaba en una macroriñonera con tres o cuatro juegos: parecía que se había comido un gato y lo estaba digiriendo, como las boas.

Por otra parte, la GameGear era la niña pija de las consolas a pilas. Para empezar, tenía una pantalla que le daba mil vueltas a su prima pobre. Era en color y retroiluminada, con lo que podías jugar con la luz apagada, detalle clave para ludar en la cama cuando los padres decidían que tocaba dormir (no como ahora, que son los nenes los que mandan a sus padres a la cama) Además, la cruceta tenía un diseño más elegante, de ocho direcciones, que evitaban unas callosidades en el dedo pulgar que los nintenderos desarrollaron intentando hacer cosas como izquierda, diagonal-izquierda-bajo, abajo, diagonal-derecha-abajo, derecha; maniobra conocida como la medialuna, o el haiuken.
Por lo demás, poco puedo decir de la GameGear, salvo que tenía sus correspondientes dos botones gordos, que en este caso se llamaban 1 y 2 (ojito a la inventiva de la época), y un start (que era “pause” también). Del select pasaron porque se dieron cuenta de que no servía para nada.

Y hasta aquí la retrospectiva. Estos dos aparatitos enfrentaron a mi generación en una lucha sin cuartel durante años, en los que la gente repudiaba familia y amigos defendiendo una filosofía de vida. ¿Pero cómo se llevó la GameBoy el gato al agua? Grandes estrategas han dado su opinión sobre esta cruenta batalla. Unos dicen que fue por los juegos, mucho más adictivos que los de GameGear (no hay más que comparar el Tetris con aquella mariconada de las gemas). Otros dicen que fue porque Mario molaba más que Sonic, aunque yo no veo como un erizo azul con pinta de motero puede caer ante un fontanero barrigón, drogata y salido. Sin embargo, yo recuerdo nuestro duelo local. Se dio en mi barrio, en una tarde lluviosa que vive en mi memoria como si fuera ayer. Teníamos unos siete años, un amigo tenía la GameBoy, y otro la GameGear.

Una de las dos debía morir.

Las consolas salieron de sus fundas. Se mascaba la tensión, y las miradas eran puro odio. Al principio, los huérfanos de ocio electrónico nos apiñamos alrededor de la superior pantalla de Sega, dejándonos seducir por sus cantos de sirena. Todo fue bien, hasta que tras un rato, vimos como el piloto rojo de las pilas de la GameGear pasaba del rojo al rojo pálido, y del rojo pálido al inexistente en apenas cinco segundos. Cinco segundos de agonía de mi amigo de Sega. Cinco segundos en que, lo admito, nos vendimos vilmente, e hicimos la promesa telepática de pedir la GameBoy por navidades.
La GameBoy aguantó hasta la noche, y hasta el día siguiente. Como los buenos soldados.

Larga vida a la GameBoy.

Y ahora, por cierto, el chupitest de Lamu. No soy muy amigo de estas cosas, pero oye, si me nominan, me nominan.
1. Hacer constar las reglas. Aquí están, tampoco es que sea el protocolo de seguridad de una central nuclear.
2. Enlazar a la persona que me lo ha enviado. Soy un crack linkando, ¿que no?
3. Enumerar seis cosas sin importancia que nos hagan felices.
4. Elegir 4 chiquitines que sigan el test. De esto paso, que mi lista de blogueros conocidos es limitada y no quiero limitarla aun más. :P

Seis pequeñas cosas sin importancia que me hacen feliz:

- Encontrar un libro que me llame poderosamente la atención, de esos que sabes que te van a gustar antes de leerlos. Los disfruto desde la primera página (y eso que suele estar en blanco).
- Que den algo que me encanta por la tele. Así puedo ejercer mi escaso derecho de mando, y obligar a mi familia a ver un programa decente, para variar (uy como me lean…).
- Que un pequeño detalle que tenga con alguien genere cantidades absurdas y desproporcionadas de felicidad. Pasa, sí, y mola. ¡Es como comprar en rebajas!
- Salir de entrenar con la sensación de que he aprendido algo. Haberle endiñado ese algo a alguien con devastadoras consecuencias, en duelo singular.
- Que después de un videojuego increíblemente largo que he exprimido a tope, el jefe final sea lo más difícil del mismo, y no una cagarruta que puedo fulminar con mi megaEspadaDeLaMuerteUltraSecreta conseguida gracias a mis largas horas de vicio.
- Un colacao, o sucedáneo.

martes, 18 de noviembre de 2008

Dog Soldiers

Tengo un top tres de las peores pelis que he visto (o me he dormido, que viene a ser lo mismo). La verdad es que me he tragado tantas pelis malas que podría hacer un top ten y aun así muchas quedarían fuera, pero hay tres que recordaré ahora y siempre como hitos en la historia del cine. Si el día que vi Memento (dos veces) flipé, y cuando salí de Matrix quería aprender kung fu -cosa que he conseguido, por cierto-, al salir de ver estas me daban ganas de hacerme asesino a sueldo, con dedicación exclusiva a directores y guionistas.

De mi top tres particular, sin duda Dog Soldiers se lleva el número uno de calle. Vi esta película alquilada del videoclub en casa de unos amigos, y ha sido la única vez que he caído frito en circunstancias similares, que yo recuerde. El engendro, como podéis imaginar, era de hombres lobo, casquería y sustos en general. Dado que han pasado unos años, puede que mi fecunda imaginación haya añadido detalles al asunto, pero he aquí un resumen de lo que recuerdo.



DOG SOLDIERS, o la peor película del mundo.


Dog Soldiers comienza en un oscuro bosque, donde unos aguerridos marines hacen juegos de guerra de esos que hacen los yankis cuando se aburren. Los marines se lo pasan pipa: cantan, bailan, asan salchichas en una fogata y echan unas risas en general. Lo malo es que tanto barullo llama la atención de los hombres lobo, que deciden gastarles una broma, ya que una cosa es ser malo y otra muy distinta no tener sentido del humor. Total, que entre todos pillan una vaca, le arrancan la piel (sentido de humor licántropo, entendedlo) se acercan sigilosamente con ella en brazos, y la lanzan en medio de la fiesta. Los marines, que son capaces de matar de cien formas distintas pero no de detectar a media docena de hombres lobo descojonándose de la risa con una vaca en brazos, no se pispan de nada hasta que el regalo les cae en medio de la jarana. Aunque rudos y aguerridos, pillados por sorpresa gritan como nenas, y no recuerdo muy bien si echan a correr ya o se abrazan unos a otros y las carreras vienen luego. Para el caso, viene a ser lo mismo.


Si pensáis que la peli decae, os equivocáis de medio a medio, queridos lectores. Después de semejante comienzo, empieza lo bueno de verdad. Confusas escenas por el bosque, tiros, sangre, vísceras, más tiros, y al fin un grupo de valientes (o los más cobardes, no sé) que llegan a una casa en medio del bosque, donde aguarda una amable señora. Qué hace una amable señora viviendo en mitad de un bosque infestado de licántropos no parece plantear ningún problema a los marines, pero ya se sabe que para entrar en el ejército sólo hacen falta dos brazos donde hacerse tatuajes. El cerebro es opcional.


Total, que Tony, Johnny y compañía llegan a la casa y tratan de cerrar la puerta, pero un hombre lobo malo anda más listo y cuela la zarpa, abriendo a Johnny en canal. El resto del pelotón, con gran esfuerzo, cierra una puerta con pinta de romperse con solo mirarla y echa… el pestillo. Sí, el pestillo. Lo que no ha podido hacer un comando de marines bien entrenados lo suple un pestillo digno de cualquier bareto de mala muerte. Los marines, que ya se ven salvados, como el Athletic después de ganar a Osasuna, deciden que con eso va que chuta y se dedican a mirar como Johnny se sujeta los intestinos. O también podrían ser las salchichas de la cena, en este momento de tensión se plantean ciertas dudas sobre como creen los yankis que funciona el cuerpo humano por dentro.


La cosa pinta mal, ya que aunque los hombres lobo campan por ahí y la casa da más pena que la de los tres cerditos, Johnny se muere y eso no puede ser porque el chaval es guapo a rabiar. Por suerte el comandante, que es un tío leído y con clase, saca el superglue y le mete las tripas “padentro” otra vez. Alehop. Sabiendo que sus hombres son unos ignorantes y están flipando, explica como el superglue fue originariamente inventado para pegar tripas y luego la gente que no tiene ni idea pues lo empezó a usar para pegar el asa de la taza del café y cosas así. Todos los días se aprende algo nuevo.

Mientras tanto, la señora de la casa saca unas sopas de sobre y unos torreznos y se dedican a cenar, que correr por el bosque es duro y más si te han dejado a medias la barbacoa.


Ya con todo calmado y la tripa llena, llega el momento de organizarse, y Tonny empieza a dar órdenes a sus hombres para que vigilen las entradas, algo así como “Marc, échale un ojo al ventanuco del vater a ver si se va a colar un Toby de esos por ahí. Y tu Johnny, ya vale de quejarse que eso me lo hice ayer al afeitarme el pecho, vigila el ventanal del comedor que vaya usté a saber. Y rápido, redios, que me buscáis la ruina. Panda inútiles”. La pena es que los hombres lobo, que no son tontos, andan pegando la oreja y caen en que es verdad, que el ventanal del comedor parece la pasarela Cibeles, así que entran en tromba provocando nuevos e hilarantes momentos con casquería y balas a tutiplén.

Por desgracia, aquí un servidor se durmió.


Al final recuerdo vagamente como la señora de la casa se descubre como la mujer-loba jefa (explicando así el hecho de que viviera ahí sola, lo que cuadra el guión y deja a los marines como idiotas). También les ha envenenado la sopita, pero el caso es que a pesar de sus evidentes dificultades para mantenerse consciente, Tonny toma las riendas del asunto, abre la llave del gas y lía una verbena de padre y muy señor mío. O algo por el estilo. El caso es que todos y cada uno de las decenas de hombres lobo estaban en el salón y mueren (era el último capítulo de “Sin tetas no hay paraíso”, y hay cosas que ni los monstruos perdonan), mientras que Tonny y sus hombres salen de la casa jodidos pero contentos, jurando que la próxima vez que les manden de juegos de guerra se van a quejar al general. Los últimos segundos la cámara se va difuminando mientras Johnny, ya recuperado, masculla: “Vaya pinta que llevamos mi sargento, todos sucios y con los uniformes hechos unos zorros. Asquito de maniobras”.



Otro día, el número dos: “Devuélveme mi suerte”.


Edito: rememorando viejos momentos, descubro en Internet que los soldados eran británicos y los bosques escoceses. Para el caso, patata.


PD: Lamu, no te olvido, pero tenía la entrada preparada. En breve, las preguntitas dichosas, aipromiss.

martes, 11 de noviembre de 2008

La chica del asiento de atrás

Con todos vosotros, y para borrar la fama que he cogido como inculto musical, mi primera aportación a este fantástico mundo. Como poeta y compositor deberían flagelarme, pero a ciertos sentimientos no se les puede poner barreras, así que no seáis muy duros que es mi primer intento (y esperemos que último)
Con todos ustedes, compuesta en un laaargo viaje de cinco horas en autobús…
Un, dos, un dos tres…

La chica del asiento de detrás


La chica apuntaba maneras, desde el andén
su novio la escuchaba, no se muy bien por qué
yo ya me imaginaba la que me había caído
cuando aquella petarda se sentó detrás mío.

Antes de salir el bus, ya tenía en la mano
Un móvil con luces, y carga de repuesto
Juro ante dios, que no habíamos arrancado
Y yo ya intentaba colgarme del asiento.

Mira que lo he intentado,
Mira que he cavilado,
Pero tras dos horas de viaje,
Por más que lo calculo
No sé cómo meterle el móvil por el culo.
No sé cómo meterle el móvil por el culo…

Al fin os quedasteis
Sin nada que decir
No se cómo expresarlo
Nunca he sido tan feliz.
Qué es eso que escondes
Ah, sólo es un reproductor
¿Pero cómo lo oigo desde aquí
Y por qué suena a reguetón?

Mira que lo he intentado,
Mira que he cavilado,
Pero tras tres horas de viaje,
No encuentro la manera
De ponerte el ipod por enema.
De ponerte el ipod por enema…

jueves, 30 de octubre de 2008

A vueltas con las series (inciso)


Antes de continuar con el capitulo dos de mi aclamado análisis de las series de actualidad, me gustaría recordar una en concreto, que nos marcó a todos, pero sin embargo olvidada y denostada en la actualidad. Lo tenía todo. Drama, acción, romance, grandes efectos especiales… sí amigos, habéis acertado. Se tratabe de los inigualables...


MIGHTY MORPHING POWER RANGERS

Los Power Rangers marcaron época. Aunque tuvieron dignos predecesores (Bioman), y algunas copias posteriores (VR-Troopers) todo el mundo sabe que si no son los Power Rangers, no son los auténticos. Para los que no se acuerden de ellos, eran una serie de adolescentes treintañeros en pijamas de colores que salvaban el mundo. Los pijamas eran la leche, porque aparte de dar superpoderes, como el de ser súper-ridículos, cabían en un reloj de última tecnología del tamaño de un Casio de los años ochenta. Además, cada Power Ranger gastaba un color y un animal prehistórico que evidenciaba su rango en el equipo. Esto de los colores era muy estricto, porque aunque evidentemente nadie podía saber jamás su verdadera identidad, la ropa de calle debía cuadrar perfectamente con estos colores so pena de muerte. Hasta siendo un niño inocente no podías dejar de preguntarte cómo era posible que nadie atara cabos al ver a cinco maromos con ropas monocromáticas y relojes del tamaño de naranjas.
Sin entrar en engendros posteriores, los Power Ranger originales son el rojo, azul, amarillo, rosa y negro, más el fichaje del verde en el mercado de invierno. Analicemos a estos simpáticos personajillos, y sus andanzas.

El Power Ranger Rojo: era el puto amo, el jefe del equipo y el más guapo. Tenía una espada, único arma que parecía medianamente útil en una pelea, y su animal era el tiranosaurio, el dinosaurio molón por excelencia. Su misión principal en la serie era marcar posturitas, soltar las frases lapidarias al monstruo, y poner sonrisas profident al final del capítulo. También, por exigencias del guión, tenía que llevar siempre camisetas sin mangas (rojas) marcando brazo, y un pelo maloso-repeinado a juego.
Si de niño jugabas a los Power Ranger con los amiguetes, querías ser el rojo y punto, todo lo demás era una humillación.

El Power Ranger Rosa: era la contrapartida femenina del rojo, sólo que más inútil y con propensión a ser raptada y/o acorralada. Aun así, no se le echaba del grupo porque estaba buena y era la novia del jefe, aunque esto último puede que sea invención mía.
Su animal era el pterodáctilo, y su arma el arco. Esto era un poco raro, ya que todos llevaban pistola, pero al final se le perdonaba todo por las minifaldas, ya que por aquel entonces no existían las jamonas con escotes descomunales que presentan hoy los dibujos, y esto era lo mejor que había después de Xuxa.
Por cierto, es la única de la que me acuerdo el nombre: Kimberly. ¿Por qué será?

El Power Ranger Azul: era el empollón, y ponía el toque intelectual al equipo. Si no recuerdo mal era el mecánico, ya que por aquel entonces aun no hacía falta un informático para estas cosas. Como en las series chungas de aquel entonces ser inteligente iba ligado a ser cobarde y no comerse un rosco, también era el pringadete oficial. Pero bueno, el resto le querían porque era gracioso, hacía bien de cebo (cuando el rosa andaba ocupado) y le permitía al rojo parecer más macho por comparación. Luego daba igual, porque cuando se transformaba estaba híper mazado, como todos, y pegaba unas ostias como panes.
Su animal era el triceratops, y manejaba un tridente, arma ridícula donde las haya.
Curiosamente, en el videojuego de GameBoy era el mejor, más que nada porque un tridente es muy largo, lo que viene bien a la hora de repartir estopa.

El Power Ranger Amarillo: como se llevaba mucho la integración racial y tal y cual pascual, el amarillo era, adivinad… sí, una china. Tenía siempre cara de cabreada y de marimacho para no quitarle protagonismo al rosa, pero como contrapartida zurraba de lo lindo, para que no se dijera que las chicas no son guerreras. La verdad es que no recuerdo gran cosa de esta pobre mujer, porque con las tres personalidades anteriores se cumplía el cupo de personajes complejos y profundos.
Su arma eran dos cuchillos y promesas de dolor infinito con cara de vinagre, mientras que su animal era el tigre dientes de sable. Esto último arregló mucho el personaje, ya que ser una china vinagre no mola, pero un tigre dientes de sable ya es otra cosa. El segundo animal más molón de la serie.

El Power Ranger Negro: continuando con la integración racial… el Power Ranger Negro era… negro (por aquel entonces los negros eran negros, también en la tele, y no pasaba nada). Si de la china me acuerdo poco, del negro guardo vagas nociones al respecto. Puede que lo que más me haya quedado grabado fueran los ingentes esfuerzos de vestuario para vestirlo con ropas negras y aún así alegres, ya que por aquel entonces los negros de la tele eran simpáticos y dicharacheros. De hecho, en la foto se puede apreciar muy bien a qué me refiero.
Su animal era el mamut, y su arma el hacha. Por aquel entonces no lo entendía, porque el mamut no le pegaba mucho (no era un negro estilo M.A.) pero con la sabiduría que me dan los años, seguramente le caía como un guante. Al fin y al cabo ya se sabe que los negros y los mamuts tienen… troooompa.

El Power Ranger Verde/Blanco: este ya se incorporó más tarde, e iba más a su rollo. Le jodió el chiringuito al rojo, ya que pasó a ser el nuevo tío bueno con camisas que dejaban más músculo al aire, una mascota más guapa (dragón) y una melena de malote que encandilaba a las nenas.
Empezó como Power Ranger Verde, y su función era parecida a la de Ikki en Caballeros del Zodiaco (de la que hablaré otro día). Para los que no sepan de qué hablo, este tío se dedicaba a sus asuntos, y cuando la cosa se ponía fea les echaba una mano a los titulares. Era infinitamente más fuerte, sobre todo cuando le pasó algo raro (creo recordar que se medio moría, o se caía en una piscina de lejía, pero no me hagáis mucho caso) y se transformó en el Blanco, como Gandalf.
El Power Ranger Verde fue la causa de la caída del Rojo primero en las películas de porno gay, y luego en el asesinato puro y duro. Si no me creéis, bucead un poco por la red.

Y ya está, este era el elenco de los buenos. Los malos cambiaban, aunque había una bruja en la Luna que tenía el trabajo de suministrarlos cada capítulo. Y hablando de los capítulos, estos eran un ejemplo de innovación y giros de guión inesperados, pero como toda obra maestra, al final seguían un pequeño patrón que me gustaría compartir con vosotros. Disculpad las lagunas, ya que mis recuerdos son difusos y dolorosos.

Primero, en un bar donde los Power Rangers degustaban batidos sin alcohol (cada uno de su color respectivo) aparecían dos retrasados mentales creyéndose malos y guays. Existían simplemente para ponerse en peligro y ocasinalmente vislumbrar la verdadera identidad de los Power Rangers, aunque como tenían el hándicap de que sus padres eran hermanos nunca suponían una amenaza seria. Mientras ellos hacían el panoli distrayendo a nuestros héroes, una flamenca resentida con el mundo maquinaba desde la Luna. Aquí la memoria me falla, porque no se si mandaba un monstruo y este creaba a los masillas, o mandaba a los masillas y luego al monstruo. El caso es que llegaban los masillas.
Los masillas eran, sin duda, el personaje entrañable y sacrificado de la serie. Venían siempre en grupos, y hacían unos ruidos muy graciosos, como de sapo haciendo gárgaras con Listerine. Su misión era, colmo de la originalidad, acabar con los Power Rangers, y como eran muy inútiles solían intentarlo acorralando a uno a la salida de aparcamiento. Esto nunca servía para nada, pero ponía sobre aviso al resto, que se ponían a buscar el origen del marrón, que no era el otro que el bicho gordo del capítulo. Para ello, utilizaban la inestimable ayuda de Zordon, una versión sólo cabeza de Mr. Propper encerrada en una mampara de ducha, y su amigo el robot-paellera cuyo nombre no recuerdo. No sé qué hacían exactamente, pero cuando los Power Rangers abandonaban el cuartel general empezaban lo bueno: los protas encontraban al bicho, y llegaba la hora de las tortas.

Round 1: tras la posturita de rigor para la foto en grupo, el monstruo apalizaba a los protagonistas sin piedad, con los masillas de consortes para molestar. Los Power Rangers las pasaban canutas, pero poco a poco iban eliminando la morralla hasta que sólo quedaba el boss. Aquí, tras intentos más o menos infructuosos, combinaban las pistolas de alguna manera extraña y zumbaban al malo un rayo cósmico al grito de “Zas! En toda la boca” que lo dejaba en el suelo hecho mierda.

Round 2: Rita, la Pantoja lunera, montaba en cólera al ver que su bicho había sido humillado con unas pistolas de plástico del Mercadona, y tiraba su bastón. Desde la Luna a la Tierra, sí, era de Bilbao. Al aterrizar, el bastón no sólo resucitaba al malo, sino que lo hacía crecer hasta que se hacía como un edificio de 30 pisos, y le inyectaba una ración extra de mala leche.
Los Power Rangers, que ya se estaban yendo dándose palmaditas en la espalda, empezaban a currarse con el y eran apalizados y pisoteados sin piedad, empezando por el azul y acabando por el rojo. Fin del Round 2.

Round 3: recordando súbitamente que cada semana les pasa lo mismo, el Power Ranger Chachi (Rojo) daba la orden de llamar los Zords, que eran unos bichos mecánicos escondidos por los confines del mundo. Si la memoria no me falla, el tiranosaurio salía de la selva, el pterodáctilo de un volcán, el tigre dientes de sable de un desierto, el mamut del polo, y el triceratops… pues de una llanura o algo así, ni idea. El caso es que llegaban todos en un titá y se arrejuntaban para crear el Megazord.
El Megazord, una burda copia de Mazinger Z, recibía las dos galletas de rigor, pero luego pillaba la espada de Conan versión (muy) extendida y le zumbaba al bicho un guarrazo en mitad del pecho que lo dejaba listo para criar malvas.

Y así era más o menos un capítulo de esta entrañable serie de nuestra niñez. Había variaciones, como la vertiente hardcore de los combates, donde el Power Ranger Verde se pasaba a echar una mano, o sacaba su Megazord particular (tenía uno para el sólo, un dragón) y repartía estopa a mansalva. También, a veces un capi estaba especialmente pensado, y raptaban a alguien, o entraban en el garito de Zordon… pero en general, el 99% seguía esta estructura que le dio a esta obra maestra el éxito que se merecía.

Por desgracia, aun siendo un tierno infante, había detalles de esta serie que acabaron por hacerle perder su magia en pro de otras mucho más realistas (viva Dragon Ball y Caballeros del Zodiaco). He aquí la lista de cosas que de verdad nunca entendí de Power Rangers:

• ¿Por qué, como ya he comentado, tenían que vestir siempre del mismo color? ¿Qué opinaban sus madres de esto?
• ¿Por qué Rita no mandaba al monstruo a tamaño edificio? ¿Cuándo bajaba a por el bastón? ¿Por qué no le zumbaban entonces?
• ¿Por qué, con el paso de los capítulos, los masillas ganaron fuerza pero también un botón de autodestrucción en el pecho? ¿Qué tipo de evolución es esa?
• ¿Por qué los robots de animales no le zurraban al malo aprovechando que eran cinco contra uno, en vez de juntarse para sacar un robot más gordo? ¿Por qué el malo no les daba candela en el proceso de ensamblaje? ¿Cómo se metían los Power Rangers en esos pedazo de armatostes?
• ¿Quién pagaba los edificios que se cargaba el Megazord? ¿Qué tipo de seguro hace falta contratar para cubrir daños por peleas entre robots y extraterrestres?
• ¿Por qué un espadazo en esa serie sacaba chispas? ¿Por qué cuando le di una cuchillada a mi amiguito en el patio del cole no pasó lo mismo? ¿Por qué estoy encerrado aquí desde entonces y me ponen unas camisas tán incómodas?


En fin pequeñines, el próximo día, más y mejor. ¡¡¡Sed felices!!!

domingo, 19 de octubre de 2008

Soy un inculto musical

Hola, me llamo Carlos y soy un inculto musical.

(Decid: hola, Carlos).

Creo que ser inculto musical es un estigma social hoy en día a la misma altura que ser un violador, o pederasta, o las dos cosas juntas, no lo tengo muy claro. En una sociedad donde si no eres capaz de soltar parrafadas enteras de sesudos grupos alternativos no eres nadie, a mi me cuesta decir tres grupos cualquiera sin tener que pensar mucho. Menos mal que lo llevo con discreción, salvo por gente como Eli (/milmariposas), que de vez en cuando lo divulga. Si algún día aparezco muerto en un callejón, ya sabéis a quién tenéis que dar las gracias.
Y el caso es que a mi me gusta la música. Incluso diría que me resultaría muy desagradable un mundo sin música (pero no me suicidaría, como he llegado a oír, a mi lo que más me gusta de la vida es vivir). Mi problema, que no se limita a la música pero la afecta, es mi nula constancia y lo poco que me importa lo socialmente aceptable. Me explico.

Yo soy de los que de pequeño comía chorizo con chocolate porque estaba bueno. Nunca me importó el qué dirán, o las sabias recomendaciones del pediatra sobre los alimentos ricos en grasas. A día de hoy, sigo haciendo más o menos lo que me apetece, sin que me importe demasiado si es de gente rara. Ser normal, al menos para mi, es un coñazo. Además, mi mala cabeza y mi poca constancia hacen que me haya interesado en mayor o menor grado por todo lo interesable y que no sea ilegal. De lo más normal a lo más raro, y dejándome miles de cosas por el camino, me fascina leer, las artes marciales (y todos los deportes en general), el cine y las series, viajar, las culturas antiguas, hacer malabares, la cocina... hasta soy un pequeño experto en papiroflexia (pequeño por bajito, a ver cuanta gente conocéis que sepa hacer un globo de papel que se hincha, un dragón, o una pajarita que mueva las alas).

La música también se cuenta entre mis aficiones, y de hecho soy una de esas personas a las que algún día atropellará un camión desbocado por cruzar con los cascos puestos. Mi problema es que no me gusta nada en particular. Si coges mi reproductor, podrás encontrar cosas tan dispares como Offspring, Beach Boys, Jarabe de Palo o Jim Morrison. Pero esto son sólo nombres, y si me pilláis con mal día ni siquiera sabría deciros una canción concreta de ellos. A mi me gusta la música, canciones sueltas que en su día me fascinan y al de unas semanas puede que ni recuerde (a alguna le soy más fiel). Como estoy en el ordenador, puedo deciros algunos títulos. Hoy en día me encantan: The reason (Hoobastank), My way (Frank Sinatra), 19 días y 500 noches (Sabina), Me equivocaría otra vez (Fito), Bad day (Daniel Powter), All I want for Christmas is you (ni idea, la oí en una peli)… y un largo etcetera. Algunas, como Bad Day, son razonablemente nuevas para mi, mientras que otras, como 19 días y 500 noches, me gustarán por los siglos de los siglos, amén. Sé que no pegan. Sé que Sinatra no es lo más normal en una persona de mi edad. No podría preocuparme menos. El día que tenga que llevar lo último de Operación Triunfo para sentirme realizado, le daré mi reproductor a un relojero para que lo diseccione, y dispararé doce salvas en su honor.

Por supuesto, hay algunos autores con los que coincido más que con otros, aunque muchas veces tampoco pegan demasiado. Fito siempre me acompaña, Alanis Morrisette es omnipresente, Café Quijano va y viene, igual que Avril, y Bob Dylan me visita de vez en cuando, junto con algunos otros. ¿Por qué? No lo se, tendría que encerrarlos en una habitación y no dejarles salir hasta que descubra que tienen en común, y me iba a hacer falta un pequeño ejército y una ouija. Si secuestrar gente famosa es una lata, no te digo ya contactar con muertos famosos.

El caso es que siempre que me preguntan qué tipo de música me gusta reina un silencio incómodo en el aire. ¿Qué se supone que tengo que decir? Al final, junto con los libros o las pelis, he encontrado una solución diplomática que no deja contento a nadie salvo a mi mismo: me gusta la música buena. Esto no se extiende sólo a la música, y de hecho, creo que tengo la gran suerte de estar abierto a cualquier nueva experiencia y que exista la posibilidad de que me encante*.
Oye, alguna ventaja tenía que tener ser un inadaptado.


*Si ha pensado en algo de connotaciones sexuales y parafilias varias, bienvenido al club. Tenemos psiquiatra privado, y camisas de fuerzas de diferentes tallas. En breve recibirá un carné plastificado en su domicilio.

martes, 14 de octubre de 2008

La U y la D

Nota: por respeto a los responsables del invento, este artículo omitirá en todo momento la identidad de la institución a la que se refiere. La llamaremos, para no dar pistas… Deustwitz. Por decir algo nuevo y ser originales. Al tema.


En Deustwitz alguien ha llevado a cabo un sesudo estudio del alarmante descenso del número de ingenieros, y ha llegado a la conclusión de que lo que falta es una mascota con gancho. Y dicho y hecho, como si de una universidad de Bilbao se tratase (pero que podría no serlo, no os vayáis a pensar que esto es una pista), no sólo se ha creado una mascota a tiempo completo para la uni, no… ¡se han creado dos!

Podrían haber hecho una encuesta. Podrían haber pillado alguna mascota molona, como en las universidades yankis, que de otra cosa no sabrán, pero de eso van sobrados. Hasta podrían haber cogido algo representativo de la universidad. Yo, como estudiante, tenía varias ideas que por desgracia no he podido compartir. En concreto, y para la sección de ingenierías, mi lista la encabezaban:

- Un simpático monigote en posición fetal dándose cabezazos con una pared.


- Una serpiente de cascabel.

- Un puma (hay que ir para entenderlo).

- Los cuatro reyes de la baraja española.

- Una marmota durmiendo plácidamente en una silla.


Claro que esto eran sólo ideas, porque Deustwitz, en un triple salto mortal de originalidad, ha decidido crear… una U y una D de gomaespuma. ¿Por qué esas letras? Bueno, ya vale, dejad de intentar averiguar de qué uni hablo, mira que sois…

El tema es que, a partir de ahora, una U y una D gigante campan a sus anchas por el campus, dispuestas a… bueno, a campar a sus anchas por el campus. Y es que lo de las mascotas mola, pero sinceramente, ahora mismo yo no les veo mucha utilidad práctica. Por ello propongo desde este humilde blog una serie de cometidos que mejorarían mucho la universidad y sus ya de por sí completísimas instalaciones.

Aquí están las cuatro ideas más interesantes que se me han ocurrido. Se admiten sugerencias.


Puching-balls oficiales.

Además de mascotas voto por usar a la U y a la D como sacos de boxeo. Nada mejor para después de un examen especialmente estresante o una revisión completamente surrealista que liarse a patadas con un muñecote de gomaespuma sonriente, y si no, preguntad a los de psicología que seguro que ellos saben de eso. Puestos a rizar el rizo, voto por organizar simpáticos eventos especiales, por ejemplo “encuentra el bate escondido y a la mascota huida por el quinto piso”, al más puro estilo “El día del apaleamiento” de los Simpsons. Para que luego se quejen de que nadie participa en las actividades extraescolares.


Agentes de la ley.

Os puede parecer una tontería, pero este sencillo paso... triplicaría el número de agentes de seguridad dedicados a salvaguardar integridad física y posesiones de los alumnos. Además, dos letras de gomaespuma presentan no pocas ventajas como agentes del orden, entre las que se cuentan: la infinita capacidad de soportar golpes de dicho material, el buen rollito y simpatía que despiden, capaz de convencer al chorizo más pintado de que abandone sus actividades delictivas, o la vergüenza de que se diga que te han dado una paliza. A ver que delincuente levanta cabeza después de que se sepa por ahí que le pegó la mascota del campus. Ni Starsky y Hutch lo harían mejor.


Psicólogos andantes.

Por si no lo he comentado ya, estas nuevas mascotas lucen una sempiterna sonrisa que alegraría el día a un broker de Wall Street. ¿Qué mejor cometido que darles el trabajo a un par de profesores de psicología, que se dediquen a escuchar a los alumnos y darles consejo en sus problemas del día a día? Al fin y al cabo, contarle tus problemas a una letra gigante siempre sonriente da mucho menos corte que a un señor con cara seria y una libretita en la mano. Tratarían depresiones, ataques psicóticos, egos desmesurados… esta actividad, además, compagina perfectamente con la de saco de boxeo, con lo que mataríamos dos pájaros de un tiro.


Gladiadores.

Aunque nos han tirado las gradas, nada sería más divertido (y atraería más nuevos alumnos) que ver a las mascotas de la universidad batiéndose en duelo a muerte en la arena del coliseo, al más puro estilo Gladiator. Podrían representar históricas batallas, como esa revisión en la que una riada de alumnos casi lincha a un simpático e inocente profesor, o aquella otra ocasión en la que el Sansón de Sopelana casi saca de un obús a un alumno por la ventana. Si las apuestas corren en los torneos de pelota, imaginaos una épica batalla a muerte después de un duro día en el aula de ordenadores. ¿Quién da más?

¿Alguna otra idea genial que se me haya quedado en el tintero?


PD: gracias a Sito, por haberme inspirado en la creación de este dicharachero post.

sábado, 11 de octubre de 2008

A vueltas con las series (I)

Últimamente se habla mucho de series. Que si la calidad de las series americanas ha aumentado, que si la crisis del cine ha hecho que los guionistas y actores decentes se decanten por este campo… por suerte para vosotros, aquí estoy yo para saltarme la tónica general de este blog y ofreceros una completa guía de lo que os podéis encontrar en el panorama televisivo. Todo dentro de lo razonable y de mi especialidad (las series yankis), si alguien protesta porque no hablo de cosas como “Sin tetas no hay paraíso”, rastrearé su IP y borraré su colección de fotos del Duque en paños menores. Advertidas quedáis.


A vueltas con las series (I)


Perdidos.

Puede que fuera la que iniciara este resurgimiento, y desde luego fue una de las primeras y más intrigantes. La primera temporada es altamente entretenida y adictiva, aunque sospecho que el guionista, un tal J.J.Abrams, tiene un grave desequilibrio mental que debería tratarse cuanto antes. Sólo él es capaz de juntar supervivientes de una catástrofe aérea, osos polares, nieblas asesinas y gente de dudosa procedencia en general en una isla del caribe.

Por desgracia, si el argumento inicial ya era poco creíble, con el paso de las temporadas la cosa ha degenerado en un asunto muy turbio que sólo estando muy aburrido se puede tolerar. Eso si, como la acaben y cuadre todo voy a tener que verla entera, porque hilar una explicación racional que no implique drogas duras a semejante tejemaneje va a ser el triple salto mortal de los guiones .

Pros: te comerás la cabeza intentando saber qué pasa.

Contras: lo más probable es que no lo sepa ni el guionista.

Veredicto: puedes ver la primera temporada, por curiosidad, y si te engancha…


Prison Break.

A esta tengo que reconocer que estuve muy enganchado. La idea inicial, que consiste en un listillo que se tatúa un plan de fuga en el cuerpo y se mete en la carcel para sacar a su hermano, me pareció original e interesante. La primera temporada no me defraudó, y aun con los inevitables capítulos de relleno me pareció la leche. Lo malo es que lo que podía haber acabado de forma elegante ha degenerado en una serie de conspiraciones enlazadas (y van cuatro temporadas ya) que ya dan más risa que otra cosa. Y encima el malo, una compañía perversa y oscura que gobierna Yankilandia en la sombra, está muy visto.

Pros: argumento y guión inicial completamente original y de calidad.

Contras: cualquier parecido del guión actual con algo con sentido es pura casualidad.

Veredicto: si perdidos se nota que pierde fuelle, lo de esta es un completo despropósito. Ve la primera temporada, y contrata a un hipnotista para que te convenza de que no hay más.


Heroes.

La tercera en la trilogía de series famosillas del momento. Cuenta la historia (o algo) de un grupo de gente que descubre que tiene poderes. Como idea, al contrario que las anteriores, está bastante trillada, y el argumento es corrientito. Quiero decir que hay unos malos, unos buenos, y se lía parda. De hecho, la serie empieza a irse al carajo cuando empiezan con las conspiraciones rollo Prison Break, con la diferencia de que aquí se solucionan a leches y bolas de fuego/rayos/lo que toque. Si tienes un puntito friki te gustará porque sí. Si no, es probable que la gente volando, parando el tiempo y dando leches como panes no te llame demasiado.

Por desgracia, tiene unos cuantos puntos flacos que cantan demasiado.

Primero, las historias de viajes en el tiempo acaban el 99% de las veces en un sinsentido de calibre 45. Segundo, algunos personajes son tan poderosos como un cruce entre Neo, Son Goku y Chuck Norris. Todo esto lleva a que el guión sea poco realista a veces: si puedes parar el tiempo, se puede matar a la gente a escupitajos o cuando era un niño de dos años, como ya cayeron en Terminator. A los de Terminator, también les digo que cargarse al bisabuelo provoca el mismo resultado final, y trae menos problemas. Por comentarlo y quedarme a gusto.

Pros: los efectos especiales son la leche, y en general es bastante entretenida. Además. Peter y Sylar tendrán que pegarse algún día (hay que verla para entenderlo).

Contras: se les va un poco la mano, el próximo superpoder que queda va a tener que consistir en ser dios, y los republicanos se la cargarán por blasfemos.

Veredicto: si te gustaría volar o lanzar rayos, esta es tu serie.


Dexter.

Curiosamente, no habría apostado por ella en un principio y tiene a bastante gente enganchada. Va de un asesino en serie sólo mata a los malos por traumas paternos variados. La cosa es que el chaval no es mal tío en realidad, y se le acaba cogiendo cariño, así que lo pasas mal cuando ves que le van a pillar, y en un panorama donde hay unas 50 series de equipos de élite persiguiendo psicokillers, la serie merece la pena sólo por eso.

Ahora viene la parte mala. Porque la tiene, y muy gorda. Decir que los actores son malos es como llamar disturbios callejeros a la revolución francesa. El protagonista, por mucho que se empeñe todo el mundo, lo hace bien sólo a veces, pero verle matar es como ver a una abuela hacer un pastel. Vamos, que no disfruta. Uno se imagina que alguien que tiene por hobby cortar en trozos al vecino lo haría con un poco más de entusiasmo, pero nada, ni sonrisas sádicas, ni orgasmos… que sosada.

El resto, directamente, sospecho que son mendigos que han puesto ahí para ahorrar presupuesto. No he visto actores más lamentables desde Power Rangers (y eso que de peque tenía más manga ancha). La hermana es penosa, la capitana clama al cielo, y el negro del bigotillo tiene de actor lo que yo de modelo de lencería (femenina, a la masculina podría dedicarme sin problemas, por supuesto).

Pros: la casquería y los asesinos en serie siempre son divertidos.

Contras: ver a Glenn Close en una serie y luego a la hermana de Dexter es como para echarse a llorar.

Veredicto: para gente con miopía, o que cree que el Ron de Harry Potter es buen actor.


Californication.

Según la revista Rolling Stone, lo más parecido al porno que se puede ver en USA sin pagar tele por cable. David “Expediente X” Duchovny da vida a un escritor en crisis (Hank Moodie) aún enamorado de su exmujer y enganchado a todo lo malo (o bueno, según se mire) de esta vida. Es adicto al sexo, le da a las drogas, se bebe hasta el agua de los floreros… el yerno perfecto que cualquier madre querría para su hija. La serie vendría a ser como Sexo en Nueva York fusionando a las cuatro protagonistas, pasando directamente al sexo (explícito) y con menos dramones y más humor.

De todas formas, no se lo bueno que estará el amigo, pero hay que decir que la riada de mujeres de bandera que se pasa por la piedra hace el argumento todavía más increíble que el de Perdidos. O será envidia subyacente, no se, pero el día que vaya a un bar, una estupenda me guiñe un ojo y en dos minutos esté intentando bajarme los pantalones me comeré mis palabras (y cerraré el blog, probablemente).

Pros: es graciosa y bastante bien contada. Además, algunas salidas de Hank o la hija son la monda. Para gente de genero masculino poco exigente… como decirlo con clase… salen tetas.

Contras: si te incomoda alguien que sólo piense en el sexo, mejor ve Dexter (pero medita esta parte con cuidado). Además, al menos por estos lares, la serie debería ser clasificada como ficción al cuadrado, o al cubo, dependiendo de la estupenda.

No os penséis que se me han acabado. Otro día, más.

martes, 30 de septiembre de 2008

Hace poco me dio por pensar en la muerte. Como siempre, no he llegado a sesudas conclusiones sobre el más allá y el más acá, ni he encontrado el sentido de la vida (para eso, por cierto, ya tenéis a GonzoTBA en el link de la derecha). Pero lo que si he encontrado, también como siempre, son una serie de interrogantes que me tienen en vilo. Y es que, si analizando el antiguo testamento a uno le entraban dudas, cuando te pones a pensar en lo que dicen las grandes religiones sobre palmarla la cosa no podía ser para menos.


De verdad, que no entiendo la muerte.


Si eres musulmán, y siempre partiendo de la base de que has sido bueno, cuando te mueres tienes 72 vírgenes para ti sólo. Aquí la gente se pone burra, y empieza a suicidarse con chalecos y a hacer cosas raras, pero es porque no lo analizan bien.
72 vírgenes. Y tú. Toda la eternidad. Pero ojo, porque no se menciona nada más. Vamos, que tú te mueres, y el panorama es este: llegas a un garito lleno de tías que nunca se han acostado con nadie, y te sueltan ahí sin más ayuda.
Primer problema: no hay alcohol. Si ya es difícil ligarse a una chica en un ambiente sin alcohol, imaginaos ligarse a una chica (virgen) rodeada de amigas (vírgenes), en un garito sin alcohol. Con ese grupo puedes estar seguro de que no la van a dejar sola ni de coña, y encima seguro que les caes mal y la ponen en tu contra. Encima, con este prototipo de chavala, más vale que seas un tío sensible y comprensivo, porque esto no va a ser un aquí te pillo aquí te mato, querrá a alguien especial. Hay que enamorarse, tomarse un tiempo, etc, etc.
A mi me parece para ser un premio, es mucha presión.


De todas formas, vamos a tirar de imaginación y ponernos en el mejor de los casos, pongamos que te la ligas, la cosa sale bien… vale, has follado (hablando mal y pronto), yo no le quito mérito. Ahora tienes una chica con la que vas a estar TODA LA ETERNIDAD. Más te vale, amigo mío, que hayas elegido bien. Aquí ya no vale decir que piensas que tenéis que ver a otra gente, que quieres centrarte en tu carrera, que no es ella, que eres tú… como el tema no marche la has cagado. Y ni se te ocurra pensar en las otras 71, porque ya sabes cómo son las cosas. Y es que, hayas triunfado o no, todos sabemos que el resto ya no te van a dirigir la palabra ni aunque seas Brad Pitt untado en chocolate.
En resumen, las alternativas son: si tienes suerte, ligar con una virgen y que 71 te odien antes o después; o que encima la susodicha no te haga caso y pasar la eternidad más salido que una plancha con 72 tías que no te van a hacer ni caso.
Lo que me acojona de verdad es pensar cómo será el infierno de estos tíos. Con razón no se lo han contado a nadie.


Por cierto, de las chicas no se sabe nada de lo que pasa con las que no son vírgenes. Si lo eres, te toca pasarte la eternidad con 71 amigas volviendo loco a un pobre desgraciado, que al menos tenemos ya bastante asumido que os gusta casi tanto como el sexo. Si no, supongo que vais al infierno directamente. Chungo también para vosotras.


Si esto es malo, el cielo de los cristianos no tiene mucha mejor pinta. Es un sitio enorme, lleno de gente con túnica revoloteando de un lado a otro, y un ojo enorme allá por lo alto que lo ve todo. Vamos, es como si coges Mordor y lo juntas con un anuncio de compresas. El rollo es que no hay nada más. Pero nada. Cero. Estoy seguro, de que por no haber, no hay ni wifi. Toda la eternidad corriendo de un lado para otro, en una campa llena de algodones gigantes, y con un pijama de hospital no me parece a mi el paraíso, que digamos. Lo único bueno es que, teniendo en cuenta la estética de hospital, igual reparten drogas duras y se pueda pasar la eternidad un poco colocado, porque si no menudo coñazo. Yo no es por criticar, pero para mi no se lo han currado nada.


El infierno ya está más documentado, lo cual no entiendo muy bien porque se supone que si entras no sales. Al parecer, es un sitio donde te meten en un caldero con otro montón de gente, y te dejan ahí cociendo a fuego lento. Yo a eso lo llamo jacuzzi. Claro, ahora saldrá alguien diciendo que es que está muy caliente, y te quemas. Y digo yo, ¿y? ¿Qué te va a pasar, que te mueras? Eso es como cuando llegas a casa después de comerte una granizada saliendo de Deusto sin paraguas porque algún hijoputa se lo ha llevado (le pasó a un amigo de un amigo, ejem), y te metes en la ducha con el agua a 50 grados. Al principio te escaldas, pero luego cuando te acostumbras es un vicio. Yo me quedo con el infierno, no hay punto de comparación.


Para terminar con las grandes religiones, nos queda el budismo. El budismo, si no me enteré mal en su día, se salta estos rollos de mundos alternativos y tira de reencarnación, que es más barato. Al parecer, el hombre es el último escalón, al que llegas si has sido un tío decente en tus seis estados anteriores, que van desde ameba a seres como perro, gato, delfín… cosas así.
Yo esto tampoco lo entiendo. ¿Qué puedes hacer mal siendo ameba para no ascender?¿De verdad alguien se queda atrancado digamos, en el escalón de gusano de tierra? ¿Por qué no los suprimen? No tiene ningún sentido. Me imagino pasarte unos días como ameba (no soy ningún experto, pero creo que esos bichos no viven mucho tiempo) para luego espicharla y que un jurado rollo operación triunfo te diga: bueno… te ha faltado un poco de fagocitosis y podías haberte hecho hermafrodita, que está de moda, pero no está mal. Ha pasado a la siguiente fase de nuestro concurso “Sea uno con el universo”. Ahora, a hacer de berberecho.
Además, ¿quien coño quiere pasar del sexto escalón? Si te sale perro o gato, te vas a tirar el día haciendo el vago, con tres comidas al día, y ahora hasta con psicólogo por si te estresas. Si te toca delfín, a vivir en el caribe. Y ya no hablemos de animales en peligro, como por ejemplo el lince, que te dejan en una reserva natural con alguien para que ligues, y encima te vigilan por si te pasa algo o eres muy torpe y no sabes ni cazar.


Y todo esto, que no se os olvide, tiene como meta hacerse uno con el universo. Que es un ambiguo, como poco. ¿Qué es hacerse uno con el universo? ¿Se tiene conciencia? La gente no se pone mucho de acuerdo, pero a mi no me parece ninguna bicoca. Al parecer es como ser dios, que estás en todas partes y lo sabes todo, pero sin poder meter mano. En principio mola, pero no. Nada tiene emoción porque ya sabes como acaba, así que no puedes ni ver una peli, ni el partido de tu equipo, ni siquiera hacer cábalas sobre si la crisis mandará el chiringuito este que tenemos montado al carajo o no. Yo me lo imagino un poco como cuando veíamos “El príncipe de Bel-Air” o “Cosas de casa”, que al principio molaba por la cosa de la novedad, pero a ver quien se pasa la eternidad así.


En fin pequeños padawans, que mucho ojito con morirse, que creas lo que creas es una putada. Y si no crees en nada… irás al infierno. Por ateo.


Arrivedercci!

jueves, 25 de septiembre de 2008

La ropa "decente"

Como párrafo de introducción, léase el margen del blog (eso no, eso es el contador de visitas, cazurro. Debajo!!)


De verdad que no entiendo...


LA ROPA "DECENTE"


Tras 24 años de instrucción, al fin lo he conseguido. Mi período de aprendizaje, primero en Askartzatraz y más tarde en Deustwitz, ha terminado. Se acerca el momento de entrar en combate real pero, como siempre, la cosa no es tan emocionante como la pintan. Mientras que en los duros campos de trabajo donde me entrenaron se primaba la comodidad y el arte del escaqueo, el alto mando casero, después de revisar mis escasas pertenencias, ha llegado a la conclusión de que necesito un equipo de combate más acorde con mi nuevo status. Misión numbergüan como ingeniero: adquirir ropa “decente”. Si James Bond va siempre de etiqueta, yo no voy a ser menos.

El primer paso para llevar a cabo con éxito una misión es elegir un equipo que supla las carencias del líder. Dado que servidor aún confunde pana con punto y combina con impunidad azul marino con negro, se hacía completamente necesario un miembro femenino en el escuadrón, capaz de asesorarme en las decisiones estéticas. Por suerte, para las misiones de despilfarro de recursos monetarios en grandes superficies cuento con un soldado de inestimable valor que recluté de inmediato: mi hermana.

Los parámetros de la misión estaban claros: un par de camisas o polos, un par de pantalones, y unos zapatos, todo decente. Como checkpoint adicional incluimos una chaqueta o sucedáneo para tener el pack completo.

Tras plantarnos en el campo de batalla (la tienda), y siguiendo las enseñanzas de mis años de instrucción, elegimos cuidadosamente nuestro primer objetivo: pantalones, mismamente.

Aunque vosotros, pobres cadetes inexpertos, nunca os hayáis visto en misiones tan peligrosas como esta, debéis saber que el mundo de los pantalones decentes está plagado de peligros. Mientras que unos pantalones normales deben ser capaces de contenerte y mantenerse a una altura superior a las rodillas, sus equivalentes decentes deben cumplir multitud de características. Por una parte, el tejido es primordial. No queremos que durante las misiones se nos llenen de bolas mientras degollamos coreanos o hacemos una clase en Java, porque podríamos ser el hazmerreír del comando. Además, los pantalones “D” deben caer exactamente a una altura determinada sólo medible con un zapato de campaña reglamentario, a diferencia de los pantalones normales que pueden ser nivelados al milímetro por el tradicional método de fricción con el campo de batalla. Por último, los pantalones “D” tiene partes exóticas que sólo expertos en la materia son capaces de identificar. Por lo que se ve, y dado que soy un soldado con poca cintura (pero un culo de vicio, que conste), lo más indicado para mí son unos pantalones con pinzas que, tras ardua búsqueda por el perímetro, no encontramos porque no están de moda. Hubo que conformarse, pero al menos el dependiente tuvo la amabilidad de llenarlos de alfileres. No es lo mismo, pero seguro que les encontraré utilidad a la hora de sonsacar información al enemigo.

Con dos pantalones entre nuestras posesiones, pasamos al punto dos de la misión. Por desgracia, dado que tengo el resto del cuerpo a juego con mi cintura, encontrar una camisa que me sentara bien no iba a ser tarea fácil. A pesar de que la moda masculina ahora desprecia a todos aquellos que pueden atravesar puertas sin problemas, encontré en un montón de desechos una camisa “Slim Fit” perfecta para misiones de infiltración. En contra de lo que se pueda pensar por dónde la encontré, el enemigo me la cobró como si fuera un chaleco kevlar reforzado de Emilio Tucci. El mundo es más peligroso de lo que me enseñaron en las maniobras de instrucción.

Al final, la misión acabó fallando por el tema de los zapatos, que quedó en empate técnico al no ponernos de acuerdo los miembros del comando en el grado de “decencia” necesario en las nuevas misiones que se avecinan. El checkpoint adicional de la chaqueta fue descartado ipso facto por hastío general del equipo asesor, en el que se detectaron indicios de insubordinación como “mira que eres rarito”, “contigo es imposible ir de compras” o “hay que joderse, dos horas para dos pantalones y una camisa”. Planeo tener en cuenta dicha falta de profesionalidad a la hora de reclutar personal para futuras misiones.

lunes, 15 de septiembre de 2008

La gran cagada

Antes de nada, Overzees tocan el 3 de Octubre en el Pub Blue Note en Megapark. Mi particular contribución a que se llene, y el debut con nuevo cantante sea el éxito que merecen. Quien viva por aquí que se acerque, garantizo que merece la pena.

Últimamente he tenido tiempo para pensar en las grandes cagadas de mi vida, y me he encontrado con una recopilación variada y variopinta como pocas. Analizarlas todas llevaría tiempo, y a la mayoría no les encuentro la gracia, pero hay una en concreto que ahora recuerdo con una sonrisa. Supongo que será porque desde esa ha pasado mucho el tiempo, y dicen que todo lo cura.
Remontémonos atrás, a mis once tiernos años…


Historias de infancia, Volumen I.
Mi cagada en Inglaterra.


Corrían los años noventa cuando mis padres decidieron mandarme un mesecito de verano a Inglaterra para perfeccionar mi inglés. Desde pequeño había estado asistiendo a una academia con más o menos éxito, y al parecer había llegado el momento de comprobar si el dinero había sido bien invertido. Como mis padres son de los que tiran al niño al agua para que aprenda a nadar, llegaron a la conclusión de que un mes abandonado en la tierra de los hooligans estimularía mi joven cerebro para que asimilara los secretos de la lengua de Shakespeare.
Puede que os parezca cruel, pero yo aun doy gracias que no decidieran enseñarme a volar, por ejemplo.

Total, que de un día para otro me encontré con una maleta casi tan grande como yo en la casa de una familia desconocida dispuesta a acogerme un mes. Como os podéis imaginar, aquello resultaba un poco estresante. Por desgracia, al igual que mucha gente, yo tengo mi propia manera de expresar mis nervios. Unos sudan, otros se ponen hiperactivos, otros rojos… son reacciones ante el miedo provenientes de nuestros antepasados, que necesitaban aumentar su ritmo cardíaco, adrenalina, etc, ante amenazas tale como que un león te confundiera con un antílope.

Yo me cago.

Suena un poco fuerte, pero es así. No tengo una explicación racional para ello, ya que no imagino la ventaja que pudo dar a mis antepasados semejante talento ante una situación de peligro, pero así esta el tema. Empiezan los retortijones, y mis intestinos pasan del programa suave al de centrifugado agitado. Uno procura mantener el tipo, pero ciertas reacciones son difíciles de disimular, así que si la situación es jodida de verdad tarde o temprano debo buscar un baño. Y aquella, al menos para un tierno infante de once años, era el súmmum de las situaciones jodidas.

Total, que dejé la maleta donde me indicaron, pregunté amablemente por el señor Roca (uerisdetoilet, plis) y fui a dar rienda suelta a mis más bajos instintos.
Dado que el nerviosismo llevaba gestándose unos días, a toro pasado puedo afirmar ahora que las consecuencias estaban gestándose también desde hacía tiempo. Sólo así se explica que de un enano de 35 kilos que pesaría yo entonces saliera semejante torpedo. Si llega a haber un submarino alemán en el vater, os juro que lo hundo.

Como los niños son curiosos por naturaleza y no todos los días pare uno su propio peso en abono, recuerdo haber echado una ojeada antes de dar a la bomba, y puede que sea mi imaginación desaforada, pero creo que lo que vi estiró los brazos y me llamó papá antes de que lo ahogara el agua del retrete. Y digo ahogara porque aquí empezó el show. Aquello tenía más posibilidades de salir andando y saludando que por aquel agujero diminuto. Yo lo miraba con una mezcla de terror y orgullo. Siempre había querido tener superpoderes, y mira por donde, tenía un superintestino. Ríete tú de la kriptonita, con aquello podía tumbar a Superman de un golpe.
Por desgracia, tuve que afrontar la triste realidad. Nadie iba a darme una palmadita en la espalda por semejante proeza, y aun quedaba lejos el día en que pudiera hacer una pasta vendiéndolo por ebay, así que empecé a meditar cómo librarme de aquello. Lo único que se me ocurrió fue desafiarlo en duelo con la escobilla del vater, pero la verdad es que no estaba seguro de salir victorioso. No quedaba pues más que pedir consejo adulto, que es lo que hacen los niños ante circunstancias imprevistas y catastróficas.

Atascar el vater de una familia a la que acabas de conocer es algo al alcance de muy pocos. Explicárselo en un idioma que no es el tuyo sin que se te caiga la cara de vergüenza no tiene precio. Recuerdo mi cara de circunstancias mientras intentaba encontrar la palabra adecuada para el evento (las academias no lo enseñan todo, amigos), en tanto la pobre mujer me escuchaba con una sonrisa y me aseguraba que no pasaba nada, hasta que entendió el problema. Entonces, la diplomacia inglesa entró en acción. Sin decir una palabra, se calzó unos guantes de plástico, entró en el baño, y salió (de lado) con mi producto interior bruto en la mano, ante toda la familia. Si mi memoria no me falla, se oyó un “Oooooh” generalizado, y la señora llamó a un equipo del gobierno especializado en eliminación de residuos radioactivos para que se hicieran cargo del problema.

Nunca más volvió a hablarse de aquello.

Pero mi frágil mente, por supuesto, no olvidó el episodio, y me torturaba de vez en cuando. Por suerte, al de unos pocos días, la hija pequeña de la familia (nueve años) decidió ponerse a hacer de vientre en medio de un partido de cricket en el parque. Después de aquello, nunca más volví a preocuparme.

Un mes más tarde, abandoné aquella casa para no volver nunca. Había espabilado, aprendido el idioma, y dejado mi particular huella en el país. ¿Qué más se puede pedir?

martes, 22 de julio de 2008

Agradecimientos.

Hoy se cumple el importantísimo hecho histórico de que mi blog supera las 7293 visitas. Puede que a vosotros no os diga nada el número, pero os diré… que a mi tampoco. ¿Entonces? También podría decir que últimamente este tugurio alcanza la impresionante cifra de mil visitas mensuales sobraditas. Pero tampoco dice gran cosa. Por último, también podría quejarme de que con semejante aumento los comentarios han caído en picado. Pero no, hoy no he venido a quejarme.

Hoy ha llegado el momento de dar las gracias Simplemente me maravilla el hecho de que unas cuantas personas, algunas conocidas y otras desconocidas, se pasen por aquí con el ánimo de leer (¡¡¡LEER!!!) las tonterías que se me ocurren. A mí. Que vale, que como factoría de tonterías hay que reconocer que tengo cierto talento, más que nada porque mi desastrosa vida es una fuente inagotable de material. Pero también hay que reconocer que a mi expresión escrita le falta mucho para llegar a merecer tamaño torrente de fieles lectores, y que por cada columna medianamente salada que tengo me sale cada ladrillo que hay que tener estómago para digerirlo.

Por ello, este post es hoy para:

- Dani: porque no falla, llueva o nieve, haga frío o calor, sea martes al mediodía o resaca post-Fever, lee, comenta y en ocasiones pelotea con más o menos disimulo. Normalmente con menos, pero el peloteo, le pese a quien le pese, mola. Y por eso está el primero. Aprended.

- Goti: aunque últimamente me ha abandonado, en su día recomendó y re-recomendó el blog varias semanas en su fotoló sin que yo fuera consciente de tamaño elogio. Aún hoy flipo con aquello, y se me saltan lágrimas mentales de emoción (llorar de verdad no lloro, que soy un tío duro). No sé si me seguirá leyendo ella y la amiga que enganchó, pero nunca le daré las gracias lo suficiente. De hecho nunca se las he dado mucho, soy un gilipollas desagradecido. ¡¡¡GRACIAS!!!

- Vintage_Music, alias Romeo, porque aunque comenta poco, cuando comenta por iniciativa propia suele ser para criticar constructivamente, que siempre es de agradecer (no, no me creo que sea el puto amo así a tiempo completo). Pon un crítico en tu vida. Ahora no te vayas a emocionar, que tampoco tengo la autoestima para demasiados trotes ¿eh?

- La desconocida *NAI*, que publicitó (y de hecho el post ahí sigue) este tugurio en su espacio de MSN. Y las estadísticas hablan, la gente siguió el enlace, y aún hoy alguno llega. Ver que alguien que no conoces de nada te recomienda es probablemente el mejor piropo que uno puede llegar a recibir. Garantizado.

- GonzoTBA, autor de El Sentido De La Vida , que contiene columnas que deberían ser patrimonio de la humanidad. Siempre inspira, y le he robado unas pocas frases. Que coño, le he robado unas cuantas, aunque procuro poner la procedencia. Simplemente, el puto amo ™ (eso, por ejemplo, es suyo).

- Sarita, Sergio, peñita de Oulu (Wanfry, Jon, etc.), y demás gente que considera que, de algún modo u otro, mi blog merece un enlace en los suyos. Snif. No se qué decir.

- Todos los conocidos y desconocidos que se pasan y dejan su post. Cada post que leo es una nueva columna que me entran ganas de escribir. Ya que saco el tema, cada post que no escribís dios mata a un gatito. Por informaros, nada más.

- Y por fin, todos los conocidos y desconocidos que se pasan y no dejan su post. Al fin y al cabo, porque son los más, gracias a los que cuando acaba el mes y veo el contador de visitas me da un escalofrío. Que coño, también yo leo blogs y muchas veces no posteo. Son los que en el fondo mantienen esto abierto, porque yo, a diferencia de otra gente que escribe para ellos mismos y no le importa si le leen uno o quinientos (afortunados ellos), escribo para vosotros. Que si no me compraría un cuadernito rosa con candado dorado.


¡¡¡GRACIAS A TODOS!!!

miércoles, 16 de julio de 2008

Las entrevistas de trabajo (II)

...viene de Las entrevistas de trabajo ( I )



Dos minutos más tarde, se abrió la puerta y mi nueva amiga y probable futura esposa me recogió los tests y me dio otro. Tras interesarse por mis resultados, que los dos sabemos que le importaban bien poco, me lanzó una sonrisa insinuante y me dijo: para este tienes todo el tiempo que necesites. Yo la miré y le dije: cierra el despacho y pide comida que hasta mañana no salimos de aquí, cordera. Pues nada, lo único que hizo fue poner una sonrisa de circunstancias, dejarme el test y salir por patas. No puedo creer que no captara mi sutil insinuación, a ver si va a ser verdad eso que dicen de las rubias…

El tercer test consistía en una serie de oraciones, de las cuales había que elegir la que más creyeses que se adaptase a tí, siendo obligatorio elegir una. Los temas variaban entre elecciones como “me pone estrangular gatos” y “en caso de fracaso laboral mataría a todos mis compañeros”, a “soy trabajador y metódico” y “soy ordenado y productivo”. Supongo que un psicólogo sacará sesudas conclusiones de lo que yo puse, aunque pagaría por saber que connotaciones psicológicas tiene “pasapalabra”, que fue lo que escribí en unas cuantas, por aquello de que ser original también cuenta.

Como ya tenía todo finiquitado, avisé a mi rubia favorita para que el show pudiera continuar. Me percaté cuando entró de que la temperatura del cuarto había vuelto a subir otros diez grados, alcanzando así a ojo los cincuenta. Mientras yo me preguntaba qué extraña conexión calorífica existía entre nosotros y como hacía para mantener la compostura, ella me informó de que en breves vendría un importante directivo a acabar la entrevista. Mientras me contaba estas cosas, yo me di cuenta de que dada mi inexperiencia en trajes, llevaba una hora exprimiendo mi cerebro en una habitación cerrada sin aire acondicionado con la chaqueta puesta, la camisa abotonada hasta arriba y la corbata reduciéndome el riego sanguíneo al cerebro. Mientras mi futura mujer esperaba confirmación de que había entendido el mensaje, me deshice de la chaqueta y aflojé un poco el nudo de la corbata, bajando automáticamente la temperatura ambiental (o mía, puede ser) y reduciendo considerablemente la lujuria de la mirada de la estupenda, y su atractivo. Lo que hace la falta de riego, oiga.

Y por fin empezó la entrevista en serio. Tras esperar un par de minutos y ajustar mi temperatura corporal completamente, un venerable señor se personó en el despacho y se presentó como el jefe de algo que no recuerdo. Después de esto, sacó un portátil y empezó a contarme por qué su empresa era la mas guay del paraguay del mundo y parte del universo conocido, todos los increíbles sistemas y negocios que tenían en marcha, los miles de millones que facturaban al año, y lo feliz que podría ser allí. Lo estaba haciendo tan bien que casi le doy la mano y le digo que nos había impresionado y que estaba contratado, pero en el último momento recordé que el entrevistado era yo y le dejé seguir con su speech hasta que se cansó y pasamos a lo importante, osea, servidor.

La primera pregunta fue qué idiomas y tecnologías dominaba y cuáles habían sido mis últimos proyectos. Para que esto no parezca una enumeración de mis habilidades, diré que en total, echándole un poco de morro pero siempre con la verdad por delante, llegué a los 11 lenguajes de programación (incluyendo comandos de linux). Respecto a los proyectos, no mentí cuando le dije que entre mis conquistas se contaban un juego de estrategia, una mascota virtual, varias páginas y servidores Web, un gestor de vuelos online y una aplicación de gestión de inventario para móvil. La verdad es que con los desastres que hemos perpetrado en Deustwitz, por ahora me estaba quedando más que impresionante. Después de esto, el hombre me miró como hacía unos minutos me había parecido que me miraba mi desaparecida amiga rubia, e intentando mantener la calma me preguntó como andaba de inglés. Le comenté lo de mis veranos en Inglaterra, el First, las asignaturas en inglés cursadas en Deustwitz y mi apoteósico final de carrera en Finlandia, y el me comentó si estaba soltero y si le gustaban maduritos. O algo así, tampoco lo recuerdo exactamente porque mientras hablaba tecleaba a velocidades inimaginables en su portátil y me lanzaba miradas que habían pasado de insinuantes a claramente lujuriosas.

La siguiente pregunta fue si podía empezar a trabajar el miércoles.

Esto confieso que me trastocó un poco, porque tal y como le comenté, acababa de aceptar trabajo en una academia y aquello era algo más bien para largo, osea, septiembre. Mi venerable amigo se interesó en las asignaturas que imparto, y cuando le dije que daba C y C++, se arrodilló y me propuso matrimonio, pero me mantuve en mis trece y le dejé claro que antes de septiembre no teníamos futuros juntos.

Como todo buen hombre, insistente, me comentó que si empezaba ahora de becario y con mis cualidades, en septiembre sería programador junior, en enero a programador, el año siguiente programador senior, en otro analista (con esclavos), en otro jefe de equipo (con más esclavos), y después quien sabe si con mis conocimientos, encanto y atractivo podría acceder a un puesto directivo. Yo a mi vez desconectando de nuevo, me preguntaba, en este orden, qué significaban todos aquellos cargos, qué clase de sustancia estupefaciente había consumido, cuanta gente haría falta para reducirle, y la talla de camisa de fuerza le iría bien. Por desgracia, no pude llamar a seguridad ya que estaba bien vigilado, y me tuve que contentar con que lo pensaría, y que si me podía llamar en un par de días.

No sé por qué, pero o yo soy muy bueno o en el mercado laboral hay una cierta demanda de informáticos. Y tan, tan, tan bueno no soy...