lunes, 25 de febrero de 2008

Supervivencia de Erasmus. Tomo I: tu cuarto.

Últimamente, con esto de que estoy allá por el círculo polar ártico, estoy dejando en el tintero cosas demasiado jugosas como para permitir que se pierdan en las brumas de mi memoria. Dado que mi memoria se compone en un 90% de brumas, y estoy descubriendo muchas cosas interesantes por estos lares no necesariamente relacionadas con el hielo y la nieve, sería una pena no compartirlas con vosotros, pequeños padawans. Hoy, en la edición especial del blog (por aquello de que actualicé hace poco y tal), la primera parte de una pequeña guía de supervivencia para todos aquellos estudiantes de erasmus o que viven lejos del calor del hogar. Si pensáis ir de Erasmus, altamente recomendada. Para la gente que se vaya a independizar, doy por hecho que dispone de mayor nivel económico y menos tiempo de farra, así que se pueden pasar por alto ciertos consejos orientados al ahorro compulsivo. Como pequeño apunte diré que está orientada a un público mayoritariamente masculino, ya que los hábitos de vida de las mujeres siguen siendo algo completamente desconocido para mí. Aun así, vuestro guía espiritual no os abandona y se está documentando al respecto con las dos vecinas de al lado, con lo que puede que algún día nos adentremos en este pantanoso asunto.

Como decía, vivir solo requiere de una serie de conocimientos imprescindibles que normalmente se adquieren con experiencia y vagancia, al contrario de la mayoría, que se adquieren con experiencia y esfuerzo. Esto nos vendrá muy bien a partir de ahora, ya que vivir solo (o pseudo solo) se basa en una de las leyes más conocidas y respetadas del universo: la ley del mínimo esfuerzo. Si vais a vivir en pareja, olvidaos de todo esto y hacedle caso a ella. Total, vais a acabar haciendo lo que diga de todas formas…

“Vivir solo, con el mínimo esfuerzo y el mínimo gasto.

Volumen I – El cuarto”.

Tu cuarto es tu santuario. Lo cual no quiere decir, ni por asomo, que lo vayas a tratar mejor que al resto de la casa, de hecho quiere decir que dado que dejarás entrar a las menos personas posibles (salvo casos evidentes, en los que intentaremos ni siquiera encender la luz), puede ser un completo desastre. Antes de nada, hay que hacer un recuento del material del que se dispone para llenar de cosas. Si se es estudiante, como yo, una mesa, una silla, un armario y una cama harán el apaño. El resto, metéoslo en la cabeza, no hace falta y hay que limpiarlo. Respecto a la decoración, hay gente que necesita poner posters, plantas, fotos… si estamos hablando de una residencia habitual me parece aceptable, pero para un periodo de tiempo menor a un año, eso son cacharros que hoy habrá que limpiar y mañana habrá que tirar. Fuera.

Empezando por la mesa, es importante que sea cuanto mas grande mejor, plana (reíros pero se de qué hablo) y de un color claro. De esta manera, podrás darte cuenta de que está acumulando un nivel de mierda poco aceptable antes de que dicha mierda tome conciencia de si misma y te devore, pero la limpieza es un tema aparte que tocaremos en profundidad más adelante. Ahora que tienes una mesa, reserva un espacio cerca del enchufe para el portátil, a ser posible cerca de la cama. El resto se usará como superficie auxiliar para todas las cosas que por una razón u otra no son susceptibles de ser guardadas en el armario. Es recomendable no abusar de este espacio ya que el fatídico día que toque limpiarla habrá que desalojar el tinglado, alargando la labor hasta límites insospechados. La mesa de todo buen estudiante debería tener: portátil, apuntes, móvil + cargador, carpeta con documentos importantes y facturas, cámara de fotos, material de escritura y dinero en metálico (ni mucho ni poco). Los preservativos escondedlos un poco en el armario por dios, que quedan feos delante de las visitas.

Si necesitas algo más, pide la opinión de un consultor, pero seguramente es prescindible.

Junto con la mesa viene la silla. Dado que una mesa es cara, nos tendremos que conformar la mayoría de las veces con lo que haya, pero con la silla no se deben hacer bromas. Vas a posar tu culo ahí el 90% del tiempo que estés en casa (despierto), así que agénciate algo medianamente cómodo. Si lo haces bien no sentirás la necesidad de comprar un sillón más adelante, lujo completamente excesivo que mermará nuestros recursos económicos en áreas mucho más importantes (alcohol y viajes). Asegúrate de que es suficientemente alta para poder leer y manejar el portátil sin problemas, y que puedes pasar de la posición “concentrado” a “relax” de forma fluida. Si cualquiera de las posiciones no te convence, busca otra cosa. Así de duro es el tema.

El siguiente punto importante es el armario. Este sí que te lo vas a comer con patatas quieras o no, así que reza lo que sepas para que te toque algo decente y amplio. De todas formas y para nuestra tranquilidad, están pensados para ser unisex, de modo que para un tío suelen ser más que suficientes. Para la gente que esté acostumbrada a que su mamá cuide de ellos, la ropa va a ser vuestro principal quebradero de cabeza, así que reservad una balda para ropa interior, otra para camisetas o sucedáneos y otra para sudaderas. Y respetadlas, o dentro de un mes necesitaréis un machete y un casco de espeleología para encontrar un par de calcetines limpios. Respecto a pantalones y abrigos, TODOS a las perchas sin excepción. Si alguna sudadera es susceptible de ser colgada se recomienda encarecidamente, pero recordad que pierden la forma, o algo así, cosas de madres. De todas formas, el día que hablemos de la lavadora descubriréis que hay peligros mucho más preocupantes para vuestra ropa que una percha, así que no os comáis la cabeza demasiado.

Los armarios suelen traer cajones, pero su uso es reprobable. Primero, porque hay que abrirlos, y eso supone un esfuerzo, rompiendo nuestra tan preciada filosofía y, además, cada vez que abres el armario no compruebas el número de calzoncillos limpios que te quedan, detalle fundamental en la vida de soltero.

Respecto al orden del armario y la cantidad de ropa acumulada en un montón en alguna parte del cuarto, el tema es delicado. Evidentemente, si llegas de fiesta a las 4 de la mañana en un estado más o menos lamentable, no te vas a poner a doblar la ropa que traes (que por otra parte lo más seguro es que necesite un viaje urgente a la lavadora). Digamos que un montón de hasta dos camisetas y dos pantalones con sus respectivas mudas está dentro de los límites aceptables, pero más allá de esta cantidad deberías plantearte desperdiciar 5 minutos de tu vida en desechar lo sucio y doblar lo limpio de vuelta al armario. Esto, que para algunas mentes pueda resultar exagerado y una pérdida de tiempo y recursos humanos inaceptable, se debe a que nuestra casi total falta de mobiliario limita bastante la cantidad de bártulos que podemos dejar por medio. Si queréis gastaros otros diez euros en otra silla estáis en vuestro derecho, pero sabed que en una semana estará también llena de ropa y estaréis en la misma situación pero con diez euros menos. Además, si se acumula ropa de forma descontrolada llegará un momento que deberemos hacer selección de lo que está limpio y lo que no, y puede uno llevarse la desagradable sorpresa de que hoy no puede salir debido a la falta de ropa limpia, o en su defecto (y lo mas probable), a la falta de ropa interior limpia (Nota: algunas personas sin escrúpulos siempre encuentran ropa limpia, dado que es una cuestión de grado y que las situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Haced caso al tito Chaly y procurad no encontraros en situaciones desesperadas).

Por último, pequeños padawans, aunque no por ello menos importante, está la cama. La cama es importante, pero como el armario, lo más seguro es que tengas que apañarte con lo que venga. De todas formas, si tienes muy mala suerte este punto es menos grave porque puedes comprarte un colchón decente (de segunda mano por dios), pero aún así va a ser un bocado a tus recursos económicos que os va a dejar tiritando lo que queda de mes, así que controlad vuestros impulsos consumistas. Respecto a la ropa de cama, mucho se ha debatido desde los comienzos de la humanidad sobre el número, tamaño y forma óptima de dichos complementos. Mi recomendación es agenciarse una funda para el colchón (no seáis guarros e incívicos, que lo va a usar mas gente), una sábana para no manchar el edredón, que limpiarlo es un coñazo, y el mencionado edredón. Si piensas vivir en países cálidos puede obviarse, y si te vas a sitios como Finlandia, donde tengo mi residencia actual, ni te plantees no comprarlo a no ser que quieras prepararte para ser la primera persona en escalar el Everest en calzoncillos. Avisado quedas.

Bien. Ya tenemos nuestro cuarto preparado, y podemos comenzar su uso y disfrute. Ahora viene la gran pregunta: ¿cuándo debo limpiarlo? Expertos en el arte de vivir solo aseguran que limpiar es una pérdida de tiempo y energía, ya que todo acaba volviéndose a ensuciar. También están los que defienden la tesis de que hay un tope de mierda que el cuarto puede albergar, y si conseguimos sobrevivir en dicho tope no habrá que limpiar en todo el año. Yo he encontrado formas menos drásticas de supervivencia.

Si un día te das cuenta de que puedes escribir tu nombre en la mesa con el dedo, quiere decir que ha llegado el momento de limpiar. Otros factores indicativos suelen ser bolas de pelusa que te hagan pensar que estás en un western, o una drástica reducción del número de visitantes a tu cubil. De cualquier manera, si seguiste la guía a rajatabla, la limpieza debería ser tan fácil como:

· Apila todas las cosas de valor de la mesa encima de la silla.

· Con un trapo y una mascarilla, lanza el resto al suelo, polvo y pelusas incluidas. Ahora la mesa debería estar limpia. Bien.

· Coje escoba y recogedor y remata la faena. Barrer nunca fue tan fácil con tan pocos muebles.

Para los que no hacen caso a mi sabiduría, cada balda adicional añade 2 minutos al proceso, y cada foto con marco o artilugio no apilable dificulta (+5) o invalida (estás jodido cenicienta) la maniobra maestra de la mesa. Que nadie diga que no estaba avisado.

Si seguiste todas mis indicaciones…¡¡tu cuarto limpio en diez minutos, felicidades!! Ya que estás en racha, puedes hacer la cama. Al fin y al cabo, de vez en cuando no viene mal y quedará muy bien en la foto que haremos para mandarsela a nuestra madre y que se le caigan las lágrimas.

¡¡¡Felicidades!!! Si llegaste hasta aquí, estás preparado para tener tu propio cuarto sin supervisión de terceros. El siguiente capítulo... ¡¡¡la cocina!!!



PD: casi se me olvida. Me piden que haga publi de una manifa para denunciar que somos una verguenza de país que no invierte en I+D, y para que se empiecen a desviar fondos a cosas importantes en vez de subvenciones a campos de golf. Faltaría plus:

http://precarios.org/tiki-index.php?page=Manifestaci%C3%B3n%201%20Marzo%202008

martes, 19 de febrero de 2008

19/02/2007

Aaaay, ay ay, que abandonado tengo el blog, demasiadas cosas que hacer por aquí, parece que siempre hay algo más urgente que sentarse y escribir un rato. Estas dos semanas he encontrado como 20 nuevos pros de estar por aquí, más otros 20 que omití u olvidé en el anterior post. Pero, como soy un hombre de palabra, aquí vienen, contras en Finlandia.¡¡¡Que a pesar de lo que digan algunas malagueñas, los hay!!!

Y un, dos, un dos tres…

Empezando por la climatología, así como todo ying tiene su yang, in finland todo evento climatológico bueno tiene su putada esperándote agazapada tras cualquier esquina. Empecemos por el frío. Como ya dijimos en su día, el frío aquí es tu amigo. Te ahorra 5 minutos de pensar cada mañana y futuras hipotermias y golpes de calor a lo largo del día. -15 grados es una temperatura, lo creáis o no, más que razonable. Todo esto es posible porque en finlandia, al contrario que por Bilbao, apenas hay viento. Pero claro, nótese que digo APENAS. El día que sopla el viento, amigos, no hay abrigo de goretex o plumas de ganso ártico, guantes, ropa interior térmica o bebida alcohólica ilegal que sea capaz de alejar la sensación de que te están vertiendo sorbete de limón por la espalda y la bragueta. De hecho, hoy día sigo intentando averiguar si cuando se me ponen 3 dedos rojos como tomates y dos blancos debo cortar los unos o los otros. Por lo menos me siento más del Athletic que nunca.

También os conté si no recuerdo mal lo bonita que es la nieve y como te hace ver la vida de otro color (mayoritariamente blanco, para más señas). La nieve mola, eso es impepinable, e incluso cuando nieva en horizontal se le puede echar toda la culpa al viento y no cogerle manía. Pero lo que me tiene frito, ladys and gentelmen, es el puto hielo. Y no un hielo cualquiera, señores, hay dos hielos con nombre propio que me hacen soltar tacos dignos de un camionero en sus días más poéticos. El primero es el hielo que se forma en el punto exacto donde apoyo el pie izquierdo al abrir la puerta del portal (pesa lo suyo). No sabéis lo desesperante que puede llegar a ser quitarse un guante, abrir la puerta, resbalarse y que se vuelva a cerrar… por decimoctava vez en lo que va de mes. Está en mi puesto numero dos de las puertas mas odiadas de mi vida, sólo superada por la puerta de mi academia de inglés (dejaremos esa historia para otro día). El otro hielo, al que cariñosamente he bautizado como ElGrandísimoHieloHijoDePutaDeLaEsquina, es el que piso y cato con diferentes partes de mi cuerpo cada vez que tengo que salir corriendo de casa porque llego tarde a algún sitio (normalmente el autobús). Doblar la esquina a velocidades ultrasónicas nunca fue más fácil. Conociendo mi afición a olvidar citas/objetos importantes, podéis imaginaros las veces que he estado a punto de romper la barrera del sonido, y mi cadera en el proceso. Lo único bueno del tema es que solo corro al salir de casa, porque como un día ejecute la maniobra al volver voy a entrar en el piso atravesando la pared.

Fenómenos relacionados con el clima aparte, otro gran contra en finlandia es el autobús. Ya está el tiquismiquis, diréis, pero es que aquí el autobús tiene un algo que hace que lo odies desde el primer día. Bueno un algo, que coño, tiene por lo menos tres algos que desesperan al más pintado. Para empezar, hay que pararlo levantando la mano, como si fuera un taxi. Si no, el autobusero pasa de ti a pesar de que sea evidente que quieres subir (esto se comprueba dolorosamente los primeros días, cuando después de esperar 20 minutos al autobús y estar pensando en escupirle a un fines a ver si te da de ostias y entras en calor, el autobús se marcha porque tu no le haces un gestito con la mano). Cuando por fin consigues asimilar esto y montas en alguno, llega la siguiente sorpresa. Un viaje en autobús (de ida) cuesta casi 3 euros. Teniendo en cuenta que la comida en la uni cuesta 2, uno se pregunta si eso le da derecho por lo menos a conducir y atropellar un par de fineses (gracias al karmaggedon hoy en día sabemos que las embarazadas cuentan doble, que gran cosa son los videojuegos), o a ejercer derecho de pernada con las pasajeras del vehículo en cuestión. La tercera cosa del autobús que más repatea es que nunca, nunca, nunca esperan. Da igual si es el último hasta dentro de quince años, hace -30 grados y te persigue un oso polar rabioso. Si el autobús está arrancando y tú llegas, amigo mío, esperemos que tengas un libro, una estufa nuclear y un bote de arenques con algún veneno de acción rápida, o estás más que jodido. Nadie tiene un corazón mas frío que un finés con un vehículo de más de cuatro ruedas.

Podría poner alguno más, como que me cobren dos euros en cada garito que entro por coger mi abrigo y colgarlo de una percha (a pesar de que para algunos gorilas el asunto parece suponer un reto, yo domino el movimiento desde hace unos 18 años), pero tampoco quiero parecer quejica o infeliz, porque sinceramente y a pesar de vuestra envidia cochina, soy mas feliz que el lagarto de las botellas de tequila.

Hasta la siguiente!!!

viernes, 1 de febrero de 2008

1/02/2008 - Pros y contras (I)

Bueno, ya ha pasado casi un mes desde que aterricé en este pintoresco país lleno de nieve y rubias, y se hace necesaria una pequeña reflexión al respecto. Pero antes, a todos los graciosos que me dijeron aquello de “te vas a Finlandia y te asombras que nieve”, “y tu dices que eres de Bilbao” o “sabías a lo que ibas, ahora no vale llorar”, os deseo con todo el cariño del mundo un cambio brusco de 15 grados hacia abajo, aumento de la velocidad del viento en un 300%, y nieve de cara para que se os meta en los ojos mientras intentáis llegar a casa medio ciegos. Con todo el cariño.

Y ahora, al tema. ¿Cómo es Finlandia? ¿Hace mucho frío? ¿Te adaptas bien? ¿Es verdad que de Erasmus se pilla aunque seas tuerto, cojo, peses 230 Kg. y te haya hecho una lobotomía un estudiante de odontología en prácticas?

Pros y contras de la vida de Erasmus en Finlandia. Y un, dos, un dos tres…

Pros:

El frío. Si, que pasa. Por lo menos para los que vivimos en un sitio como Euskadi, que un día hace 5 grados y al siguiente 20, tener la seguridad de que va a hacer un frío del carajo sea el día que sea es una maravilla. Se acabó levantarse por la mañana, hacer la elección de ropa equivocada y pasarse el resto del día chupando frío, o calor. Aquí la única duda es si va a hacer frío o mucho frío, lo cual solo influye en el calzado (normal o extremo) y en lo rápido que andas hacia tu destino para no morir de hipotermia. Todo ventajas.

Unida al frío viene la nieve. Será que uno no la ve nunca, y no está acostumbrado, pero ver nieve virgen todas las mañanas te alegra el día, no se como explicarlo. Otra cosa sería que tuviera que quitarla de delante de casa con una pala, pero el chiringuito está bien montado. Hay unas maquinitas muy curiosas que se pasan la noche patrullando en busca de erasmus desprevenidos o borrachos, con la esperanza de pillarlos por la espalda y atropellarlos, y como efecto colateral despejan las calles. Ya van dos veces que estoy a punto de morir atropellado por una, pero por suerte dios me hizo despistado pero rápido de reflejos. Finland is different, and dangerous. Qué más se puede pedir.

La honradez. Vivir para ver, después de pasarse uno la vida en el país del chanchullo y la cara de cemento, esto es como el Vaticano pero con más rubias y menos pederastas. Para haceros una idea, aquí si pierdes algo no es que lo lleven a la oficina de objetos perdidos, es que perderán el culo por localizarte y devolvértelo, con un esfuerzo directamente proporcional al valor de la pérdida. De hecho, conozco ya dos casos de pérdida de llaves y tres de carteras, y han aparecido TODAS. Carteras con dinero incluido, no os vayáis a creer. También acojona ver como toda la uni cuelga sus abrigos en un macroperchero a la entrada sin ni siquiera asegurarse de que los bolsillos no tienen nada de valor, y abandonan los guantes a su suerte en unas mesas enfrente. En España, haces esto y lo siguiente que puede oírse es a alguien gritando: ¡¡¡¡ABRIGOS GRATIS!!!!

Para los listos que estéis pensando en venir, arramblar con todo y hacer la competencia a Zara, que sepáis que si mangas algo saben que ha sido un Erasmus, posiblemente español o italiano. Si no iba a estar yo comprando siempre comida de oferta.

Las fiestas. Aaaah, todos queríais saber de las fiestas ¿eh? Pues, para vuestra información, y por lo menos por ahora, no son para tanto (y si lo fueran, tampoco os lo contaría que sois unos envidiosos). Pero para compensar, y dado que aquí todo chus vive solo, las hay todos los días, y a pares los fines de semana, con lo que si te quedas en casa cenando sólo y aburrido es o bien porque eres pariente directo del Yeti o porque hay un examen en el horizonte. Y ni aun así.

Y por último… lo que todos lleváis esperando, y por lo que os habéis tragado este tostón… el famoso ligue en Erasmus. Sí, aunque ya he dado pequeñas primicias, hoy ha llegado el momento de saciar vuestra curiosidad y de que, si alguna que vive por aquí se pasa por el blog, me abra la garganta con la VISA y me tire a la madriguera de los osos polares. Ya sabéis, me gusta vivir peligrosamente.

El caso es que para empezar, como me temía, las finlandesas nada de nada. Pero nada de nada para mí, que soy raro y no me van las rubias de 1,80 y carnes abundantes, porque aquí el que no corre vuela. Ya hay dos que tienen “novia” autóctona, y de los escarceos de una noche prefiero no enterarme que luego hay que aguantar la risa y a mi se me da mal. Respecto a las que para mi se salvan (que las hay), aún no he tenido la suerte de conocer ninguna, y si tengo que apoyarme en mi capacidad de echarle morro creo que la cosa va mal, pero no me quejo. Que luego acabas en el catre con una de las que roba las sábanas, y eso en Finlandia tiene mucho peligro.

Respecto a los erasmus, la cosa se divide por ahora entre los que corren detrás de alguien, y los que corren delante de alguien. Yo, por el momento y conocido mi historial, me dedico a correr delante (esto no se elige, por desgracia) con algún que otro momento que aprovecho la carrera para perseguir a alguna, con moderación. Ya veremos como evoluciono estos meses, que nunca se sabe.

Hasta los contras!!!!!