martes, 19 de febrero de 2008

19/02/2007

Aaaay, ay ay, que abandonado tengo el blog, demasiadas cosas que hacer por aquí, parece que siempre hay algo más urgente que sentarse y escribir un rato. Estas dos semanas he encontrado como 20 nuevos pros de estar por aquí, más otros 20 que omití u olvidé en el anterior post. Pero, como soy un hombre de palabra, aquí vienen, contras en Finlandia.¡¡¡Que a pesar de lo que digan algunas malagueñas, los hay!!!

Y un, dos, un dos tres…

Empezando por la climatología, así como todo ying tiene su yang, in finland todo evento climatológico bueno tiene su putada esperándote agazapada tras cualquier esquina. Empecemos por el frío. Como ya dijimos en su día, el frío aquí es tu amigo. Te ahorra 5 minutos de pensar cada mañana y futuras hipotermias y golpes de calor a lo largo del día. -15 grados es una temperatura, lo creáis o no, más que razonable. Todo esto es posible porque en finlandia, al contrario que por Bilbao, apenas hay viento. Pero claro, nótese que digo APENAS. El día que sopla el viento, amigos, no hay abrigo de goretex o plumas de ganso ártico, guantes, ropa interior térmica o bebida alcohólica ilegal que sea capaz de alejar la sensación de que te están vertiendo sorbete de limón por la espalda y la bragueta. De hecho, hoy día sigo intentando averiguar si cuando se me ponen 3 dedos rojos como tomates y dos blancos debo cortar los unos o los otros. Por lo menos me siento más del Athletic que nunca.

También os conté si no recuerdo mal lo bonita que es la nieve y como te hace ver la vida de otro color (mayoritariamente blanco, para más señas). La nieve mola, eso es impepinable, e incluso cuando nieva en horizontal se le puede echar toda la culpa al viento y no cogerle manía. Pero lo que me tiene frito, ladys and gentelmen, es el puto hielo. Y no un hielo cualquiera, señores, hay dos hielos con nombre propio que me hacen soltar tacos dignos de un camionero en sus días más poéticos. El primero es el hielo que se forma en el punto exacto donde apoyo el pie izquierdo al abrir la puerta del portal (pesa lo suyo). No sabéis lo desesperante que puede llegar a ser quitarse un guante, abrir la puerta, resbalarse y que se vuelva a cerrar… por decimoctava vez en lo que va de mes. Está en mi puesto numero dos de las puertas mas odiadas de mi vida, sólo superada por la puerta de mi academia de inglés (dejaremos esa historia para otro día). El otro hielo, al que cariñosamente he bautizado como ElGrandísimoHieloHijoDePutaDeLaEsquina, es el que piso y cato con diferentes partes de mi cuerpo cada vez que tengo que salir corriendo de casa porque llego tarde a algún sitio (normalmente el autobús). Doblar la esquina a velocidades ultrasónicas nunca fue más fácil. Conociendo mi afición a olvidar citas/objetos importantes, podéis imaginaros las veces que he estado a punto de romper la barrera del sonido, y mi cadera en el proceso. Lo único bueno del tema es que solo corro al salir de casa, porque como un día ejecute la maniobra al volver voy a entrar en el piso atravesando la pared.

Fenómenos relacionados con el clima aparte, otro gran contra en finlandia es el autobús. Ya está el tiquismiquis, diréis, pero es que aquí el autobús tiene un algo que hace que lo odies desde el primer día. Bueno un algo, que coño, tiene por lo menos tres algos que desesperan al más pintado. Para empezar, hay que pararlo levantando la mano, como si fuera un taxi. Si no, el autobusero pasa de ti a pesar de que sea evidente que quieres subir (esto se comprueba dolorosamente los primeros días, cuando después de esperar 20 minutos al autobús y estar pensando en escupirle a un fines a ver si te da de ostias y entras en calor, el autobús se marcha porque tu no le haces un gestito con la mano). Cuando por fin consigues asimilar esto y montas en alguno, llega la siguiente sorpresa. Un viaje en autobús (de ida) cuesta casi 3 euros. Teniendo en cuenta que la comida en la uni cuesta 2, uno se pregunta si eso le da derecho por lo menos a conducir y atropellar un par de fineses (gracias al karmaggedon hoy en día sabemos que las embarazadas cuentan doble, que gran cosa son los videojuegos), o a ejercer derecho de pernada con las pasajeras del vehículo en cuestión. La tercera cosa del autobús que más repatea es que nunca, nunca, nunca esperan. Da igual si es el último hasta dentro de quince años, hace -30 grados y te persigue un oso polar rabioso. Si el autobús está arrancando y tú llegas, amigo mío, esperemos que tengas un libro, una estufa nuclear y un bote de arenques con algún veneno de acción rápida, o estás más que jodido. Nadie tiene un corazón mas frío que un finés con un vehículo de más de cuatro ruedas.

Podría poner alguno más, como que me cobren dos euros en cada garito que entro por coger mi abrigo y colgarlo de una percha (a pesar de que para algunos gorilas el asunto parece suponer un reto, yo domino el movimiento desde hace unos 18 años), pero tampoco quiero parecer quejica o infeliz, porque sinceramente y a pesar de vuestra envidia cochina, soy mas feliz que el lagarto de las botellas de tequila.

Hasta la siguiente!!!

4 comentarios:

AnArKiA dijo...

xD
Vas a volver kon el kulo plano de tanto resbalón
Rekuerdos!!!

Jonyas dijo...

Que patsa alumno xDD! Soy Jon, el de Vitoria. Anoto tu blog para enlazarlo al mío. Te paso mi dirección también. http://ouludiary.blogspot.com

Un Saludo!

Anónimo dijo...

hola!!

soy tam! q ya se echaba de menos tu blog!

de verdad crees q un lagarto en una botella de tekila es feliz? a ver si el frio y los mamporros contra el hielo te estan dejando trastornado...

wanfry dijo...

Con respecto a lo del bus no estoy de acuerdo. A mí, personalmente, me estuvo esperando a que llegará. Además, un bono te sale por 30 y pico de euros y puedes coger el bus cuantas veces quieras en un mes, cosa que sale rentable si lo usas dos veces en semana (onella o cualquier otro sitio :P).

JuanFran