sábado, 3 de mayo de 2008

El momento X

Esta historia comienza con un niño alegre y dicharachero, que se fue a comer a una cervecera en la idílica campiña guipuzkoana con sus papis. Tras la comilona de rigor, salió a hacer un poco el cabra con sus amigos mientras los progenitores descansaban de él, porque no se si lo habréis notado, pero un niño de esa edad suele ser un ente del que hay que descansar periódicamente. Aquel muchachuelo y sus amigos eran un gran ejemplo de ello, lo que podríamos llamar pesados de concurso. El caso es que se dirigieron a un estanque con peces que todos recordaban de anteriores comilonas. También recordaban a una señora gritando que eso era propiedad privada y que se fueran a hacer el idiota con viento fresco, pero como sabréis, eso a un niño de 9 años más que frenarle le espolea. Y por si esto fuera ya poca provocación, llegando al estanque en cuestión había un cartel prohibiendo el paso. Un estanque y dos prohibiciones explícitas; a nuestro tierno protagonista se le hacía la boca agua. Parecía, en toda regla, un gran día.

Para los que aún no lo hayáis adivinado, aquel dicharachero niño era yo.

Lo malo de los días de mierda, es que parecen un gran día hasta que llegas al momento X. El momento X es ese momento en el que descubres cosas como que el profesor te ha oído comentar que su asignatura es una mierda, que la chica de la que estás enamorado te diga que le gusta tu mejor amigo, o que un pastor alemán a dieta de menestras que te dobla en tamaño decida pasar del régimen y empezar el día con alegría, como diría Leticia Sabater. Otra de las particularidades del momento X es que llega de repente y a traición. En un instante estás triscando alegremente con tus amiguitos, y el siguiente estás en el suelo con lo que a ti te parece un tiranosaurio-rex redefiniendo la gastronomía típica de cervecera. Dado el súbito cambio de los acontecimientos, el primer pensamiento que acude a la cabeza suele ser algo así como “¿eh? Nono, aquí ha habido un error, esto no puede estar pasando. Por favor, avisen al servicio técnico, ha debido ser un fallo en Matrix”.

Por desgracia, en estas situaciones no se admiten reclamaciones, y mientras tú te dedicas a pensar en chorradas sin reaccionar, el momento X se deteriora a pasos agigantados. Por ejemplo, cuando el perrito decide empezar el menú por la oreja, cual si de un viejo verde se tratara y tú fueras un putoncillo verbenero cualquiera. Por suerte mi momento X acabó en ese punto, calculo que unos 8 segundos despuésde que hubiera empezado la fiesta. Dado que mi cerebro no reaccionaba, mis brazos tomaron el control y se lanzaron al cuello del monstruo-perro sin preguntar, probablemente salvándome la yugular, y ya de paso, la vida.

Diez minutos oliéndole el aliento a un pastor alemán es una experiencia que no recomiendo a nadie. Si encima tienes nueve años, y heridas por valor de 50 puntos de sutura canjeables en el hospital más cercano, puedo aseguraros que la cosa es bastante desagradable. Por suerte para vosotros os ahorraré detalles escabrosos, pero hay que reconocer que la experiencia fue apasionante, y la salida en escena digna de una película gore. Al fin y al cabo, que levante la mano al que le hayan evacuado en una ambulancia a velocidad de rally mientras lo que crees que es un sádico descerebrado the enchufa un chorro de de agua oxigenada en la oreja, que a esas alturas parece un coleccionable del Pais.

Pero no, hoy no os relataré los detalles ni intentaré haceros reir, porque lo que me gustaría que retuvierais en vuestra mente, pequeños padawans ávidos de mis enseñanzas, es una sábia moraleja que aprendí ese día y me ha sido sumamente útil en los años que siguieron.











Piensa…¿ya la sabes?








¡Efectivamente!: cuando alguien te coma la oreja, no pienses y deja actuar a tus manos. Ellas sabrán qué hacer.

2 comentarios:

Tamasan dijo...

Totalmente de acuerdo.


jajajaja


Las manos siempre lo que saben hacer,,,


aunque espero que quien me tome la oreja sea un apuesto joven y no un perro,,,


y 50 puntos,,, tela e!!!

lirinem dijo...

XD muy buena moraleja, la tendré en cuenta...
en cuanto a lo del momento X... dios, no se por qué pero soy experta en crear esos momentos, en especial esos momentos en los q quedo en absoluto ridículo o digo algo así como "mirala, si es q parece de pueblo" a una amiga de la persona en cuestion, o gritar a pleno pulmon "me voy a decanato a quejarme de esta profesora!! alguien se viene???" justo en frente del despacho de dicha profesora, con ella dentro. claro.

jeje, tb me mordió un perro, no fué tan traumatico, pero si anecdotico: un caniche con las uñas pintadas de rojo y un kiki en su pelo peinado de peluqueria...

un beso!!