miércoles, 21 de mayo de 2008

Pagar por nada

Mientras miro la segunda parte de la historia del ligue, decidiendo si mis ansias de publicación de tonterías son lo suficientemente fuertes como para poner en grave riesgo mi vida, he escrito esta pequeña reflexión que lleva días atormentándome. Se admiten opiniones, huelgas, acciones criminales…

Y un, dos, un dos tres…

De verdad que no lo entiendo: pagar por nada.

Las compañías normales de servicios tienen un funcionamiento muy básico y sencillo: tú pagas por algo, y ellos lo hacen. El mundo ha funcionado así desde hace tiempo, y salvando guerras y desastres varios, en general no ha ido mal. Sin embargo, sin que mi pequeña mente acabe de encontrar la explicación, hay dos tipos de compañía que han cambiado el concepto, alehop, de una forma que me fascina. No se paga por el servicio, sino por la posibilidad de que el servicio se lleve a cabo.

Como decía la canción, la vida es una tómbola.

La primera de ellas, las compañías aéreas, han llevado esto al extremo del arte, consiguiendo hasta un término técnico y perfectamente legal para el chanchullo. Se llama overbooking, y es el sueño de cualquier empresario. Estoy seguro de que todos sabéis como funciona, pero voy a explicarlo por si las moscas. Se tiene un avión de pongamos 900 plazas, y se venden 1000. Si de casualidad se presentan más de 900 personas con billete no pasa nada, se les tiene esperando hasta que haya un avión con hueco que pase cerca. Luego se les tira en paracaídas, y al que no da las gracias se le da el que estaba vacío. Por supuesto, todo está en el contrato de 5 páginas a letra Arial 4 que ni viste cuando estabas clicando “siguiente”, así que quejarse si sobrevives al aterrizaje no es una opción.

No se si soy el único que flipa con estas cosas, pero a día de hoy sigo sin entenderlo. Es como si vas a un restaurante, pagas por un plato de pasta, y después de tenerte 12 horas esperando te dicen… la verdad es que su plato de pasta se lo hemos dado a ese señor de ahí, porque no sabíamos si al final iba a tener hambre. Pero si quiere le podemos servir unas alcachofas ricas ricas. ¿Quejarse? ¿Cómo? ¿No ha leído la letra pequeña de la carta?

Y es que además ahora, faltos de retos después de metérnosla doblada con el overbooking, han conseguido rizar el rizo. Te venden un vuelo, pongamos Bilbao - New York, New York. Pongamos también que tú, inocente corderillo, pierdes el de ida y decides ir a nado, como aconsejaba Google hace bien poco. Una persona normal pensaría: vaya, he perdido el primero pero al menos me queda el de vuelta. De hecho, como si quiero poner un playmobil sentado en el asiento porque me hace ilusión que de la vuelta al mundo, es mi billete.

¿O no?

Pues no pequeños pádawans, hoy en día según algunas compañías, si no coges el vuelo de ida, ya no puedes coger el de vuelta, tu billete ha sido cancelado y encima ni te devuelven la pasta, ni te avisan, y para más inri se quedan con tu playmobil. Esto ya si que me parece digno de aplauso. Volvamos a la analogía de los restaurantes, porque no tendría desperdicio, sería de lo mas divertido ¿os imagináis? Pongamos que pides pasta y filete. Pongamos que la pasta está asquerosa, no la quieres, y se la llevan. Ahora tienes hambre, estás deseando que llegue tu filete, pero te tienen doce horas esperando en la mesa, y cuando montas en cólera y preguntas por el resto de tu comida se te informa de que las normas del restaurante prohíben servir segundos platos a cualquiera que no se acabe el primero como un niño bueno. Me diréis que no tiene mérito, las compañías aéreas nos han devuelto a los cinco años, y encima pagamos. El que lo propuso todavía tiene que estar empalmado de la emoción que le dio saber que habían colado semejante tejemaneje.

El segundo tipo de compañía que me fascina es la de mensajería. Estos ya no es que tergiversen las normas sociales, es que directamente utilizan tácticas criminales. Aquí si que puedo hablar por experiencia propia, porque el otro día fui a mandar un paquete a casa. ¿Económico o normal? Pregunta la finesa del mostrador con alegría. Yo me planteo la pregunta. Vamos a ver, quiero mandar un paquete, ¿qué tipo de diferencia en el trato puede haber? ¿Tendrán mi chamarra y mis botas más sitio para estirar las piernas? ¿Les servirán desayuno? Tras llegar a la única conclusión posible de que la diferencia es que el económico tarda más, intento confirmarlo con la tipa. Pues no, resulta que el económico si se pierde es imposible rastrearlo, mientras que el normal al parecer lleva un código de barras que permite su recuperación. Ah, cuesta el doble. Llegados a este punto, uno se plantea: ¿pero si yo pago 30 euros por que me lleven un paquete de A a B, lo suyo no sería que no lo perdieran? Al fin y al cabo todo su trabajo consiste en NO perderlo. ¿Por qué estoy pagando exactamente?

Tras confirmar con un suspiro que mi paquete está embalado, precintado, y que lo único que le hace falta es que le pongan una bolsa en la cabeza y le apunten con una pistola (suerte que no tiene cabeza), me dispongo a hacer de tripas corazón y pagar el precio “normal”. Pero el show al parecer aún no ha acabado, porque por la cara de la tipa juraría que debajo del mostrador está untando un consolador de calibre 45 en vaselina. La miro. Me mira.

-¿Quiere contratar seguro?

- No gracias, aun soy joven. Además, ¿esto no era una oficina de correos? ¿Le permiten pluriemplearse? Que poca seriedad.

- Seguro para el paquete. Si se pierde, le reembolsamos el valor del envío.

- ¿Si se pierde?

Mi confuso cerebro se funde como una bombilla vieja intentando procesar el calibre del timo. A todo esto, casi oigo llorar a mi pobre caja diciéndome “dales lo que pidan, dales lo que pidan por dios, han dicho que si no me mandan a casa en trozos”.

¿Cómo es posible que necesite un seguro para mi caja cuando lo bueno del envío normal es que evita que tu paquete desaparezca? ¿Qué estoy pagando entonces con el normal que no pague por el económico? A estas alturas, incapaz de luchar contra el sistema y de llevar unas botas de 4 kilos en mitad de mayo por los aeropuertos de medio mundo, me resigno a la evidencia, y Bidatz y yo pagamos el sucio chantaje al que nos están sometiendo.

Veinte minutos después, en casa, un inquietante pensamiento se instala en mi cabeza.

¿Habría sido posible coger el económico con seguro?

Shit!!!!!

Malditas compañías diabólicas…

4 comentarios:

Anne-Françoise dijo...

te vas pareciendo a Andreas!!!XD

NAIARA dijo...

Buenas!!
Ya lei tu comentario en mi espacio, me alegro de que te hiciera ilusión. Pero gracias a ti por escribir con tanto humor e ironia, es un gusto leerte.

Un beso!

Aiosss

Ruth dijo...

XD q bueno!! jajaja, es verdad, esto de pagar por nada... muy fuerte lo del economico-normal-con seguro, q jodido... es realmente un timo!!!

un muxuu, nos vemos pronto!!

Olatz dijo...

joe, pues hijo tienes toda la razón del mundo, y decirte que me muero de ganas de ver lo de ligar en el pais vasco....ese tema ....no deja indiferente a nadie xD jeje

por cierto estaras ya en bilbo o camino a, bueno viaje!
q tal to?