lunes, 30 de junio de 2008

Hay mucho gilipollas suelto

Hay mucho gilipollas suelto.

Sé que suena prepotente, pero es lo que hay, amigos. Y no os vayáis a creer, porque en algunos aspectos me cuento entre ellos (puesto a hacer el gilipollas, no me quedo manco). Pero hay que reconocer que el número de gilipollas a pleno rendimiento sueltos supera todas las expectativas. Se dice que España cuenta hoy día con la mejor generación de deportistas nunca vista. Yo amplío. Además, tenemos una selección de gilipollas que desafía las leyes de la estadística. Si hubiera una Eurocopa de gilipollas, nos habrían eliminado. Por gilipollas.

Por supuesto, el mundo de la farándula y el espectáculo ficha a los mejores de la nación, algo de lo que están muy orgullosos, porque nos los endosan por la tele a la menor oportunidad. Por desgracia, mis limitados conocimientos televisivos no me permiten poner nombres propios, pero estoy seguro de que todos los reconocéis. Al fin y al cabo, semejante derroche de gilipollez no pasa inadvertida. Mis favoritos, o lo que viene a ser, los únicos que soy capaz de aguantar más de cinco segundos, son los integrantes de los debates. Un día veo a Marina Jiménez (lo siento a las Marinas, es el primer nombre que se me ha ocurrido) discutir a grito pelado sobre la clonación, y al día siguiente está reventando micrófonos con sus infundadas opiniones sobre la educación, o la no-crisis económica. Curriculum de María Jiménez: tirarse a Guti, o rizando el rizo, casi tirarse a Beckham. Y así, hasta el infinito.

Los gilipollas artistas también me abruman, y en este campo también tenemos claros ganadores. Los pseudocantantes de hoy día, que tanto se quejan de lo que les pirateo (busca en mi MP3 una canción tuya y llora, Ramoncín) están incluso convenciéndonos de que la culpa de que sean un fracaso somos nosotros, el público. Claro. Si sacáis dos céntimos por disco porque vendisteis vuestra alma a una discográfica en vez de empezar desde abajo y palmar el 99%, como el resto de los músicos, ahora no me digas que si vendes menos de veinte mil copias no tienes para comer. Porque tu disco da asco. Tiene una canción buena (veinte mil monos con veinte mil máquinas de escribir…) y el resto no valen ni para amenizar una verbena de sordomudos.

La culpa de la crisis musical no la tiene la piratería, la tienen los grupos mediocres compuestos de gilipollas cantando canciones compuestas por otros gilipollas, que en su mayoría sólo dicen… oh, sorpresa. Gilipolleces. Y encima eclipsan a otros que se dedican a hacer lo suyo, componer y cantar en conciertos modestos, e ir ascendiendo peldaño a peldaño, si lo merecen, como cada uno en su campo.

Mención especial tengo para los gilipollas periodistas, y tengo un amigo en la carrera así que tendré que andarme con pies de plomo. Pero es que cada vez que pongo un telediario y veo a un cantamañanas presentando un reportaje de un tema que ni se ha molestado en investigar, y destrozando el castellano a base de patadas en la entrepierna verbales, no puedo sino constatar la infiltración de este grupo en todas las áreas de la sociedad. “Si yo habría ido” es gramaticalmente incorrecto, y lo puede decir cualquiera menos alguien cuyo plato de lentejas dependa de su capacidad de expresión”. ¡¡Pedazo de gilipollas!!

Me quedan muchos, no os vayáis a pensar, que ni siquiera he tocado la política, pero para eso necesitaría escribir un libro, y mientras sólo lo pidan Dani y Sara, no cubro gastos. El tema es, creo que nadie puede ya rebatirlo, que nuestra producción nacional de gilipollas es claramente sobresaliente, siendo tal el nivel de excedentes que tenemos que exportarlos (allí estaba Enriquito Iglesias haciendo playback antes de la final de la Eurocopa). Y uno no puede evitar plantearse ciertas preguntas inquietantes.

¿De verdad son nuestros gilipollas producto de la casualidad y de un triple salto mortal, alehop, de la genética? ¿Es posible que, mientras que músicos, matemáticos, físicos, etc, necesiten años de perfeccionamiento en escuelas especiales, nuestros gilipollas alcancen ese nivel apabullante de forma innata?

La respuesta, tan evidente como preocupante, es un NO rotundo. Claramente imposible. Tengo la absoluta certeza de que existen oscuras instalaciones, bases por toda España donde se entrenan a los gilipollas en secreto, recogiendo a los talentos más brillantes desde su niñez y preparándolos para deslumbrar al mundo con su gilipollez llegado el instante adecuado. Que alguien busque una explicación más probable, y la comparta. Mientras tanto ya sabes, si ves que tu hijo a sus tiernos seis añitos te contesta como un matón de discoteca, piensa que un libro es un posavasos, y te escupe de vez en cuando (aún estás muy alto como para que te de una buena zurra), no lo pienses más. Tienes un gilipollas que sólo necesita ser pulido para llegar a contertulio, político, y quien sabe si algún día, presidente.

La gilipollez no conoce límites.

viernes, 20 de junio de 2008

Las 10 pequeñas cosas que, de verdad, no entiendo.

Yo lo intento. De verdad. Intento comprender este mundo en el que he nacido, pero es que es imposible. Esta lleno de pequeños detalles que me desesperan, que no dan para un post entero, pero hacen que el universo me resulte un lugar hostil y desconcertante.

Hoy, con todos ustedes…

Las 10 pequeñas cosas que, de verdad, no entiendo.

Y un, dos, un dos tres...

10 - ¿Por qué la gente se vuelve un 200% más agresiva cuando conduce un automóvil? Si parece que en vez de montarse en un coche les han dado una porra y un tricornio. Hasta las señoritas fisnas con su trajecito y sus gafitas se sienten capaces de batirse el cobre con un tigre de bengala mientras estén en la intimidad de su coche, y ya no hablemos de un mandril agresivo de por si. Cuando esos ven una peli de James Bond y el coche dispara cohetes, para ellos no es ficción: son posibilidades.

Y luego me preguntan por qué le tengo manía al tunning.

9 - ¿Por qué a las mujeres no les gustan los videojuegos?

¿Por qué recibo una mirada de desprecio cuando comento que me encanta el Tekken? ¿Tengo algún tipo de tara genética? Está claro que la diferencia más palpable entre hombres y mujeres no es ni anatómica, ni espacial, ni siquiera está relacionada con el fuera de juego. Simplemente, que estés a una mísera media hora de cargarte al MegaMonstruoDeLaMuerte para ellas no significa nada. Y luego dicen que tienen corazón. Ja.

8 - ¿Cómo es posible que alguien pueda reventar un avión con un tubo gastado de pasta de dientes?

Da miedo pensar en el tipo de gente que controla un aeropuerto. Nada más impactante que que te pare un gorila, abra tu mochila, frunza su única ceja y te diga: con esto no puedes entrar. Claro señor “agente”. Me ha calado. ¿Cómo ha sabido que mezclando la pasta de dientes con los pistachos conseguía nitroglicerina? ¿Ingeniero químico el nene?

En serio, si puedo meter una sustancia capaz de reventar un avión en un tubo de pasta de dientes, que alguien me explique si no es posible que se haya inventado un explosivo sólido no-metálico. De hecho… oh, existen miles. Mejor me callo, que como se enteren prohíben los sólidos en los aviones.

7 - ¿Por qué la gente se empeña en contarme su vida sentimental con su nick del messenger?

Si, se que muchos lo hacéis. Y lo siento, pero lo odio. No me importa, y si me importa, no considero que tu nick del messenger sea el canal de comunicación adecuado para enterarme de esas cosas. Invítame a un café, cuéntame que la vida es maravillosa, y yo te daré una palmadita en la espalda para que te vayas a casa contento. O te diré que me la suda. Pero no quemes mis retinas cada vez que miro mis contactos, por favor.

Y lo peor es que cuanta mas volativilidad parejil, más exhibicionismo. De ahí que la mayoría no pongan nombres, sólo cosas como: “te quiero cari, eres lo mejor de mi vida, sin ti no soy nada”. Así si mañana cambian de pareja no hay ni que tocarlo.

Mi razón número uno para eliminar a alguien del messenger.

6 - ¿Por qué hay gente que cuando va de compras se empeña en entrar en todas las tiendas del hemisferio en que se encuentre?

“Es que igual encuentro algo mejor” no me vale. Siempre hay algo mejor. Y más barato. En Calcuta probablemente puedas comprarle al niño que ha hecho esos zapatos seis pares por veinte céntimos. Coge unos y vámonos. Gracias a dios, nací con el don de ser feliz con lo primero que encuentro (en ropa). Que sepáis que viviré, de media, 5 años más, que vosotros habréis gastado en buscar ropita. Se siente.

5 - ¿Por qué sigo sin saber bailar?

Ya he aprendido a andar. A comer sin mancharme. Incluso me he sacado una ingeniería, hago dos artes marciales con una cierta soltura, y acabo todos los sudokus de los periódicos. ¿Qué tiene el baile de especial? ¿Por qué no es asignatura obligatoria en los colegios? ¿De qué me sirve a mí a estas alturas de la vida saber chutar un balón, o meterlo por un aro, si estoy más perdido en una discoteca que Steven Seagal en la gala de los oscar? Reivindico un espacio de ligue donde no sea necesaria una voluntad de kamikaze y mover mi cuerpo al son de música a un volumen claramente ilegal. Y lo reivindico YA.

4 - ¿Por qué el pan de molde no encaja con el embutido?

Por dios, que alguien lo haga ya. Me da igual si hacen el salchichón cuadrado, o el pan redondo, pero mi vida no puede continuar así. Quiero, atención, dos capas de “lo que sea” entre pan y pan, donde “lo que sea” puede ser jamón york, chóped, chorizo o cerdo agridulce, me la suda. Pero dos. Con una está soso, y con tres hay la misma cantidad que de pan. Tenemos sandías sin pepitas, y yogures con Power Rangers dentro que matan a los virus con lasers, así que que nadie diga que tecnológicamente es inviable.

3 - ¿Por qué sigo siendo el raro cuando digo que uso el bidé?

Que sepáis que cuando solo hay papel tiro de papel, pero es claramente antihigiénico si lo comparas con agua. Si no me crees, tira seis cucharadas de chocolate semiderretido en una bandeja, y prueba a quitarlo con papel higiénico. Ahora imagínatelo en una superficie porosa y con pliegues.

Seamos serios, si eso funcionase lavaríamos la ropa y los platos con servilletas de papel, y no con agua y jabón. A ver si meter el culo en remojo deja de ser tabú de una vez.

2 - ¿Por qué todo el mundo me echa cinco centímetros menos de lo que mido en realidad?

Si. Mido 1,70. Para ser exactos, 1,71. Se que es poco, pero si midiera menos también te lo diría.

Estoy empezando a creer que soy un efecto óptico andante, o reflejo la luz de diferente manera. Hasta chicas de 1,60 se me ponen de frente a ver si de verdad les saco un trozo. Estoy por contratar a mi médico de cabecera a tiempo completo sólo para que me siga y de fé del asunto. O de tirar de katana y ponernos a todos a la misma altura, no lo tengo muy claro aún.

Y aquí acaba mi lista. ¿Y no falta el número uno, os preguntaréis? Pues sí. Pero hay tantos y tan fascinantes misterios por la vida, que me resultaría difícil asignarle a uno el primer puesto. Siempre podéis proponer uno vosotros.

Hasta otra!

martes, 10 de junio de 2008

De verdad que no entiendo, el antiguo testamento.

El otro día, escribiendo la primera parte de la aún inacabada Historia del ligue, recordé varios personajes bíblicos que nunca acabé de comprender. Hombres ilustres que vivieron situaciones absurdas, y que en vez de pararse a pensar y a hacer las cosas bien, se dedicaron a tomar el camino difícil, con lo que se organizó un pitote que aún dura. De lo malo malo, dirían algunos, quedó un libro la mar de entretenido. Si eres muy creyente, por cierto, yo que tu pararía de leer.

Y un, dos, un dos tres…

De verdad que no entiendo, el antiguo testamento.

Todo comenzó con Abraham. Para los que no le conozcáis, Abraham era un señor con pinta de abuelete que quería mucho a Dios. Como al parecer Dios es un poco celosón, le pidió que se cargara a su hijo al viejo método de daga allá por donde se ata la corbata, y Abraham, que chocheaba un poco, lo cogió y fue a darle matarile. En el último momento bajó un ángel (dios pide mucho, pero a la hora de la verdad suele ser un poco vago para eso de andar yendo y viniendo) y le paró los pies. Luego mataron un cordero que casualmente estaba a mano para no dejar a nadie con las ganas.

Y digo yo, vamos a ver… ¿a nadie le suena raro eso de que Dios ande exigiendo pruebas de sangre y amor eterno? Pero señores, que es Dios. El que le hablas mentalmente, y te escucha, a ti y a 6000 millones más. El que sabe si te tocas a las dos de la mañana cuando el insomnio aprieta. ¡Que lo sabe todo! ¿A qué viene torturar a un pobre viejales para averiguar algo que ya sabe? ¿Y Abraham por qué no le dijo que mirara en su corazón, así en plan actriz de vodevil, y se dejara de historias? Pues no, total, cogió a su sanote hijo de unos veinte años (recordemos que Abraham estaba un poco pocho ya) y fue a rajarle por la gracia de dios, sin que haya constancia de que Isaac (el hijo) se resistiera siquiera.

Y es que, por lo que se ve, tampoco parece que el chaval tuviera muchas luces. No se vosotros, pero si a mi me viniera mi padre con un cuchillo en la mano diciendo que ha hablado con Dios y que me tiene que extirpar las amígdalas sin anestesia, como poco tendría un par de cosas que objetar. Al fin y al cabo, a mi me parece muy bien que se pruebe la fe de mi padre, pero no veo que tiene que ver eso con mi cuello. Si quieren que sacrifique algo muy preciado, que se corte el pito, que al parecer le tenía cariño, teniendo en cuenta lo que lo usó después del episodio. Y eso que no hubo tiempo de preguntarle al cordero que pasaba por allí que opinaba de todo el asunto.

Después de esta movida, al parecer Abraham vivió otros chorrecientos años con grandes suministros de viagra, porque tuvo doce hijos como recompensa por su fe inquebrantable. Dios no le dio ninguna hija, ya que consideró que el viejo había tenido bastantes disgustos como para encima discutir sobre con quien salía la niña o las minifaldas que llevaba. Pero bueno, que de la camada acabó surgiendo el pueblo hebreo, que según cuentas las crónicas, creció, se multiplicó, y como tenia toda la pinta siendo un pueblo surgido de matrimonios entre primos, acabó peor que mal, esclavo de los egipcios.

Los egipcios, por aquel entonces, se dedicaban a la construcción de macro-parkings piramidales, por aquello de la superpoblación de camellos, que cada familia tenía tres o cuatro y no había quien aparcara, y habían decidido usar a los hebreos de mano de obra barata. El tema es que al parecer Dios tenía cosas mejores que hacer que andar vigilando lo que pasaba por ahí, pero de repente cayó en que andaba todo un poco chungo, así que se le apareció a Moisés, nuestro segundo gran personaje. Moisés había tenido una vida agitada: se había librado de una masacre mientras hacía la bajada del Nilo en cesto, y luego había renunciado a ser príncipe y se había hecho pastor, que eso es vocación y lo demás son chorradas. Pero bueno, parece ser que Moisés y Dios tuvieron una charla. Se decidió que, en vez de echar a los egipcios, que al fin y al cabo eran los malos de la historia y los que adoraban a dioses con cabeza de chacal en vez de a zarzas parlantes (hay que ser capullo y crédulo), pues mejor que se fueran los hebreos a dar un garbeo por el desierto. Y luego, ya veríamos.

Total, que para convencer al faraón, dios le dio a Moisés un palo. Sisi. Un palo. Vale que era un palo grande, pero… ¿un palo? Que digo yo… tienes que liberar a tu pueblo, ¿y te dan un palo? Yo creo que Moisés se conformaba con poco, la verdad. Si yo tuviera que liberar hoy día a un pueblo, pediría un ejército de arcángeles con sus espadas llameantes, que las traen de serie ya, y todo se habría solucionado mucho más rápido. Porque claro, Moisés se plantó delante del faraón con su palo, y el faraón se descojonó de él cosa mala.

Pero ay, el palo era mágico, y Moisés empezó a hacer de las suyas. Lo malo es que no se leyó el FAQ (en su descargo hay que decir que nadie lo hace), y aunque al parecer agitó el palo para cargarse al faraón, lo que pasó fue que empezó a llenarse todo de ranas, y la cosa quedó muy poco impresionante. Como era un tío persistente siguió agitando el palito a ver si acababa de pillarle el truco, y entonces salieron las langostas. Al faraón eso ya no le hizo tanta gracia porque se comieron los sembrados, pero el tema es que cuando tienes 100.000 esclavos que alimentar, siempre puedes quitarles a ellos la ración, así que tampoco se arregló gran cosa. Pero vamos, que Moisés andaba embalado, y no se sabe si a propósito o por accidente, transformó el río Nilo en sangre, y eso ya empezó a acojonar más. El problema es que, como las langostas se habían cargado la cosecha, no había nada que regar, así que el faraón decidió mantener la apuesta aún cuando estaba claro que la cosa iba a acabar peor que las actuaciones de España en Eurovisión. Matar a Moisés al parecer no se le ocurrió, o igual sí pero no le pareció moralmente aceptable, que una cosa es esclavizar pueblos elegidos y otra cargarse profetas que te andan llenando el reino de bichos.

Total, que Moisés ya encontró el manual de instrucciones del cayado, y le dijo al faraón que o se achantaba o se iba a cargar a los primogénitos de Egipto. Lo malo es que el faraón, que había oído la historia de Abraham, pensó que también era la coña de siempre, y a la mañana siguiente se encontró con todo el pastel, lío que aprovechó Moisés para pirarse con los 100.000 judíos sin que nadie se diera cuenta. Me gustaría ver a 100.001 personas saliendo de puntillas de Egipto, tuvo que ser un espectáculo, pero eso es otra historia.

Al final el faraón les persiguió, pero Moisés para esas alturas era sacerdote de nivel 22 con sabiduría 20, así que empezó a tirar conjuros de alto rango rollo columnas de fuego y mares que se abren, y el faraón acabó haciendo buceo allá por el mar rojo. Por capullo.

De todas formas, aunque la cosa acabó bien, digo yo que si Moisés hubiera empezado diciendo que se marchaba con el pueblo hebreo respaldado por una columna de fuego (o por Chuck Norris, que acojona todavía más) todo habría ido mucho más suave, pero a ver como rellenas tu 5000 paginas con una historia tan sosa.

Así que al final, después de liarla parda, al cayado se le acabaron las pilas y Moisés se encontró en mitad del desierto sin GPS, con lo que acabaron dando más vueltas que Ernesto de Hannover volviendo a casa después de una noche de farra. Al parecer a Dios se le había ido la olla otra vez, así que les tuvo cuarenta años dando tumbos hasta que se acordó de la liada de Egipto y bajó a charlar con Moisés a ver como iban las cosas. Por lo que se sabe, Moisés, que ya estaba más que mayor (recordemos que 40 años antes el tío no era un chaval precisamente) se quejó de que la gente andaba un poco descarriada, por lo que Dios le grabó en dos piedras los 10 mandamientos. Hay que tener mala baba para ponerle a Moisés, con lo cascado que estaba, a cargar con dos piedras mientras bajaba del monte Sinaí, en vez de escribírselos en un pergamino, pero cualquiera se pone a discutir con Dios a esas alturas. De mientras, los hebreos habían encontrado un montón de oro no se sabe dónde, así que habían decidido construir un becerro y adorarlo, cosa que al parecer a todo el mundo menos a mí y a Moisés le pareció lógico, porque nunca se ha oído a nadie más extrañarse del tema. Total, que Moisés se pilló un rebote bueno, que ya se sabe que los abuelos tienen muy mala leche, y partió las tablas en un acceso de furia, pero el final la cosa resulta que no era para tanto y tiraron para la tierra prometida.

Y se murió.

Sefiní.

Sí, voy a acabar aquí, que probablemente los pocos que hayan acabado de leer estén a punto de desertar. Pero que conste que aún me queda mucha Biblia. Si es que vaya pedazo de libro que os perdéis los que no os gusta leer.

miércoles, 4 de junio de 2008

La historia del ligue (y II)

Hace tiempo hablamos de la historia del ligue y de cómo, tras arduos esfuerzos, el ser humano perfeccionó (por decir algo) sus técnicas hasta llegar a la situación actual. Y claro, hoy, por mucho que me duela, toca hablar de la situación actual.

Como pocos sabréis pero muchos deberíais, he disfrutado de un increíble período de erasmus en Oulu. Para los que no sepáis mucho de qué hablo, diré que Oulu es un pueblito allá por en medio de Finlandia. Para los todavía más despistados, Finlandia es un país al norte de Europa, compuesto de hielo, nieve y vodka a partes iguales.

El caso es que, sin querer engañar a nadie, la gente en Finlandia es en su mayoría como el clima: fríos como el estetoscopio de un médico, y más secos que un bocata de polvorones. Y aún así tengo que decir, sin ningún ánimo de ofender a mis féminas lectoras de Euskadi, las más majas y guapas del planeta, que sí, que hasta en Finlandia las chicas son menos bordes.

Y es que, después de años y años de evolución, uno no se explica qué ha pasado por aquí. Por un lado, en humilde opinión del escritor, tenemos a las mujeres más guapas del planeta, con excepción de alguna sueca y rusa despistadas, y los que piensen que estoy haciendo la pelota que sigan leyendo que hoy toca para todos. Aún así, algo falla, y no sabemos qué. Analicemos la situación en Bilbao, por ejemplo.

Hoy en día ligar en Bilbao está aproximadamente en el mismo nivel en la escala de dificultad que ver el cometa Halley, un arco iris y una aurora boreal, todo a la vez. Sin caer en los excesos de cierto email que pulula por ahí, vamos a analizar de forma objetiva lo que una mujer de hoy en día busca en un hombre un sábado por la noche. Sin paños calientes.

1 - Que sea razonablemente atractivo.

2 - Que tenga esa pinta de cabrón-pero-en-el-fondo-es-un-buenazo que las vuelve locas.

3 - Que baile de forma aceptable.

4 - Que sea simpático, sin ser pesado.

5 - Que sea gracioso, sin ser payaso.

6 - Que le haga un piropo de vez en cuando, a ser posible con cierta gracia.

7 - Además de esto, suma puntos tener coche, trabajar, y/o vivir solo, por aquello de las tres libertades que brindas. Libertad de movimiento, libertad económica, y libertad de echar un polvo sin demasiadas complicaciones.

Como se puede ver, he intentado no caer en excesos, y aunque puede que alguna se lleve el dorso de la mano a la frente y ponga los ojos en blanco antes de desmayarse, la cruda realidad está así. Se admiten correcciones, ya que de todas formas este es un blog educativo. En general podemos decir que el listón en Bilbao está a un nivel semi-profesional. Pero… ¿qué hacemos nosotros para estar a la altura? En un alarde de original el Homus Euskaldunus, tras largos años de estudio de las tácticas mencionadas en el capitulo uno, ha llegado a las siguientes conclusiones.

1 - El aspecto exterior no es importante. Vistiendo de la forma más estrafalaria posible demuestro mi personalidad. Ducharse entra dentro de esta filosofía.

2 – Es importante parecer buenos para que la victima no huya, luego ya sacaremos al cabrón que llevamos dentro.

3 - Bailar es de fracasados y maricas. Aquí somos hombres de pelo en pecho, lo importante es acercarse a menos de dos metros y luego arrinconarla contra una pared usando los brazos a modo de elemento anti-fuga.

4 - Intentar hablar con una chica es casi tan de fracasado como bailar. Meterle el morro durante los cinco primeros minutos es fundamental (si son 5 segundos mejor).

5 - ¿Reír? ¿Qué tiene que ver reír con ligar?

6 – A las mujeres les gustan los tíos directos. Después de decirle que está buena, hay que meter el morro (again). Cuanto daño ha hecho Hugh Grant a la sociedad.

7 – Tener 27 años y seguir intentando sacarte la carrera mientras vives en casa de tus padres y te desplazas en metro es normal, y hay que estar orgulloso de ello.

Sobran las explicaciones.

El problema es que al menos yo, aún después de este duro y descorazonador análisis, sigo totalmente desorientado. Y es que desde el momento en que ves en la distancia a una estupenda que te gusta hasta que se da el milagro de que contactáis en algún nivel físico/mental/espiritual, hay que pasar por una serie de fases intermedias que me resultan más agotadoras y estresantes que una gincana en un circo romano.

Lo primero es enamorarse. Esto, aunque parezca que no, es indispensable. ¿Por qué? Una mujer no entenderá que haya más de una chica en el bar que te parezca atractiva, y por consiguiente hayas intentado entablar conversación antes con otra, lo consideran una gravísima ofensa. Por consiguiente, enamorarse es fundamental. Hay que escoger a la mujer de tus sueños basándote sólo en el físico (si, así está montado el chiringuito, a mi que me registren), y prepararse para el equivalente a una entrevista de trabajo de la NASA cuando aún no has acabado Primaria.

Lo primero es establecer contacto visual con la victima. Hay que tener cuidado, ya que lo que se intenta que sea una penetrante mirada seductora suele confundirse como un intento de violación visual, dando al traste con todas las buenas intenciones. También es importante no mirar mucho ni directamente, pero no perder de vista el objetivo no vaya a ser que nos perdamos el momento revelador. Como se puede ver, el asunto tiene su tema.

Una vez que se obtiene contacto visual o se acaba la paciencia, llega el momento estelar de la noche, donde lo más seguro es que acabes con la autoestima tan por los suelos que hubieras preferido ir a tirarle piedras a una pandilla de skins. Hay que acercarse a tu presunta futura mujer, saludarla como si os conocierais de toda la vida, y decir algo ingenioso y original que te separe de los 9658 tíos que se le han acercado previamente. A ser posible, esta frase para romper el hielo debería llevar con un piropo implícito que tarde 1,5 segundos exactos en pillar. Este timing es importante, ya que menos sería demasiado evidente y descarado, y más la harás parecer tonta. O peor todavía, si es tonta no lo pillará nunca, dando al traste con nuestros esfuerzos.

Suponiendo que después de esto los dioses y ella te sonrían, empezaréis una agradable conversación. Por desgracia, una vez que se llega a este punto hay que mantener el difícil listón que tu mismo te has colocado, y tener una charla entretenida, divertida, con algún que otro piropo incorporado, y sin caer en tópicos. Con suerte, en algún momento sacará la mano del bolso, lo que significa que ya no siente la necesidad de tener cerca el spray de pimienta y ha dejado de considerarte un violador en potencia. Esto no significa que le gustes, por cierto, significa que no te considera peligroso.

Normalmente, si llego a este punto tengo tal combinación de euforia y nerviosismo desatado que parece que me acaban de meter un avispero por el recto, y encima lo disfruto.

El resto, si interesa, para el próximo día.

PD: aunque os importe poco, me siento obligado a dar explicaciones por mi reiterada ausencia y vagancia. Entended que despedirse de la gente con la que has compartido cinco meses tu vida, dar un abrazo a los que pillas a la vuelta, y recuperarse de unas inundaciones que aún hoy me tienen sin Internet, coche, agua caliente y teléfono - en orden de importancia – es duro. Ustedes me perdonen el desplante.