martes, 10 de junio de 2008

De verdad que no entiendo, el antiguo testamento.

El otro día, escribiendo la primera parte de la aún inacabada Historia del ligue, recordé varios personajes bíblicos que nunca acabé de comprender. Hombres ilustres que vivieron situaciones absurdas, y que en vez de pararse a pensar y a hacer las cosas bien, se dedicaron a tomar el camino difícil, con lo que se organizó un pitote que aún dura. De lo malo malo, dirían algunos, quedó un libro la mar de entretenido. Si eres muy creyente, por cierto, yo que tu pararía de leer.

Y un, dos, un dos tres…

De verdad que no entiendo, el antiguo testamento.

Todo comenzó con Abraham. Para los que no le conozcáis, Abraham era un señor con pinta de abuelete que quería mucho a Dios. Como al parecer Dios es un poco celosón, le pidió que se cargara a su hijo al viejo método de daga allá por donde se ata la corbata, y Abraham, que chocheaba un poco, lo cogió y fue a darle matarile. En el último momento bajó un ángel (dios pide mucho, pero a la hora de la verdad suele ser un poco vago para eso de andar yendo y viniendo) y le paró los pies. Luego mataron un cordero que casualmente estaba a mano para no dejar a nadie con las ganas.

Y digo yo, vamos a ver… ¿a nadie le suena raro eso de que Dios ande exigiendo pruebas de sangre y amor eterno? Pero señores, que es Dios. El que le hablas mentalmente, y te escucha, a ti y a 6000 millones más. El que sabe si te tocas a las dos de la mañana cuando el insomnio aprieta. ¡Que lo sabe todo! ¿A qué viene torturar a un pobre viejales para averiguar algo que ya sabe? ¿Y Abraham por qué no le dijo que mirara en su corazón, así en plan actriz de vodevil, y se dejara de historias? Pues no, total, cogió a su sanote hijo de unos veinte años (recordemos que Abraham estaba un poco pocho ya) y fue a rajarle por la gracia de dios, sin que haya constancia de que Isaac (el hijo) se resistiera siquiera.

Y es que, por lo que se ve, tampoco parece que el chaval tuviera muchas luces. No se vosotros, pero si a mi me viniera mi padre con un cuchillo en la mano diciendo que ha hablado con Dios y que me tiene que extirpar las amígdalas sin anestesia, como poco tendría un par de cosas que objetar. Al fin y al cabo, a mi me parece muy bien que se pruebe la fe de mi padre, pero no veo que tiene que ver eso con mi cuello. Si quieren que sacrifique algo muy preciado, que se corte el pito, que al parecer le tenía cariño, teniendo en cuenta lo que lo usó después del episodio. Y eso que no hubo tiempo de preguntarle al cordero que pasaba por allí que opinaba de todo el asunto.

Después de esta movida, al parecer Abraham vivió otros chorrecientos años con grandes suministros de viagra, porque tuvo doce hijos como recompensa por su fe inquebrantable. Dios no le dio ninguna hija, ya que consideró que el viejo había tenido bastantes disgustos como para encima discutir sobre con quien salía la niña o las minifaldas que llevaba. Pero bueno, que de la camada acabó surgiendo el pueblo hebreo, que según cuentas las crónicas, creció, se multiplicó, y como tenia toda la pinta siendo un pueblo surgido de matrimonios entre primos, acabó peor que mal, esclavo de los egipcios.

Los egipcios, por aquel entonces, se dedicaban a la construcción de macro-parkings piramidales, por aquello de la superpoblación de camellos, que cada familia tenía tres o cuatro y no había quien aparcara, y habían decidido usar a los hebreos de mano de obra barata. El tema es que al parecer Dios tenía cosas mejores que hacer que andar vigilando lo que pasaba por ahí, pero de repente cayó en que andaba todo un poco chungo, así que se le apareció a Moisés, nuestro segundo gran personaje. Moisés había tenido una vida agitada: se había librado de una masacre mientras hacía la bajada del Nilo en cesto, y luego había renunciado a ser príncipe y se había hecho pastor, que eso es vocación y lo demás son chorradas. Pero bueno, parece ser que Moisés y Dios tuvieron una charla. Se decidió que, en vez de echar a los egipcios, que al fin y al cabo eran los malos de la historia y los que adoraban a dioses con cabeza de chacal en vez de a zarzas parlantes (hay que ser capullo y crédulo), pues mejor que se fueran los hebreos a dar un garbeo por el desierto. Y luego, ya veríamos.

Total, que para convencer al faraón, dios le dio a Moisés un palo. Sisi. Un palo. Vale que era un palo grande, pero… ¿un palo? Que digo yo… tienes que liberar a tu pueblo, ¿y te dan un palo? Yo creo que Moisés se conformaba con poco, la verdad. Si yo tuviera que liberar hoy día a un pueblo, pediría un ejército de arcángeles con sus espadas llameantes, que las traen de serie ya, y todo se habría solucionado mucho más rápido. Porque claro, Moisés se plantó delante del faraón con su palo, y el faraón se descojonó de él cosa mala.

Pero ay, el palo era mágico, y Moisés empezó a hacer de las suyas. Lo malo es que no se leyó el FAQ (en su descargo hay que decir que nadie lo hace), y aunque al parecer agitó el palo para cargarse al faraón, lo que pasó fue que empezó a llenarse todo de ranas, y la cosa quedó muy poco impresionante. Como era un tío persistente siguió agitando el palito a ver si acababa de pillarle el truco, y entonces salieron las langostas. Al faraón eso ya no le hizo tanta gracia porque se comieron los sembrados, pero el tema es que cuando tienes 100.000 esclavos que alimentar, siempre puedes quitarles a ellos la ración, así que tampoco se arregló gran cosa. Pero vamos, que Moisés andaba embalado, y no se sabe si a propósito o por accidente, transformó el río Nilo en sangre, y eso ya empezó a acojonar más. El problema es que, como las langostas se habían cargado la cosecha, no había nada que regar, así que el faraón decidió mantener la apuesta aún cuando estaba claro que la cosa iba a acabar peor que las actuaciones de España en Eurovisión. Matar a Moisés al parecer no se le ocurrió, o igual sí pero no le pareció moralmente aceptable, que una cosa es esclavizar pueblos elegidos y otra cargarse profetas que te andan llenando el reino de bichos.

Total, que Moisés ya encontró el manual de instrucciones del cayado, y le dijo al faraón que o se achantaba o se iba a cargar a los primogénitos de Egipto. Lo malo es que el faraón, que había oído la historia de Abraham, pensó que también era la coña de siempre, y a la mañana siguiente se encontró con todo el pastel, lío que aprovechó Moisés para pirarse con los 100.000 judíos sin que nadie se diera cuenta. Me gustaría ver a 100.001 personas saliendo de puntillas de Egipto, tuvo que ser un espectáculo, pero eso es otra historia.

Al final el faraón les persiguió, pero Moisés para esas alturas era sacerdote de nivel 22 con sabiduría 20, así que empezó a tirar conjuros de alto rango rollo columnas de fuego y mares que se abren, y el faraón acabó haciendo buceo allá por el mar rojo. Por capullo.

De todas formas, aunque la cosa acabó bien, digo yo que si Moisés hubiera empezado diciendo que se marchaba con el pueblo hebreo respaldado por una columna de fuego (o por Chuck Norris, que acojona todavía más) todo habría ido mucho más suave, pero a ver como rellenas tu 5000 paginas con una historia tan sosa.

Así que al final, después de liarla parda, al cayado se le acabaron las pilas y Moisés se encontró en mitad del desierto sin GPS, con lo que acabaron dando más vueltas que Ernesto de Hannover volviendo a casa después de una noche de farra. Al parecer a Dios se le había ido la olla otra vez, así que les tuvo cuarenta años dando tumbos hasta que se acordó de la liada de Egipto y bajó a charlar con Moisés a ver como iban las cosas. Por lo que se sabe, Moisés, que ya estaba más que mayor (recordemos que 40 años antes el tío no era un chaval precisamente) se quejó de que la gente andaba un poco descarriada, por lo que Dios le grabó en dos piedras los 10 mandamientos. Hay que tener mala baba para ponerle a Moisés, con lo cascado que estaba, a cargar con dos piedras mientras bajaba del monte Sinaí, en vez de escribírselos en un pergamino, pero cualquiera se pone a discutir con Dios a esas alturas. De mientras, los hebreos habían encontrado un montón de oro no se sabe dónde, así que habían decidido construir un becerro y adorarlo, cosa que al parecer a todo el mundo menos a mí y a Moisés le pareció lógico, porque nunca se ha oído a nadie más extrañarse del tema. Total, que Moisés se pilló un rebote bueno, que ya se sabe que los abuelos tienen muy mala leche, y partió las tablas en un acceso de furia, pero el final la cosa resulta que no era para tanto y tiraron para la tierra prometida.

Y se murió.

Sefiní.

Sí, voy a acabar aquí, que probablemente los pocos que hayan acabado de leer estén a punto de desertar. Pero que conste que aún me queda mucha Biblia. Si es que vaya pedazo de libro que os perdéis los que no os gusta leer.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Epa, pues a mi me ha molado la entrada, a ver si te pones otro dia a seguir con la Biblia!

Un saludo,
Rafa

Virginia dijo...

jajajaja tu tas mal de la chabeta...yo pensaba q tabas bromeando antes cuando me has dicho q estabas leyendo la biblia...A estau bien! ya me he echado unas risillas! xD

Anónimo dijo...

Carlillos, eres mi idolo!!!(since that night even more, you know!) pero estas chalao perdio ;)
(se te echa de menos, y sobre todo tus visitas matutinas para contarnos tus ultimas aventuras!)

Ruth dijo...

eeeee estas fatal no m creo q te hasyas leido todo eso de la biblia solo para hacer una entrada!!!!!! jo, a mi m mandaban leerla en el cole y no la tocaba ni para el examen... pero es cierto q no hya ni un fallo, y mira q he mirado bien eee jejeje

si, mi fotoló huele, pero es q no tngo tiempo, tanto estudiar... q no leer la biblia, como hacen otros, jajajaj q suerte poder estar aburrido hasta tal punto...

un besoo