martes, 22 de julio de 2008

Agradecimientos.

Hoy se cumple el importantísimo hecho histórico de que mi blog supera las 7293 visitas. Puede que a vosotros no os diga nada el número, pero os diré… que a mi tampoco. ¿Entonces? También podría decir que últimamente este tugurio alcanza la impresionante cifra de mil visitas mensuales sobraditas. Pero tampoco dice gran cosa. Por último, también podría quejarme de que con semejante aumento los comentarios han caído en picado. Pero no, hoy no he venido a quejarme.

Hoy ha llegado el momento de dar las gracias Simplemente me maravilla el hecho de que unas cuantas personas, algunas conocidas y otras desconocidas, se pasen por aquí con el ánimo de leer (¡¡¡LEER!!!) las tonterías que se me ocurren. A mí. Que vale, que como factoría de tonterías hay que reconocer que tengo cierto talento, más que nada porque mi desastrosa vida es una fuente inagotable de material. Pero también hay que reconocer que a mi expresión escrita le falta mucho para llegar a merecer tamaño torrente de fieles lectores, y que por cada columna medianamente salada que tengo me sale cada ladrillo que hay que tener estómago para digerirlo.

Por ello, este post es hoy para:

- Dani: porque no falla, llueva o nieve, haga frío o calor, sea martes al mediodía o resaca post-Fever, lee, comenta y en ocasiones pelotea con más o menos disimulo. Normalmente con menos, pero el peloteo, le pese a quien le pese, mola. Y por eso está el primero. Aprended.

- Goti: aunque últimamente me ha abandonado, en su día recomendó y re-recomendó el blog varias semanas en su fotoló sin que yo fuera consciente de tamaño elogio. Aún hoy flipo con aquello, y se me saltan lágrimas mentales de emoción (llorar de verdad no lloro, que soy un tío duro). No sé si me seguirá leyendo ella y la amiga que enganchó, pero nunca le daré las gracias lo suficiente. De hecho nunca se las he dado mucho, soy un gilipollas desagradecido. ¡¡¡GRACIAS!!!

- Vintage_Music, alias Romeo, porque aunque comenta poco, cuando comenta por iniciativa propia suele ser para criticar constructivamente, que siempre es de agradecer (no, no me creo que sea el puto amo así a tiempo completo). Pon un crítico en tu vida. Ahora no te vayas a emocionar, que tampoco tengo la autoestima para demasiados trotes ¿eh?

- La desconocida *NAI*, que publicitó (y de hecho el post ahí sigue) este tugurio en su espacio de MSN. Y las estadísticas hablan, la gente siguió el enlace, y aún hoy alguno llega. Ver que alguien que no conoces de nada te recomienda es probablemente el mejor piropo que uno puede llegar a recibir. Garantizado.

- GonzoTBA, autor de El Sentido De La Vida , que contiene columnas que deberían ser patrimonio de la humanidad. Siempre inspira, y le he robado unas pocas frases. Que coño, le he robado unas cuantas, aunque procuro poner la procedencia. Simplemente, el puto amo ™ (eso, por ejemplo, es suyo).

- Sarita, Sergio, peñita de Oulu (Wanfry, Jon, etc.), y demás gente que considera que, de algún modo u otro, mi blog merece un enlace en los suyos. Snif. No se qué decir.

- Todos los conocidos y desconocidos que se pasan y dejan su post. Cada post que leo es una nueva columna que me entran ganas de escribir. Ya que saco el tema, cada post que no escribís dios mata a un gatito. Por informaros, nada más.

- Y por fin, todos los conocidos y desconocidos que se pasan y no dejan su post. Al fin y al cabo, porque son los más, gracias a los que cuando acaba el mes y veo el contador de visitas me da un escalofrío. Que coño, también yo leo blogs y muchas veces no posteo. Son los que en el fondo mantienen esto abierto, porque yo, a diferencia de otra gente que escribe para ellos mismos y no le importa si le leen uno o quinientos (afortunados ellos), escribo para vosotros. Que si no me compraría un cuadernito rosa con candado dorado.


¡¡¡GRACIAS A TODOS!!!

miércoles, 16 de julio de 2008

Las entrevistas de trabajo (II)

...viene de Las entrevistas de trabajo ( I )



Dos minutos más tarde, se abrió la puerta y mi nueva amiga y probable futura esposa me recogió los tests y me dio otro. Tras interesarse por mis resultados, que los dos sabemos que le importaban bien poco, me lanzó una sonrisa insinuante y me dijo: para este tienes todo el tiempo que necesites. Yo la miré y le dije: cierra el despacho y pide comida que hasta mañana no salimos de aquí, cordera. Pues nada, lo único que hizo fue poner una sonrisa de circunstancias, dejarme el test y salir por patas. No puedo creer que no captara mi sutil insinuación, a ver si va a ser verdad eso que dicen de las rubias…

El tercer test consistía en una serie de oraciones, de las cuales había que elegir la que más creyeses que se adaptase a tí, siendo obligatorio elegir una. Los temas variaban entre elecciones como “me pone estrangular gatos” y “en caso de fracaso laboral mataría a todos mis compañeros”, a “soy trabajador y metódico” y “soy ordenado y productivo”. Supongo que un psicólogo sacará sesudas conclusiones de lo que yo puse, aunque pagaría por saber que connotaciones psicológicas tiene “pasapalabra”, que fue lo que escribí en unas cuantas, por aquello de que ser original también cuenta.

Como ya tenía todo finiquitado, avisé a mi rubia favorita para que el show pudiera continuar. Me percaté cuando entró de que la temperatura del cuarto había vuelto a subir otros diez grados, alcanzando así a ojo los cincuenta. Mientras yo me preguntaba qué extraña conexión calorífica existía entre nosotros y como hacía para mantener la compostura, ella me informó de que en breves vendría un importante directivo a acabar la entrevista. Mientras me contaba estas cosas, yo me di cuenta de que dada mi inexperiencia en trajes, llevaba una hora exprimiendo mi cerebro en una habitación cerrada sin aire acondicionado con la chaqueta puesta, la camisa abotonada hasta arriba y la corbata reduciéndome el riego sanguíneo al cerebro. Mientras mi futura mujer esperaba confirmación de que había entendido el mensaje, me deshice de la chaqueta y aflojé un poco el nudo de la corbata, bajando automáticamente la temperatura ambiental (o mía, puede ser) y reduciendo considerablemente la lujuria de la mirada de la estupenda, y su atractivo. Lo que hace la falta de riego, oiga.

Y por fin empezó la entrevista en serio. Tras esperar un par de minutos y ajustar mi temperatura corporal completamente, un venerable señor se personó en el despacho y se presentó como el jefe de algo que no recuerdo. Después de esto, sacó un portátil y empezó a contarme por qué su empresa era la mas guay del paraguay del mundo y parte del universo conocido, todos los increíbles sistemas y negocios que tenían en marcha, los miles de millones que facturaban al año, y lo feliz que podría ser allí. Lo estaba haciendo tan bien que casi le doy la mano y le digo que nos había impresionado y que estaba contratado, pero en el último momento recordé que el entrevistado era yo y le dejé seguir con su speech hasta que se cansó y pasamos a lo importante, osea, servidor.

La primera pregunta fue qué idiomas y tecnologías dominaba y cuáles habían sido mis últimos proyectos. Para que esto no parezca una enumeración de mis habilidades, diré que en total, echándole un poco de morro pero siempre con la verdad por delante, llegué a los 11 lenguajes de programación (incluyendo comandos de linux). Respecto a los proyectos, no mentí cuando le dije que entre mis conquistas se contaban un juego de estrategia, una mascota virtual, varias páginas y servidores Web, un gestor de vuelos online y una aplicación de gestión de inventario para móvil. La verdad es que con los desastres que hemos perpetrado en Deustwitz, por ahora me estaba quedando más que impresionante. Después de esto, el hombre me miró como hacía unos minutos me había parecido que me miraba mi desaparecida amiga rubia, e intentando mantener la calma me preguntó como andaba de inglés. Le comenté lo de mis veranos en Inglaterra, el First, las asignaturas en inglés cursadas en Deustwitz y mi apoteósico final de carrera en Finlandia, y el me comentó si estaba soltero y si le gustaban maduritos. O algo así, tampoco lo recuerdo exactamente porque mientras hablaba tecleaba a velocidades inimaginables en su portátil y me lanzaba miradas que habían pasado de insinuantes a claramente lujuriosas.

La siguiente pregunta fue si podía empezar a trabajar el miércoles.

Esto confieso que me trastocó un poco, porque tal y como le comenté, acababa de aceptar trabajo en una academia y aquello era algo más bien para largo, osea, septiembre. Mi venerable amigo se interesó en las asignaturas que imparto, y cuando le dije que daba C y C++, se arrodilló y me propuso matrimonio, pero me mantuve en mis trece y le dejé claro que antes de septiembre no teníamos futuros juntos.

Como todo buen hombre, insistente, me comentó que si empezaba ahora de becario y con mis cualidades, en septiembre sería programador junior, en enero a programador, el año siguiente programador senior, en otro analista (con esclavos), en otro jefe de equipo (con más esclavos), y después quien sabe si con mis conocimientos, encanto y atractivo podría acceder a un puesto directivo. Yo a mi vez desconectando de nuevo, me preguntaba, en este orden, qué significaban todos aquellos cargos, qué clase de sustancia estupefaciente había consumido, cuanta gente haría falta para reducirle, y la talla de camisa de fuerza le iría bien. Por desgracia, no pude llamar a seguridad ya que estaba bien vigilado, y me tuve que contentar con que lo pensaría, y que si me podía llamar en un par de días.

No sé por qué, pero o yo soy muy bueno o en el mercado laboral hay una cierta demanda de informáticos. Y tan, tan, tan bueno no soy...

martes, 15 de julio de 2008

Las entrevistas de trabajo.

El mundo de las entrevistas de trabajo es fascinante. Yo lo sabía, aunque hasta hace unos días no tenía pruebas. Pero después del shock, una vez ordenados mis pensamientos, os traigo en primicia mi primera entrevista de trabajo seria. Si ya me conocéis, os podéis imaginar la que se avecina. Si no, preparaos para un mundo de horrores sin límite.

Y un, dos, un dos tres…

De verdad que no entiendo…

LAS ENTREVISTAS DE TRABAJO

Lo primero que hay que saber de una entrevista de trabajo es que hay que ir de traje, cosa que me resulta incomprensible. Si en un segundo el entrevistador va a saber que si fuera yo quien me vistiera en mi funeral, iría en vaqueros, ¿por qué tengo que intentar engañarle poniéndome de tiros largos? Para eso prefiero ir vestido de Chuck Norris y que se piense que si no me da el puesto le endiño una patada giratoria. Por desgracia, en el mundo de los negocios Chuck no tiene tanto “gancho”. ( Ak ak ak ak, I told a joke. ).

Para el que nunca se lo haya puesto, el traje es una herramienta de tortura que consiste en una chaqueta que da un calor horrible, una camisa abotonada hasta el cuello para conservarlo sin que se disipe, y una corbata a modo de nudo corredizo por si lo de morir deshidratado y cocido nos parece demasiado lento. Dicen que el diseño original incluía un revolver, pero era demasiado aparatoso, así que lo cambiaron por la soga, que permite suicidios más discretos a la par que elegantes.

Lo segundo que al parecer hace falta en una entrevista de trabajo es ser tú mismo. No se si será verdad, pero dado que yo soy un desastre andante y que aunque me lo propusiera no conseguiría camuflar mi verdadera personalidad ni a patadas, ni lo intento. En las entrevistas, por ahora y hasta que el pan de mis hijos dependa de ello, soy yo con todas las consecuencias.

Total, que el día D me levanté dos horas antes de lo estrictamente necesario, y después de un apurado afeitado y de embutirme en mi nueva indumentaria, partí hacia mi primer intento de conseguir un trabajo honrado. El viaje en el metro se me hizo corto gracias a las 10,000 frigorías a las que Metro Bilbao transporta a sus pasajeros y el mamotreto de Ken Follet que llevaba conmigo. Tras tres vueltas a la manzana a pesar de mi detallado mapa y dos llamadas a Lidia porque no podía encontrar el chiringuito, llegué a mi destino a una hora más que razonable para empezar el show, que abrió una señorita de muy buen ver, como suele pasar con los shows de prestigio. Me indicó que me sentara, y en vez de empezar a hacerme preguntas en las que le contaría mi vida y milagros, lo cual llevaría a enamorarnos perdidamente y a mí a salir de allí con trabajo y novia, va y me planta un test psicotécnico delante y me dice que tengo siete minutos y medio. Y se va, sin un beso de tornillo de despedida ni nada. Luego la tía se quejará de que es que intimida y no liga, hay que joderse.

Como no queda elegante leer novelas en las entrevistas de trabajo, por aquello de la dejadez, me puse a hacer el test para pasar los siete minutos largos. Consistía en unas series de cajita + bolita/s + triángulo/s en diferentes secuencias diabólicas cuyo final tenía que deducir o inventar, no lo tengo muy claro. Tras siete minutos y medio y una sudada de tres litros gracias a la tensión y a la falta de aire acondicionado, conseguí acabar casi todas las series, siendo mi nivel de acierto un misterio que me imagino quedará como uno de tantos en mi vida. Mi cerebro, después de cinco meses de Erasmus, había acogido el trabajo mental con agrado y estaba a mil por hora, justo a tiempo para que la rubia estupenda me recogiera la hoja y me echara una mirada de arriba abajo que no pude sino identificar como clara lujuria. Si es que estoy que rompo cuando me pongo elegante y pienso, debería hacerlo más a menudo.

Por desgracia, la mujer era tímida y en vez de tirárseme al cuello lo que me tiró fue un segundo test, este de lógica de predicados, creo que se llaman. Aunque la temperatura ambiente había subido unos diez grados con nuestra química, yo ya estaba en racha y acabé la hojita incluso antes del tiempo establecido (seis minutos). Como me sobraban dos, y la rubia había dejado el psicotécnico en la mesa, me planteé acabarlo de strangis y maravillarles a todos con mi supuesto cerebro superdotado. Luego me planteé lo que pasaría si pensasen que:

a) Soy un ser sin moral.

O peor:

b) Cuando acabo el trabajo empiezo otro de la misma, sin siquiera descansar.

¡¡¡O infinitamente peor!!!:

c) Soy un ser de inteligencia superior y conviene ponerme en todos los proyectos extremadamente difíciles e importantes de cuyo fallo dependan vidas humanas.

Como es obvio, me dediqué a arreglarme el nudo de la corbata en espera de que apareciese Ms. Blonde y me confesara sus bajos instintos.

.. (sigue)


Mañana, la segunda parte, para no agobiar