jueves, 25 de septiembre de 2008

La ropa "decente"

Como párrafo de introducción, léase el margen del blog (eso no, eso es el contador de visitas, cazurro. Debajo!!)


De verdad que no entiendo...


LA ROPA "DECENTE"


Tras 24 años de instrucción, al fin lo he conseguido. Mi período de aprendizaje, primero en Askartzatraz y más tarde en Deustwitz, ha terminado. Se acerca el momento de entrar en combate real pero, como siempre, la cosa no es tan emocionante como la pintan. Mientras que en los duros campos de trabajo donde me entrenaron se primaba la comodidad y el arte del escaqueo, el alto mando casero, después de revisar mis escasas pertenencias, ha llegado a la conclusión de que necesito un equipo de combate más acorde con mi nuevo status. Misión numbergüan como ingeniero: adquirir ropa “decente”. Si James Bond va siempre de etiqueta, yo no voy a ser menos.

El primer paso para llevar a cabo con éxito una misión es elegir un equipo que supla las carencias del líder. Dado que servidor aún confunde pana con punto y combina con impunidad azul marino con negro, se hacía completamente necesario un miembro femenino en el escuadrón, capaz de asesorarme en las decisiones estéticas. Por suerte, para las misiones de despilfarro de recursos monetarios en grandes superficies cuento con un soldado de inestimable valor que recluté de inmediato: mi hermana.

Los parámetros de la misión estaban claros: un par de camisas o polos, un par de pantalones, y unos zapatos, todo decente. Como checkpoint adicional incluimos una chaqueta o sucedáneo para tener el pack completo.

Tras plantarnos en el campo de batalla (la tienda), y siguiendo las enseñanzas de mis años de instrucción, elegimos cuidadosamente nuestro primer objetivo: pantalones, mismamente.

Aunque vosotros, pobres cadetes inexpertos, nunca os hayáis visto en misiones tan peligrosas como esta, debéis saber que el mundo de los pantalones decentes está plagado de peligros. Mientras que unos pantalones normales deben ser capaces de contenerte y mantenerse a una altura superior a las rodillas, sus equivalentes decentes deben cumplir multitud de características. Por una parte, el tejido es primordial. No queremos que durante las misiones se nos llenen de bolas mientras degollamos coreanos o hacemos una clase en Java, porque podríamos ser el hazmerreír del comando. Además, los pantalones “D” deben caer exactamente a una altura determinada sólo medible con un zapato de campaña reglamentario, a diferencia de los pantalones normales que pueden ser nivelados al milímetro por el tradicional método de fricción con el campo de batalla. Por último, los pantalones “D” tiene partes exóticas que sólo expertos en la materia son capaces de identificar. Por lo que se ve, y dado que soy un soldado con poca cintura (pero un culo de vicio, que conste), lo más indicado para mí son unos pantalones con pinzas que, tras ardua búsqueda por el perímetro, no encontramos porque no están de moda. Hubo que conformarse, pero al menos el dependiente tuvo la amabilidad de llenarlos de alfileres. No es lo mismo, pero seguro que les encontraré utilidad a la hora de sonsacar información al enemigo.

Con dos pantalones entre nuestras posesiones, pasamos al punto dos de la misión. Por desgracia, dado que tengo el resto del cuerpo a juego con mi cintura, encontrar una camisa que me sentara bien no iba a ser tarea fácil. A pesar de que la moda masculina ahora desprecia a todos aquellos que pueden atravesar puertas sin problemas, encontré en un montón de desechos una camisa “Slim Fit” perfecta para misiones de infiltración. En contra de lo que se pueda pensar por dónde la encontré, el enemigo me la cobró como si fuera un chaleco kevlar reforzado de Emilio Tucci. El mundo es más peligroso de lo que me enseñaron en las maniobras de instrucción.

Al final, la misión acabó fallando por el tema de los zapatos, que quedó en empate técnico al no ponernos de acuerdo los miembros del comando en el grado de “decencia” necesario en las nuevas misiones que se avecinan. El checkpoint adicional de la chaqueta fue descartado ipso facto por hastío general del equipo asesor, en el que se detectaron indicios de insubordinación como “mira que eres rarito”, “contigo es imposible ir de compras” o “hay que joderse, dos horas para dos pantalones y una camisa”. Planeo tener en cuenta dicha falta de profesionalidad a la hora de reclutar personal para futuras misiones.

3 comentarios:

Ruth dijo...

XD hay q joderse con el mundo de la ropa decente... no sabía que se necesitaban tantos conocimientos para ir de traje!!

hazte experto y dentro de un año te pediré consejo ^^

un besoo

Tamasan dijo...

Supongo que una de las pocas cosas buenas de mi trabajo es que puedo venir como me de la gana. Y no sabes lo feliz que soy en verano en pantalón corto y txanklas y en invierno con un polar que me aisle del frío bilbaino.

Anónimo dijo...

Frases como : “mira que eres rarito”

Es imposible no decirlas cuando se va contigo de compras.


Ruth. (pero la buena)