domingo, 15 de febrero de 2009

Aquellos años, pasados...

Cómo pasa el tiempo. Mis primos pequeños ya no son tan pequeños. Mis tíos ya no son aquellos que me echaban de su cuarto los domingos a las nueve, cuando mi hermana y yo les amargábamos la resaca. Y yo ya no tengo edad de ir a la piscina y colgarme de ellos como una garrapata, ni de pasarme la tarde buscando grillos, ni de subir al columpio del elefante (probablemente ya ni exista) a beberme un nestea o tomarme un helado.

Tengo casi veinticuatro años, que se dice pronto. Es una edad cojonuda, y no la cambiaría por ninguna otra, ya que yo no tengo la suerte de recordar mi infancia (y mucho menos la adolescencia) como un camino de rosas. El colegio era una fauna implacable, yo era un poco raro, bajito y nulo jugando al futbol, la mitad del verano me lo pasaba en Inglaterra perfeccionando mi nivel de inglés (léase “La gran cagada”), y me gustaba leer. Pero para qué engañarnos, toda etapa de la vida tiene grandes placeres. Todos hemos tenido que renunciar a casi todos, y lo que es peor, algunos que no catamos ya quedan lejos de nuestras posibilidades. ¿O no?
Yo quiero seguir, o volver a…

- Cazar un grillo metiendo un palito por su madriguera. Meterlo en una botella de agua junto con saltamontes, libélulas, y a ser posible una avispa (siempre me gustaron las emociones fuertes).

- Pegar patadas al asiento de la gorda de delante en el autobús si considero que se lo merece, cosa que ocurría y ocurre casi siempre.

- Pasarme otra vez el “El Rey León” y el “Secret of Evermore”. O mejor, jugar por fin al Final Fantasy VII.

- Tocar a los timbres y salir corriendo.

- Agarrarme a alguien a lo lapa en la piscina. Tendré que echarme una novia de 1’90 y 90 Kg., no importa.

- Jugar en el barro, a tazos, y a Magic.

- Salir de noche “a explorar”, a ser posible un sitio prohibido y/o abandonado. No preocuparme por las consecuencias legales de mis actos.

- Enamorarme porque sí en los cinco primeros segundos de contacto visual. Que me la pele que yo no le guste o no tengamos nada en común. No buscarle cinco pies al gato (señores, tres ya tiene, corrijamos el refranero popular).

- Ver crecer una alubia.

- Hacer trucos de “magia”. Sorprender a alguien con ellos.

- Hacer Gamberradas, con mayúscula, premeditación, y alevosía. Comprobar que mantengo mi talento de pequeño y retorcido hijo de puta.

- Tener miedo al muñeco diabólico, a Freddy Kruger, a los chicos del maíz, al loco que te lame la mano después de matar a tu perro, y en general a todos los pintorescos fantoches de mi niñez. No tenerlo en cambio al fracaso, al rechazo, a que la vida me lleve por donde no quiero, a la soledad y a la cobardía (si, miedo al miedo, a mi es que me gusta rizar el rizo).

- No tener pasado, y no pensar en el futuro.

Quedan más, por supuesto, pero estas son las que me vienen a la mente ahora, por lo que también creo que son las más importantes. Como sé que yo era un niño rarito os animo a que hagáis vuestra propia lista para sentiros identificados.
Habrá quien diga que soy un inmaduro por echar estas cosas de menos de vez en cuando, y más por querer volver a experimentar algunas de ellas. Habrá quien se considere por encima de sus actividades de la niñez por trabajar, echar un polvo y/o volver a casa con un pedal inmundo a las seis de la mañana del sábado. Hay gente que se cree muy madura, y le encanta. No seré yo quien les quite la ilusión.

Yo sigo conservando la mía.

6 comentarios:

lirinem dijo...

ups q verguencilla, me he puesto roja!!! y es q...
"Pegar patadas al asiento de la gorda de delante en el autobús si considero que se lo merece, cosa que ocurría y ocurre casi siempre"
es justo lo q hice ayer despues de q la gorda de delante echara su asiento hacia atras en el bus y me dejara sin aire durante las siguientes 5 horas, alegando a una falsa dolencia de la espalda y a su "imperiosa NECESIDAD de tumbarse para dormir"

patadas no pero pataditas si q se llevo si

asi q son cosas q ya no se hacen?? jo, pues vaya


q ha pasado con el viernes??? jajaj a q esperas para ponerla???

q bien me lo pase, gracias ^^

muaaa

lux dijo...

Puro ataque de melancolía....

Anónimo dijo...

Todos conservamos el niño que llevamos dentro, sino que triste

nanusKilla dijo...

pues yo me he sentido identificada en muuuuuuuuuuuuuuuuuchas!!! menos en las de los bichos que asco! :S jajajajaaja
Un besoteeee
AnA

Raúl dijo...

Una gran descripción de la infancia. me he sentido muy identificado con muchas cosas de las que cuentas. A mi me entra esa melancolia cuando escucho la canción de Peter Pan, del canto del loco, escúchala y saca al niño que llevas dentro. Un saludo!

Ender Wiggins dijo...

Final Fantasy VII; pedazo de juego... y el secret of evermore no te cuento.

Dos juegos que consiguieron lo que la mayoría no logra; que los acabe.

Además, en el FF VII me encabezoné con resucitar a Aeris (que es algo que se parece a una leyenda urbana; todo el mundo dice "pues un amigo mio dice que él lo hizo...").. y al final lo hice, lo hice...

...
...
por el expeditivo método de editar la partida en hexadecimal y cambair el id de un personaje por el de aeris.

Conservo como oro en paño esa partida, con todos los personajes a nivel máximo. Para que alguien que haya jugado se haga una idea, entro en el boss final, tiro el primer ataque y me voy a preparar un café y cuando he vuelto, sephirot está criando malvas con más ostias encima que una misa en el vaticano. Sería capaz de machacar al "arma verde" sin escudos...cómo molo :-P

y ahora, la anécdota divertida y vergonzante.

Hay un parque de atracciones en el que puedes entrenar, luchando contra bichos, y te dan dinero, items, etc. en todos los casos siempre es lo mismo; aparecen unos bichos, los atizas y te dan algo. Pero hubo una vez que fue distinto.

yo iba todo ufano, con mi cloud con corte cuadruple (= 4 golpes en uno) y mi amuleto anti-todo. Aparecen tres bichitso en la arena e instantáneamente pulso el atacar en cuanto me toca el turno...
...y justo antes, uno de lso bichitos, desafiando cualquier ley estadística, me lanza un hechizo de confusión que ignora mi amuleto y me confunde.

¿resultado?

Zas-monstruo, zas-monstruo, zas-monstruo y ZAS-harakiri en toda la cabeza, y caigo muerto de una leche.

No me había reído tantoe n un juego NUNCA.