miércoles, 4 de febrero de 2009

El metro

Creo que la primera vez que fui consciente de que me había mudado a una ciudad grande – pero grande de verdad – fue cuando entré en el metro de Madrid. En otros aspectos la city era más o menos parecida a cualquier otro sitio, pero en grande. Sin embargo, pasar de las dos líneas de metro de Bilbao a las doce de Madrid sin contar metros ligeros, cercanías y demás inventos que aun no he descubierto, fue un shock. Y es que el plano de metro de Madrí parece el resultado de meter una granada en una caja de témperas.

Con semejante tamaño, el metro es como un pequeño ecosistema donde nuevas especies campan a sus anchas, en delicada armonía con el mundo de la superficie. Por supuesto, estas especies también existen en otros parajes, pero en ninguna parte como aquí se las ha permitido desarrollarse plenamente alcanzar su techo evolutivo. Y que luego digan que el zoo está en la Casa de Campo…


Una de las más entrañables es el capullo del periódico. Este pedazo de mamón, aprovechando que es hora punta y que el metro va más lleno que la plaza del Sol en nochevieja (nótese como actualizo mis metáforas) no tiene una idea mejor que sacar el periódico e intentar desplegarlo como si estuviese en el sofá de casa. Además, esta gente es increíblemente perseverante. ¿Que no puede tenerlo abierto a doble página? A una. ¿Qué el vagón parece una lata de anchoas? Lo dobla por la mitad. ¿Que le están triturando contra la puerta? Ni por esas: conseguirá ganar 20 cm de margen, agachar la cabeza, y poco a poco ir rotándolo como si fuera un rollo de papiro. Como hay dios que este señor hoy lee la prensa.

Como algunos ya sabéis, tengo un puntito extremista, que me llevaría a acercarle un mechero al periódico y ver la cara que se le queda mientras disfruta de su propio Apocalipsis de bolsillo. Lo malo es que siempre hay algún aguafiestas que dice que provocar incendios en aglomeraciones masivas de gente es peligroso, así que normalmente me tengo que conformar con desplazarle hasta la superficie sólida más cercana y luego empujar hasta que el periódico alcanza el tamaño de un sello. Y que luego digan que tener cara de no haber roto un plato no sirve para nada…


Otro grande del metro es la claustrofóbica de relojería. Esta viejecita (comprobado, 95% de las veces parece que fuera abuela de Fraga) viajará todo el trayecto pasando desapercibida, y de repente, cuando falte exactamente un minuto para que llegue su parada… su súbita claustrofobia le provocará una reacción psicótica que ríete tú de cuando Bruce Banner* se pilló un huevo con la bragueta. Esta hasta entonces amable ancianita tiene que salir de lo que, para ella, ha dejado de ser un vagón para convertirse en una tumba de ojalata con ruedas. Y no puede ser en un minuto, ni en medio, ni en 10 segundos. Tiene que ser YA. Empujar, aplastar, pisar, morder o apuñalar (no necesariamente en ese orden) son castigos que la abuelita-Hulk considerará perfectamente válido inflingir en su viaje a la libertad. Científicos de todas partes del mundo han estudiado este comportamiento sin llegar a ninguna conclusión que explique el fenómeno.


Estos dos son mis claros favoritos, sin ninguna duda, pero sería injusto dejar fuera a otros alegres especímenes, como al gorila de las barras, por ejemplo, impelido a colgarse del techo en vez de agarrarse de una barra lateral con el fin de ponerte el sobaco en la cara. O al oso amoroso, que por alguna razón necesita abrazar las barras con toda su humanidad, haciendo que el resto del pasaje tenga que colgarse del techo (proporcionando la excusa perfecta a los gorilas anteriormente descritos). O al niño tocapelotas del reguetón en el móvil, al borracho que decide convertirte en su nuevo mejor amigo volviendo de fiesta, al loco de la bicicleta en hora punta, al que no entendió el cartel de “Prohibido comer” y se trae hasta el campingas, al niño pegamocos en la barra… la lista es aterradora y demasiado larga para ponerla aquí. Sin embargo, estoy seguro de que vosotros habéis descubierto también nuevas especies en estos cambiantes ecosistemas, donde las personas se transforman e impera la ley del más fuerte.

¡¡Contadme!!


* Hulk, sí, Hulk... que poca culturulla general.


PD: aun así, el metro de Madrí da menos miedo que el tráfico.


PPD: aun con bloqueo creativo unido a la falta de tiempo que origina tener que hacer al comida, compra y lavadora, la gente poco a poco me cuenta en petit commite (se escribe así?) sus posts favoritos. Ya tengo material para hacer encuesta ^^

7 comentarios:

lirinem dijo...

gracias, mi paso por madrid ya no sera lo mismo nunca mas ¬¬ jajajjaa, ahora tendre q ir en metro en busca de especimenes!!

el del periodico tb esta en bilbo, tipico tipico, pero en madrí es mas exagerad fijoo!!

oye, donde esta la encuesta?? eh?? eh?? jajjaja

"una granada en una caja de témperas" (XD lo has bordado jajaj)

te ha faltado un especimen q hay por aqui y q fijo q alli tb: el señor q canta desafinando en busca de una limosnita, q como le mires la has cagado porque ya no se van hasta q les das pasta... es genial todo el mundo mira hacia abajo en busca de una excusa por no dar dinero!! la crisis...

un beso y la prox vez... tarda menos!!

muaaa

Anónimo dijo...

Me encanta leerte

Asbeel dijo...

Y a mi me encanta escribirte, Anónimo.

Hay que joderse lo bien que sientan esos comentarios ^^

Lux dijo...

GENIAAAAL!!!

No soy muy dada a leer blogs...normalmente me parece algo prepotente el colgar en la web lo que uno piensa, como si le importara tanto al resto de la humanidad. Pero, en este caso...supongo que sí debería importarle, porque tus textos son GENIALES!! :D
(y estoy absolutamente de acuerdo con tu lógica aplastante)

Asbeel dijo...

Lux, Anónimo, y por supuetso lirinem, dos meses llevo bloqueado y después de leer vuestros comentarios ya estoy deseando ponerme a escribir el siguiente post ^^

No hay palabras, pero al menos yo diré una.

GRACIAS :):):)

lirinem dijo...

a ti!!!!!

y escribe mas mas mass q nos encantas!!

muaa

Aidaenlandau dijo...

Te has olvidado de TRES fundamentales:
- el sudamericano que nunca ha montado en metro y que se queda bloqueando las salidas y/o las escaleras mecánicas. Cuando quieres salir le pedis paso y te señala la puerta y dice "la puerta está allí" pero él no se quita.
- en el ramal Ópera-ppe.Pío hay un hombre que reparte poesías (y luego te las cobra claro).
-el macarra-kinki que cree que lo más divertido es abrir la puerta entre los vagones mientras el metro está el marcha.

ays cómo se nota que llevas poco tiempo en Madriz jaja.