domingo, 22 de febrero de 2009

La Odisea (I)

Hay días que, en retrospectiva, parecen imposibles. Seguro que todos habéis tenido alguno así. Días de esos en que no sólo parece que todo sale mal, sino que encima sale mal de la forma más absurda e inverosímil posible. Os suenan, ¿verdad? Bien, pues mi vida es así. Siempre. Esto está bien, porque me permite tener una trepidante existencia llena de emociones, aparte de darme material para escribir un blog. Lo malo es que la gente a veces no me cree, se piensa que exagero, y me quejo demasiado.

Ja.

Mi vida es como una peli, y los que me conocen lo saben. La mitad es culpa mía, porque soy infinitamente despistado, pero la otra mitad la tiene Murphy, que hace que La Odisea de Homero parezca una comida campestre. Lo mío si que son odiseas, y encima nunca me encuentro a Helena de Troya por ninguna parte.

El viernes pasado tuve uno de esos días. Tuve que salir de Madrid Norte -pero muy, muy norte- para llegar a Madrid Sur -no tan sur, pero sur- a coger un autobús del que ya tenía el billete sacado. Como soy un hombre previsor, el plan era llegar a la estación una hora para llevar a cabo las gestiones con tiempo, dado que no me había llegado el mail de confirmación de compra del billete y ya me temía lo peor. Cuando digo gestiones digo ir a la taquilla, enseñar un numerito y que me den mi billete. Complicado. Por supuesto, el taquillero tenía otros planes, cuya explicación transcribo lo más exactamente que mi cerebro me permite.
“Nooo, nonono. Yo ehto no ze que éh. Sho nesecito la fecha, la hora a la que lo compahte, er DNI, er numero de la factura, tu talla de carzoncilloh, y una fotocopia der libro de familia”.
Evidentemente, yo no disponía de todos aquellos datos, pero como el hombre se parapetaba tras una mampara de cristal, tuve que recurrir al diálogo. Tras explicarle detenidamente lo que era un identificador y ser ignorado de nuevo, el campechano hombretón me comentó que tenía que comprar un billete ahora, y luego reclamar el mío en la oficina del piso de abajo. La cola crecía y no iba a poder romper el cristal y partirle las piernas, así que me decidí por la opción de apelar a los mandamases.

Total, que bajé al piso de abajo a buscar el “despacho”, que después de veinte minutos de inspección infructuosa identifiqué como una caseta de contrachapado que yo había tomado por los urinarios. Meditando qué tipo de compañía tiene a taquilleros en un edificio decente y tras blindaje, y en cambio mete a los jefes en un sucedáneo de retrete portátil, entré dispuesto a montar un cirio de proporciones bíblicas. Pues nada, ni ese gusto pensaban darme: al parecer, al jefe no le costó demasiado creer que sus empleados no supieran darme un billete comprado por Internet, y al final casi me organiza una rueda de reconocimiento para identificar al culpable y ponerlo en disposición de la polizei interna de la compañía.
Minipunto para el equipo de los profesionales.

Me gustaría contaros que a partir de aquí las seis horas de viaje fueron placenteras y relajadas, pero no sería yo, ¿verdad? Efectivamente, de todos los pasajeros, se tuvo que sentar delante de mí una señora con digamos un ligero problema de sobrepeso, para que nadie se ofenda. En caso de que lo políticamente correcto te la pele, diré que era tan gorda que al sentarse desplazó el asiento hacia atrás 20 cm más de lo que el mecanismo se supone que debe permitir. Así que el resto de la tarde me la pasé intentando convencer a una especie de manatí mutante de que a pesar de mi estilizada figura, yo también tengo derecho a la vida, lo cual incluye no morir aplastado por un respaldo. Las negociaciones resultaron infructuosas, pero por suerte uno ve películas de yanquis y sabe que cuando el negociador falla hay que llamar a los SWAT, cuya labor hicieron mis rodillas por motivos de presupuesto.


La próxima, si hay suerte, la vuelta. Que sí, fue peor.

3 comentarios:

lirinem dijo...

lo mejor, el jefe y su comentario :

"en este pais hay muchos inutiles, pero es q en mi compañia trabajan la mitad de ellos"

y sus notas aclaratorias en el billete XD es q no me lo podia creer...

la vuelta, aun me tienes en ascuas ¬¬ fue peor? (de verdad q no se como tienes tan mala suerte)

*sigo sin saber dnd cagas, en una mansion? XD*

Tamasan dijo...

Me acabo de leer tres entradas que hacía mucho que no pasaba por aquí...


Y me acabas de recordar,,, que hace menos de un año intenté sacar yo en Atocha un billete del AVE con la Gazte Txartela pero como no ponía carnet joven no quería darme más barato,,,


Total,,, que perdí el tren y tuve que esperar 3 horas más (y suma que cogí el bus Bilbo-Madrid antes)

lirinem dijo...

todavia la odisea 1?? q pasa con la segunda parte??

un besoo