miércoles, 20 de mayo de 2009

Malditos piratas

Las noticias son una fuente inagotable de sorpresas. Y esta vez, dejando aparte a las perversas adolescentes que venden su cuerpo y alma por una copa, la cosa es de traca, y no porque algunos periódicos hinchen la noticia. Y es que no hace falta, porque la cosa tiene tanta guasa de por sí que sería jodido un titular más sensacionalista. ¿De qué habla este tío?, os preguntaréis los que seguís leyendo. Yo me he repasado los periódicos de la semana, y no pone nada de fiestas salvajes y de adolescentes vendiendo sus cuerpos y almas. ¿Qué pasa?

Pues pasa, pequeños lectores desinformados, que Warner, Universal, Emi y SonyBGM (no sé si os sonarán algunas) han denunciado a un tal Pablo por crear un programa de intercambio de archivos. Y es que Pablo es, con perdón, malo que te cagas. No sólo tiene distrofia muscular (gran excusa para saltarse la gimnasia en el cole, algunos rojos sin escrúpulos empiezan desde pequeñitos), sino que encima, aprovechándose de esa coyuntura, empezó a cacharrear con ordenadores a la tierna edad de nueve años. Antes de empezar a pelársela siquiera, válgame dios. Y ya se sabe, los ordenadores los carga el diablo. A los veintidós, en vez de trincar una beca por discapacidad y dedicarse a vivir la vida, como haría cualquier ciudadano de bien, este traidor al sistema creó un programa para intercambiar archivos mediante pir tu pir (ni sé lo que es, ni quiero enterarme). Sabía lo que se hacía, el pequeño Satanás, cuando creó semejante bomba. Sabía de la maldad intrínseca del ser humano, y que la gente lo usaría para intercambiar archivos con copyright, pero le dio igual. Y para redondearlo, en una irrefutable prueba de sus oscuros intereses, Pablo no sólo creó esa monstruosidad sino que encima no la regala, sino que la vende. Ganando dinero con su trabajo, oye. Por todo el morro.

Desde aquí quiero hacer patente mi apoyo a los paladines defensores de la cultura que son las discográficas, productoras de cine, etc. Y a la SGAE, ya de paso, a la que otros rojos y enemigos de la cultura se dedican a calumniar últimamente por quedarse con el 10% de los beneficios de un concierto benéfico que por derecho sacrosanto le corresponden. No sólo apoyo a tan humildes organizaciones, que jamás se han lucrado mediante el trabajo de otros como el tal Pablo, sino que creo que deberían ir un paso más allá. Hay quien dice que no se debe culpar al desarrollador de una herramienta por el uso que terceros hagan de ella. Mentira, y ahí está la denuncia de estas sabias multinacionales para demostrarlo. El mundo está lleno de rojos listillos que actúan como si las leyes no fuesen con ellos, aprovechándose flagrantemente del sistema que nos alimenta y evita que caigamos en las garras del caos y la anarquía. El caso de Pablo es claro, pero hay otros más sutiles que debemos tener en consideración. He aquí algunos ejemplos.

Lo primero, las compañías telefónicas. Saben muy bien el sucio juego al que se dedican sus usuarios. ¿Qué es eso de ofertar tasas de descarga que permitan bajarse pelis y música a toda velocidad? Para ver páginas web, bajarse el correo, leer este blog y como mucho mirar alguna web guarrilla, con los 56 Kb/s de toda la vida el ciudadano de a pie va que chuta. Propongo una demanda que les deje las cosas bien claritas, contabilizando los millones que ha perdido el arte con sus bandas anchas, y haciéndolos directamente responsables. Así a ojo calculo que un usuario puede descargarse 3 o 4 deuvedés al día con un ADSL corrientita. A unos 60 euritos la película (y no me meto con las versiones extendidas ni los extras, ni con la entrada de cine y las palomitas, porque tengo buen día), me salen unos 200 euros por usuario y día. Tirando a la baja. Nada de quejarse, que me encabrono.

Después vienen los cedés, deuvedés, discos duros, pendrives, etc, etc.. Lo del canon fue un primer paso, pero no puede ni debe ser el único. Si ya ha quedado claro que Pablo es culpable lo que hagan los usuarios con su programa, está claro que los inventores, fabricantes y distribuidores de estos artefactos son tan culpables o más del uso que le dan los compradores. A 5 megas por canción, unos 5000 megas por deuvedé y tasando magnánimamente a eurete la unidad, me salen 1000 napos perdidos por deuvedé de música. Por ser un aviso, propongo que lo dejemos en 500. Para que quede claro que esto no es por la pasta, sino para que escarmienten.

Todos sabemos para qué se compra la gente ordenadores. ¿Quién necesita un ordenador hoy en día? Nadie. ¿Por qué tiene uno todo el mundo? Elemental. Como ya hemos dicho, para bajarse material con copyright y hundir el arte. Responsables indirectos del delito: ya no los fabricantes de cedés o deuvedés, sino de ordenadores en sí. Calculando que la vida media de un ordenador (A.K.A. artefacto del demonio) es de unos tres años y medio, con una estimación aproximada de cuatro pelis (una por finde) y un par de álbumes de música al mes (repito, estoy tirando MUY a la baja por ser un mero aviso). Me salen, así que calcule… 60 euros por peli, 20 euros por album, el año tiene doce meses, a tres años y medio… 4200 euros en pérdidas por ordenador. Casi nada.

Por ahora, lo dejaremos aquí, como escarmiento. Otro día entraremos en cuantos libros caben en un rollo de papel higiénico si apretamos bien la letra y aprovechamos las bondades de la doble hoja.

Nadie escapa a la ley. Que os quede clarito.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Maldita discriminación

El otro día leía en el 20 Minutos, conocido por su rigor informativo y por jamás utilizar titulares sensacionalistas, algo parecido a “Subastan chicas en una discoteca. ¡Y algunas eran menores!”. No puede ser, pensé. Cuatro meses en la capital del reino, y hasta la prensa se entera antes que yo de dónde están las fiestas como dios manda. ¿Qué hago mal? ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Cuándo conseguiré enterarme de estas cosas antes que los jubilados?
No me entendáis mal, no digo que me atraiga la idea de instaurar un mercado de estupendas (aunque todos los domingos voy al rastro, por si acaso). Pero si esta fiesta sale en el periódico, el mundo tiene que estar plagado de bacanales clandestinas llenas de sexo, drogas y alcohol que me estoy perdiendo, y eso no puede ser. Así que leí el reportaje con atención para introducirme en el mundo del vicio clandestino y semi-ilegal. Al final resulta que aquello era una inocente fiesta de discoteca para adolescentes, que la subasta de esclavas consistía en que tras pujar invitaban al ganador a una copa con la chica en cuestión para que tuviese la oportunidad de hablar cinco minutos con ella, y que ni siquiera era en Madrid.
Que decepción de depravación.

El caso es que hoy ha venido otro titular del pelo. ¡Oh, el vicio se ceba en nuestros jóvenes! Transcribo literalmente: “Otra fiesta sexista regala una copa a las chicas que vayan con falda de colegiala”. Machista, misógino y depravado a más no poder. De aquí a que adoremos a un becerro de oro, quedan dos días.
Porque claro, todo esto degrada a las mujeres. Las convierte en mero objeto de deseo, en productos que nosotros, varones sin escrúpulos y proclives a la violencia, trataremos como tal. Es, añaden, completamente discriminatorio y denigrante. Y oye, por qué no decirlo, ya que soy un tío moderno y liberal en pro de la igualdad, legalidad y fraternidad. Esto ya pasa de castaño oscuro. Como hombre, estoy indignado. Porque claro, hay que ponerse en su lugar. Imaginaos que esto pasase con los chicos. Caso uno: subasta del mal.

La cosa promete. O sea que, si lo he entendido bien, en vez de tener que acercarme YO a una chica con la consiguiente vergüenza y riesgo de que me decapite (no os riáis, pasa); en vez de tener que pagarle YO una copa a ella para demostrarle mi buena voluntad, el poco valor que le doy a lo material y lo dispuesto que estoy a regalar(se)lo; y en vez de pasar YO la vergüenza de estar hablando con alguien que a priori me gusta (y lo sabe) y sin embargo yo no tengo ni puta idea de si ella opina que soy aceptable ante sus divinos ojos o le doy nauseas, vamos a cambiar el sistema. Atentos al invento.
Me subo a una tarima, las mujeres del local pujan por mi cuerpo serrano –creo que esto está incluido en alguna de mis fantasías más perversas- y luego me invitan a una copa para que me la tome con la que gane. Si me gusta, dado que ha pujado por mi, considero que, como dicen los cerdos y malvados machistas, esta noche follo. Si no, tengo una copa gratis, y acabo de enterarme de quienes son todas las chicas del local que no sólo les gusto, sino que les gusto tanto o están tan borrachas que están dispuestas a pagar por mi.
Joder, me entran sudores fríos sólo de pensarlo. Iban a tener tantos tíos que subastar, que nos iban a tener que poner en packs de 6, como las cervezas. Y dudo que a nadie le importase realmente: tener que competir sólo con 5 tíos por una chica en una noche de fiesta sigue siendo un plan bastante decente.

Caso dos: por ponerme una prenda de ropa que presumiblemente me haga más atractivo al sexo opuesto, una discoteca me regala una copa.
Seamos sinceros señoras. Si los tíos supiéramos a ciencia cierta qué os pone igual de burras que a nosotros una minifalda de colegiala, lo llevaríamos hasta para sacar la basura. Lo llevaríamos de fiesta, de pijama y en todas las grandes ocasiones.
Puestos a buscar algo que os ponga, creo que lo más aproximado que hemos encontrado es el traje, y lo llevamos a bodas, bautizos, comuniones, y hasta en el funeral, sólo por estar guapos además de tiesos en el féretro. Yo lo tengo que llevar hasta al trabajo, por favor. Si eso no es denigrante, semi-prostituyente y feminista, imaginaos que a vosotras os obligaran a llevar falda de colegiala a la oficina. Eso sí que sería divertido e igualitario.
En fin, que me salgo del tema. Pongamos que, por llevar digamos una corbata, me regalan una copa en una discoteca. Sigamos imaginando y pongamos que la corbata hace que el 90% de las chicas que me miran estén deseando quitármela a mordiscos de forma más o menos evidente. Pues será que yo soy un hombre básico y primario, pero no acabo de ver el problema. ¿Soy objeto de deseo? Si. ¿Me regalan alcohol? La primera copa fija, y el resto más que posible. ¿Mola? Cantidad.
Será la falta de experiencia y mi mente subdesarrollada.

Conclusión. El mundo de la noche está lleno de ofertas discriminatorias y denigrantes… para los hombres. No sólo tenemos que pagar por entrar en muchos bares cuando ellas pasan gratis, sino que ahora las invitan a copas y organizan eventos orientados a facilitarles volvernos más locos aun, como si realmente hiciese falta. Mientras tanto, de nosotros se presupone que pagaremos lo que sea con tal de poder entrar en un garito donde haya mujeres y que lo único que nos interesa de una chica es la cantidad de carne que enseñe y lo rápido que podemos acceder a la que no enseña. Tan lamentable como exacto.

Probablemente el 90% de las mujeres que lean esto ya estén planteándose cómo conseguir mi dirección y cuanto tiempo podré soportar quemaduras de cigarrillos. Voy a por el 10% de indecisas.

Personalmente, no considero que el hecho llevar una minifalda de colegiala en sí mismo sea denigrante. De hecho, abogo por su implantación como prenda estandar para todas las ocasiones. Si aun así las mujeres siguen pensando que todo lo anterior es machista y humillante(están en su derecho), si no quieren que se las trate como objetos ni que se las vista con prendas que provocan combustiones espontáneas para que Iker Jiménez siga dando guerra en sus tertulias radiofónicas, la cosa está clara.
Que no vayan a esas fiestas.
Puede que me haya perdido la parte en que un comando albano-kosovar apuntó a la cabeza de esas tiernas adolescentes y las obligó a inscribirse a la subasta. Puede que el 20 minutos, en un lamentable error de periodismo, olvide comentar que en la otra fiesta a las que NO no se presentaran en minifalda se las aplicaría un correctivo en forma de latigazos y alfileres en los ojos. Aun así, sospecho que estaban llenas de tremendas. El hecho de que estar en un bar cuyo reclamo es estar lleno de chicas con al menos una copa entre pecho y espalda, y el tipo de clientela que atrae, no les debía preocupar mucho. Yo, personalmente, procuro no ir a esos sitios. A no ser que me vaya a quedar sólo, jamás (y recalco el jamás) pago por entrar a un bar al que, si hay que pagar por pasar, no se cobre también a mujeres. Y nunca, nunca, iré a una subasta de estupendas en celo.
No por su dignidad, que conste. La dignidad de la mujer, en esta sociedad libre, feminista y moderna, está más que protegida por los paladines del 20 Minutos y el resto de la prensa moderna.

La poca dignidad que queda, y que intento salvaguardar a toda costa, es la nuestra.